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Opinión

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Autogol al streaming

Jorge Bravo | En comunicación

El partido inaugural de México en el Mundial frustró a millones de usuarios. No por el resultado final sino porque la plataforma Vix falló. La imagen se congeló. La pregunta que queda en el aire es si la tecnología de streaming está preparada para transmitir en vivo el evento más visto del planeta.

Durante décadas, ver el Mundial fue gratis. La televisión abierta transmitía los partidos, cualquier persona con antena podía verlos y el fútbol era un bien público. Luego llegó la TV de paga. Las plataformas de cable y satélite compraron derechos exclusivos de transmisión y el fútbol migró tras un cobro mensual. Millones de hogares se suscribieron. El negocio creció.

Ahora el streaming ocupa el centro del tablero. Plataformas como Vix, Peacock, fuboTV o DAZN adquieren derechos de transmisión a precios que antes sólo las grandes televisoras podían pagar y prometen ver el fútbol en cualquier dispositivo y lugar, sin decoder ni antena parabólica.

Entender por qué falla el streaming exige entender cómo funciona. La transmisión en vivo de un partido de fútbol no es un archivo de video que se reproduce. Es una cadena de procesos que ocurren en tiempo real y en la cual cualquier eslabón roto interrumpe la imagen.

Todo comienza en el estadio. Decenas de cámaras capturan el partido. Esa señal se comprime, se codifica y viaja por fibra óptica o satélite hacia centros de producción. Los técnicos la procesan, añaden gráficos, repeticiones, publicidad, mejoran el audio y el video y la envían a los servidores de la plataforma de streaming.

Esos servidores (que en el caso de Vix operan sobre Amazon Web Services) distribuyen la señal hacia miles de puntos de presencia de México o del mundo. Desde los servidores el video llega al enrutador de tu casa, a tu teléfono o a tu televisor.

Ese recorrido toma entre tres y 30 segundos. En cada punto puede surgir un problema. Un pico de tráfico que satura los servidores. Un cuello de botella en la red de tu proveedor de Internet. Una configuración de caché insuficiente para absorber millones de peticiones simultáneas. O una mala estimación de la plataforma sobre cuánta gente se conectaría al mismo tiempo.

Cuando México juega en un Mundial, millones de personas se conectan exactamente en el mismo segundo. No de forma gradual. Todas a la vez. Eso se llama pico de demanda y es el escenario más estresante que existe en ingeniería de redes.

Vix señaló a AWS como responsable de las fallas. La explicación técnica tiene una lógica parcial. AWS provee la infraestructura de Nube sobre la cual opera Vix, pero la arquitectura de cómo se usa esa infraestructura, cuánta capacidad se reserva y cómo se gestiona la distribución del tráfico son decisiones que toma la plataforma, no el proveedor de Nube.

Dicho de otra forma: si una empresa renta un camión de carga pero no calcula bien cuánto peso va a transportar, el problema no es el camión. Es la planificación.

La responsabilidad, en la mayoría de los casos de falla en streaming, está distribuida. La Nube puede tener incidencias. Pero las decisiones de escalabilidad, pruebas de estrés previas al evento y arquitectura de distribución de contenido son atribuciones del operador del servicio.

La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) tiene herramientas limitadas en estos casos. Si un usuario pagó su suscripción y no pudo ver el partido, existe un incumplimiento de servicio. La Profeco puede investigar, mediar y sancionar. Sin embargo, su capacidad técnica para auditar la cadena de responsabilidades es prácticamente nula sin peritos especializados.

Lo que sí puede solicitar es que las plataformas publiquen compromisos explícitos de calidad de servicio (un acuerdo de nivel de servicio orientado al consumidor) y garantizar compensaciones cuando el servicio falle durante eventos de alta demanda. La regulación vigente no contempla las especificidades del streaming en vivo, un aspecto a tomar en cuenta si la distribución de contenidos sigue migrando hacia plataformas digitales.

El Mundial 2026 es el más grande de la historia. Son 104 partidos, 48 selecciones y 39 días de competencias. Representa 62% más encuentros que Qatar 2022, que tuvo 64. La presión para transmitir todos esos partidos, incluidos varios simultáneos en horarios coincidentes, es técnicamente inédita.

La decisión sobre qué partidos deben transmitirse en abierto y cuáles quedan detrás de una suscripción no sólo es económica. También es una cuestión de infraestructura porque la Nube y el procesamiento de datos cuestan.

La televisión abierta tiene décadas de experiencia gestionando picos de audiencia masivos. Su señal es broadcast puro: un transmisor irradia hacia millones de receptores sin que el número de espectadores afecte la calidad. El streaming funciona al revés. Cada usuario es una conexión individual que pesa sobre los servidores. A más usuarios simultáneos, mayor exigencia técnica, más infraestructura física y más capacidad de procesamiento de datos. Esa diferencia explica por qué la televisión abierta nunca falló durante un partido de México en el Mundial y por qué Vix sí falló en el primero que transmitió.

La industria tiene soluciones como las redes de distribución de contenido (CDN), el escalado automático en la Nube y los protocolos de baja latencia. El problema no es la tecnología, pero sí tiene un costo alto y exige una planificación rigurosa. Lo cierto es que al aficionado no le interesan los detalles técnicos. Sólo quiere disfrutar el partido.

El Mundial 2026 está demostrando que el streaming como sustituto de la TV tradicional es un proyecto todavía a prueba de errores. Las plataformas venden acceso antes de garantizar experiencia. El usuario, que paga una suscripción, se convierte en conejillo de Indias de una infraestructura digital que todo el tiempo se pone a prueba a sí misma.

Twitter: @beltmondi

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Presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi). Analista de medios y telecomunicaciones y académico de la UNAM. Estudia los medios de comunicación, las nuevas tecnologías, las telecomunicaciones, la comunicación política y el periodismo. Es autor del libro El presidencialismo mediático. Medios y poder durante el gobierno de Vicente Fox.

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