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Opinión

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Aspe, Ortiz, el crecimiento y la distribución

La modernización económica de los noventa logró estabilidad, pero ignoró redistribución, pobreza y desigualdad; hoy se requiere una política económica contextualizada que combine crecimiento, protección laboral, inversión y mayor igualdad.

Vidal Llerenas Morales | Columna Invitada

Los dos secretarios de Hacienda que dirigieron la dependencia durante los años noventa han reaparecido en la vida pública en los últimos meses, con colaboraciones en las revistas Nexos y Letras Libres (muy noventero todo). Se refieren a los problemas de crecimiento y baja inversión, temas endémicos de la economía nacional desde sus tiempos. Un asunto que me llama la atención es la poca capacidad autocrítica para reconocer que el ajuste económico y la reforma institucional que derivó de la misma debió de haber tenido medidas claras para reducir la pobreza y la desigualdad. Independientemente del debate de si la reforma económica requerirá de mayor participación del Estado para generar desarrollo tecnológico e infraestructura que nos diera ventajas endógenas en la apertura comercial, lo que es evidente es que modernización económica sin una ruta redistributiva no genera bienestar, tampoco estabilidad, ni crecimiento.

Por el contrario, Aspe llama al gasto social no productivo, y Ortiz reclama que el salario mínimo se incrementó sin que subiera la productividad, aunque antes bajó en términos reales a pesar de incrementos de la misma. Reducir la pobreza, gravar la renta de las empresas con mayores tasas efectivas, incrementar los salarios no fueron parte de la reforma. Se logró estabilidad, en efecto, con muy bajo crecimiento y efectos regresivos en la renta de las personas. Es verdad que la inflación funciona como un impuesto regresivo, pero también se requiere que los sistemas fiscales sean redistributivos después del impuesto y del gasto, por eso los programas sociales amplios y la necesidad de gravar más al capital. Los mercados laborales no requieren de flexibilidad, el capital se las arregla muy bien solo ante los otros factores de producción, es el trabajo el factor que requiere protecciones, como el salario mínimo, idea que funciona desde hace más de 100 años.

El problema de la visión de los noventas es que hoy vivimos en un mundo sin recetas y en donde existen consensos, pero ahora como un conjunto de ideas y conceptos de política económica que son aceptables, pero deben de entenderse y aplicarse en su contexto. Eso implica contextualizar lo que antes era un mantra en políticas como la monetaria, la fiscal y la comercial. Me parece que reducir las brechas de desigualdad, buscar la igualdad, tiene que ser un objetivo explícito de la política económica, desde el progresismo, pero también desde posiciones de centro derecha que pretenden estabilidad política y económica, de otra manera no son viables. Discutir entonces alternativas de crecimiento para un país en el que la desigualdad es legendaria, por lo que no se puede construir ni economías modernas, ni democracias si la ignoramos.

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York

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