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El apocalipsis puede esperar: los riesgos de la IA que tú puedes evitar
Nelly Acosta Vázquez | IA: Integrados y Apocalípticos
En días recientes, escuchamos advertencias casi apocalípticas de los peligros de la Inteligencia Artificial en voz de sus propios protagonistas: Dario Amodei (de Anthropic); Elon Musk, Sam Altman (de OpenAI); investigadores y exempleados de OpenAI (ChatGPT) y Anthropic, así como el mismo Bill Gates. Todos advierten desde problemas de seguridad hasta escenarios extremos como ciberataques masivos, ataques biológicos, guerras y armamento imparable, destrucción permanente del empleo, reemplazo del pensamiento cognitivo humano y aislamiento psicosocial, hasta falta de credibilidad en la vida, errores graves en suministros de servicios básicos (como agua, luz, etc.) y violación a derechos humanos, democracia y gobierno.
No voy a ahondar en ello. Antes de preocuparnos por esos escenarios, los usuarios "mortales" de la IA podemos atender el origen de algunos de esos peligros con un uso más consciente y responsable. Porque no todo está en manos de los creadores, las empresas y gobiernos: el rumbo de la IA lo marcamos también los usuarios.
¿Qué podemos hacer nosotros hoy, mientras siguen estos grandes debates de la IA? Propongo estas ideas, a las que seguramente podremos agregar más:
1. Privacidad
Aquí tenemos responsabilidad directa. ¿Qué información entregamos a una Inteligencia Artificial solo para divertirnos o ahorrarnos un poco de tiempo o esfuerzo?
La IA necesita datos, muchos datos. Y nosotros solemos regalárselos sin resistencia: correos electrónicos con datos sensibles para que los resuma, contratos para que los explique, fotografías para que las haga divertidas, documentos de trabajo para que los revise y hasta conversaciones personales para que nos ayude a responderlas.
Incluso, le contamos cosas que jamás publicaríamos en una red social o le contaríamos a un humano, bajo la creencia que "nadie" verá lo que le decimos a una IA.
Esto suena muy obvio pero sucede todos los días: le compartimos “eso” que no le daríamos a un extraño: contraseñas, número de tarjetas, cuentas bancarias, datos de identificación, expedientes médicos, secretos empresariales o familiares, contratos, datos de clientes o de terceros...
Considera esto: Técnicamente, todo lo que hablamos con una Inteligencia Artificial es procesado por servidores y por una empresa que opera el servicio, bajo determinadas políticas, condiciones y configuraciones de privacidad, y sobre todo, con intereses comerciales.
La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC) ha advertido que las empresas que ofrecen servicios de IA pueden recibir información sensible o confidencial de usuarios y clientes, y que existen incentivos comerciales para recopilar grandes cantidades de datos.
2. Datos biométricos
Sí, es tentador hacer y compartir tu foto de los años 80 o recrear tus vacaciones familiares con un video hecho con IA. Pero detrás de esos "retos inocentes" hay una pregunta que vale la pena hacerse: ¿qué control tenemos sobre los datos que le regalamos a la Inteligencia Artificial?
Porque podemos cambiar una contraseñas, pero tu cara, tu voz, tus huellas, tu iris... esos datos son irremplazables y desde que existe el internet y las redes sociales, se sustraen para todo tipo de ilícitos: desde ponerte en un meme ofensivo, hasta cometer fraudes en tu nombre, robos de identidad, trata de blancas...
No es paranoia (la IA dice que todo esto es exagerado, por supuesto). Desde hace años existen riesgos asociados al robo de identidad, la suplantación y el uso indebido de información personal en internet. Y las herramientas de IA añaden nuevas posibilidades para analizar, transformar o utilizar fotografías, voces y otros datos que permiten identificar a una persona.
No se trata de “jamás subas una foto a una IA o que no compartas nada”, sino de preguntarse para qué lo hacemos (y si es muy necesario) y a cambio de qué datos biométricos que podrían comprometernos.
El NIST (Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos) identifica entre los riesgos de privacidad relacionados con la IA generativa la exposición o inferencia de información personal y sensible, incluida información biométrica.
Considera esto: La IA no sólo puede saber lo que le dices, también puede inferir cosas que nunca le has dicho, porque a medida que la usamos, le estamos entregando un mapa digital muy detallado de nosotros mismos.
3. Datos de terceros
Si vamos a cuidar nuestra privacidad, este es un buen momento para empezar a cuidar la de otros. ¿Tienes un amigo que orgullosamente sube santo y seña de su bebé recién nacido o que habla pestes de su jefe, con fotos y todo tipo de pruebas?
Desde el inicio del internet, con los foros de opinión, los chats y las redes sociales, rompimos la barrera de entregar datos de otros sin responsabilidad, sobre todo de seres queridos o conocidos.
Fotos, correos, detalles personales o laborales, problemas, conversaciones... En busca de consejos y un espacio para desahogarnos, seguimos regalando información sin consentimiento de terceros.
Considera esto: Que puedas subir a una IA "lo que sea", no significa que tengas autorización para entregar, sin responsabilidad, los datos de otra persona.
Además de ser un tema ético y de cuidado de privacidad y datos biométricos, podría meterte en un problema: dependiendo de la información y de las circunstancias, el uso indebido de datos de terceros puede tener consecuencias legales, como ya ocurre con los correos electrónicos, las redes sociales y otros medios digitales.
4. Confianza, ¿máquinas vs. humanos?
¿Cuánto de nuestra vida estamos dispuestos a convertir en datos a cambio del consejo de un robot?
Esto es lo más peligroso para mí: cuando hablamos con una Inteligencia Artificial no estamos contactando con una persona, y eso, suena tan obvio, que muchos no lo consideran.
Porque ninguna IA o herramienta digital ofrece 100% confidencialidad absoluta. No me creas: pregúntale a tu IA favorita si comparte tus datos o lo que platican, y verás qué te contesta.
Esto me ha respondido a mí ChatGPT, en montones de intentos que he hecho para ver si cambia la respuesta: "No debes asumir que todo lo que compartes conmigo es completamente privado. Puedes tener una conversación que no sea pública y, aun así, eso no significa que la información tenga confidencialidad absoluta, como si estuvieras hablando con un abogado bajo secreto profesional o con una persona que jamás conserva lo que le cuentas. Privado no significa necesariamente confidencial. Y confidencial no significa que debamos entregar cualquier dato. ChatGPT tiene controles y protecciones de privacidad, pero lo que escribes aquí es información que estás proporcionando a OpenAI para operar el servicio, y su tratamiento depende de tu cuenta, configuración y del tipo de chat... Tus conversaciones pueden utilizarse para mejorar los modelos".
Y detrás de esto viene algo importante: dejar de confiar en humanos para confiar mejor en una IA (que no me va a contradecir, me responde de inmediato, me cuestiona sólo si quiero, se adapta a mí, simula empatía...) y con ello, limitar nuestras capacidades cognitivas para solucionar problemas de la vida, tomar decisiones de salud, de dinero, de negocios, de pareja, con el consejo de un algoritmo…
No se trata de dejar de pedirle consejos o ideas a una IA. Si no de ser selectivos en qué le confiamos y para qué.
Considera esto: Cuando hablas con una IA, hablas con una máquina. ¿Qué tanto poder le quieres dar en tu vida personal?
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No tengo idea si dentro de poco llegará el Terminator del futuro a acabar con la humanidad. En serio, no sé qué tan veraces son las advertencias o si sólo son cortina de humo y exageraciones. Lo que sí sé, es que no necesitamos esperar a que llegue el apocalipsis tecnológico para tomar acción.
Me encantaría predecir qué hará la IA dentro de diez años... Obviamente, no lo sé. Pero sí sé que puedo decidir cuánto poder le doy a una Inteligencia Artificial y cuánto espacio le doy en mi vida actual.
El apocalipsis puede esperar. Nuestra responsabilidad, no.