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Opinión

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La amenaza de El Niño

Gabriel Quadri de la Torre | Verde en serio

Se prevé un fuerte fenómeno de “El Niño” (El Niño Southern Oscillation – ENSO) hacia el último trimestre del año, de acuerdo a instituciones meteorológicas internacionales (WMO, NOAA). De hecho, se espera incluso que sea el de mayor intensidad en cien años. Así lo sugieren las altas temperaturas del agua observadas en el océano Pacífico oriental tropical, frente a las costas del Perú. El nombre de “El Niño” tiene su origen en el fervor religioso de los pescadores peruanos, que, recurrentemente en diciembre, en fechas más o menos cercanas a la Navidad, observaban el fenómeno a intervalos de entre dos y siete años y con una duración promedio de diez a doce meses. El mar se calentaba, llovía torrencialmente (en zonas desérticas), y la pesca disminuía de manera considerable. Lo que no sabían es que este fenómeno tenía grandes correlaciones y repercusiones climáticas en casi todo el planeta. Lo normal en el Pacífico oriental tropical es que los vientos alisios soplen continuamente de este a oeste (como consecuencia de la rotación de la Tierra), lo que empuja al agua de mar cálida superficial desde el Perú hasta Indonesia y norte de Australia, donde llueve copiosamente. Esto provoca que se generen surgencias de aguas marinas profundas y frías saturadas de nutrientes hacia la superficie, lo que permite una muy alta productividad biológica y entre las más ricas capturas pesqueras en el mundo. El agua fría inhibe ahí las precipitaciones y explica el carácter desértico extremo de las costas del Perú. Pero todo se invierte cuando ocurre “El Niño”. Entonces, los vientos alisios se debilitan o interrumpen y cesa el transporte de agua cálida hacia Asia, se inhiben las surgencias, y permanece el agua caliente frente al Perú y Chile. Casi todo el Pacífico oriental se calienta anormalmente, y se alteran las corrientes oceánicas y los sistemas de circulación atmosférica. A través de complejos vasos comunicantes meteorológicos, hay cambios drásticos en la presión atmosférica, se modifican los patrones de lluvia y se incrementan las temperaturas en buena parte del mundo. El cambio climático exacerba este proceso, al introducir un desbalance térmico que pre-calienta (valga la expresión) las aguas del Pacífico. Durante El Niño hay sequías en Centroamérica y centro y sur de México, cuenca Amazónica, Indonesia, Australia, Caribe, el Mediterráneo, la India y centro de África. Llueve intensamente en el oeste de Estados Unidos y noroeste de México, y en las costas del Perú y Chile. Lógicamente, se intensifican los huracanes en el Pacífico y disminuyen en el Atlántico (por el efecto de Cizalladura). Se agudizan los incendios forestales por las sequías, y aumenta la temperatura media redistribuyéndose el calor en el planeta. Se registran temperaturas récord globales, y ondas de calor más frecuentes, extensas y agudas, vinculadas a ondulaciones más pronunciadas en la Corriente de Chorro (o Jet Stream) que circunda al planeta de oeste a este en el hemisferio norte.

Para México las señales son bastante claras. Deben esperarse precipitaciones muy intensas en el noroeste, incluyendo Baja California y Baja California Sur, Sonora, Sinaloa, Nayarit, y posiblemente Jalisco. Las mayores temperaturas del mar en el océano Pacífico promoverán huracanes más intensos y tal vez más frecuentes, con una mayor exposición desde Baja California Sur, Nayarit y Sinaloa, hasta Michoacán y Guerrero (Acapulco podría ser nuevamente afectado). En el centro y sur del país es previsible una menor disponibilidad de agua, en particular, desde el sistema Cutzamala para la Ciudad de México, además de impactos a la agricultura de temporal en los estados más pobres del país (Guerrero, Oaxaca y Chiapas), así como menores caudales para la generación de energía en las presas hidroeléctricas del Grijalva. Igualmente, habría que anticipar incendios forestales de mayor alcance, trágicamente, en los bosques y selvas de los estados ya señalados, que, además de ser los más pobres son también los que albergan los mayores acervos de biodiversidad del país. (No se olvide que hay una no muy intrigante correlación entre pobreza y biodiversidad). La severidad de todos estos procesos, desde luego, será agudizada por el calentamiento global como tendencia de fondo. Las concentraciones de CO2 en la atmósfera del planeta llegan ya a 425 Partes por Millón (PPM), el registro más alto observado para los últimos 800,000 años. Consecuentemente, el aumento en la temperatura promedio del planeta ha rebasado el cabalístico umbral de los 1.5°C. Tal escenario debiera inducir una respuesta decidida y coherente de parte del gobierno federal, como política explícita de adaptación al cambio climático. Por desgracia esto no ocurrirá, dado el desmantelamiento del Fondo de Desastres Naturales y de las instituciones a cargo de la prevención y atención de desastres, así como de las capacidades de combate a incendios forestales, además del recorte drástico en los presupuestos de inversión en materia de infraestructura hidráulica de riego, control de inundaciones y abastecimiento de agua a las ciudades. El Niño amenaza y desafía. El gobierno ya lo sabe, no tendrá excusas.

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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