Buscar
Opinión

Lectura 7:00 min

Alerta: escritores mexicanos nominados a premios internacionales (y otros chismes)

Joven, sírvame que si su Nobel de literatura, que si su National Book Award, su Booker con todo, cilantro, cebolla y salsa, gracias.

OpiniónEl Economista

Como cada otoño, el mundillo literario está en ascuas por los premios literarios internacionales que se fallan a finales de año, en especial los de habla inglesa. (Para que no se diga que en esta columna somos muy agringados, incluyamos al Herralde de novela, que se entrega el 5 de noviembre. Ya sabemos que lo ganó el escritor argentino Pablo Maurette con su novela El contrabando ejemplar).

El que nos tiene en vilo: el Nobel de literatura.

Semanas antes de que se anuncie el autor ganador del Nobel, todo mundo se forma en la fila y hace sus apuestas, una versión de la Fat Bear Week pero para letrados. La plataforma predictiva Kalshi, que hace estadísticas, apuestas y probabilidades de todo, da como favorita a la escritora china Can Xue con un 29% de probabilidad de triunfo. En segundo lugar la acompaña el estadounidense Thomas Pynchon, el escritor más elusivo de este universo y el que sigue. Presente el morbo, ¿Pynchon saldrá de su escondite si gana?

Nos pusimos vanguardistas este año, ¿eh, academia sueca? Kalshi no suele equivocarse así que ya vimos a Xue en diciembre recibiendo la medalla.

Entre otros autores con menor probabilidad de triunfo según Kalshi están los siempre mencionados Margaret Atwood, Salman Rushdie y Haruki Murakami, que tienen legiones de lectores. Dicen que a los académicos suecos no les gustan las celebridades (aunque ya premiaron recientemente a Bob Dylan y Mario Vargas Llosa), pero los fans se enardecen con la posibilidad de ver a su ídolo premiado, una especie de validación intelectual, que se supone objetiva, del gusto.

Hay otra autora que no está en la lista de Kalshi pero sí entre las menciones pre-nobel de la prensa y los lectores: la mexicana Cristina Rivera Garza.

Rivera Garza ya se llevó el Pulitzer hace dos años gracias a la traducción al inglés de su memoria El invencible verano de Liliana (Random House), lo que la puso en el ojo internacional mainstream y, lo más importante, la acercó a muchos nuevos lectores. Cantidad de críticos y periodistas mexicanos comenzaron a admitirla en sus clubes secretos literarios como si fuera la nueva estrella ascendente a pesar de que lleva años siendo leída y traducida. Ser “amigo de” en nuestro medio literario es tan importante como conocer al cadenero del Bandasha circa 2001.

A mí no me gusta mucho la ficción de Rivera Garza—me parece cursi y rebuscada sin razón—pero qué importa: sin duda celebro que haya una autora mexicana colocada entre los escritores más importantes de su tiempo. El invencible verano de Liliana (que no es ficción sino periodismo en clave autobiográfica), por su arrastre y los temas que trajo a la palestra, es uno de los libros más trascendentes que se han publicado en México en décadas. Testimonio del feminicidio de su hermana Liliana, en su libro Cristina Rivera Garza dibuja de cuerpo entero el dolor de miles de madres, hijas, hermanas mutiladas emocionalmente por la muerte de una mujer amada a manos de la violencia machista en complicidad con las estructuras oficiales mexicanas (o del mundo, que el patriarcado tiene pasaporte global).

Les digo que es temporada de premios internacionales. Se viene la entrega de mi favorito: el estadounidense National Book Award. Siempre le hago caso, normalmente leo a sus ganadores. No me ha fallado, gracias al premio he descubierto autores que me han acompañado por años como Louise Erdrich o John Williams. Erdrich en especial suele aparecer repetidamente entre las nominaciones al premio (lo ganó en 2012 por su excelente novela The Round House). Este año está seleccionada por su libro de cuentos Python’s Kiss.

Con cierta sorpresa veo a la mexicana Valeria Luiselli en la longlist (la “lista larga”, antesala de la lista final de candidatos) del galardón por su novela Principio, medio, fin (disponible en español en el catálogo de Feltrinelli, el libro que inauguró la oferta en español de la editorial italiana).

Digo que me causa sorpresa porque a mí Luiselli no me parece una gran autora. Repetidamente es considerada una de las voces importantes de nuestro incipiente siglo, pero, ay, no me gusta nada. Abandoné a medias La historia de mis dientes (Sexto Piso) porque la vida es muy corta como para seguir leyendo libros que no me gustan. Aguanté un poco más Desierto sonoro (Sexto Piso) porque había chisme de su divorcio del escritor Álvaro Enrigue (más al respecto acá abajo). Horror. Me juré nunca volver a tocar la literatura de Luiselli ni con un palo.

Luiselli tiene varios méritos en su carrera literaria internacional y no debería dejarme patidifusa y cariacontecida que sea pretendiente al National Book Award, pero así es esto. No confíen en mí, que soy una muerta viviente. Como predico pero no practico, me dio curiosidad leer Principio, medio, fin. La novela sigue a madre e hija en una especie de purga espiritual después de un divorcio. “Purga espiritual”, no me hagan caso. Es algo más divertido, sin tanto azote: una madre escritora, una hija de doce años, el divorcio, un tour literario y un encuentro con la raíz: la abuela gloriosa de la protagonista, simbolizada por un mosaico antiguo que viaja en el equipaje de la familia de dos.

Como suele ser con Luiselli, la trama dibuja a la protagonista como calco de la propia autora, un estilo muy Paul Auster, digamos. El ritmo y el tono del libro son engañosamente sencillos, la prosa, menos pretenciosa que sus libros anteriores. Acabo de agarrar el libro y ya voy a terminarlo. Pues sí, me gusta mucho. ¿Será que lea más de Luiselli? No apuesten por ello, pero tengo ahora un nuevo respeto por su escritura. Ese discurrir de la trama como-que-no-quiere-la-cosa es de una escritora lograda.

Les digo que hay más chisme. La traducción al inglés de Ahora me rindo y eso es todo (la versión original, en Anagrama), última novela de Enrigue, también está en la longlist del National Book Award, pero en una categoría diferente a Luiselli: la de literatura traducida.

Ahora me rindo… es el otro lado de la moneda de Desierto sonoro de Luiselli: el marido que juega a los vaqueros en el desierto mientras su esposa sólo piensa en dejarlo. El matrimonio que colapsa, las almas creativas y atormentadas de los cónyuges. Sentido del humor snob. Autoparodia para evitar la pena. Vivir de la escritura hasta el último recurso: son gente que me parece insufrible, ¿eh? Aunque me leí completa Ahora me rindo y eso es todo, tampoco me gusta mucho Enrigue. Da la impresión de que Enrigue gusta más a la crítica anglosajona que a la de habla hispana, aunque es un escritor bien estimado por los lectores en su propia lengua.

¿Será que Luiselli y Enrigue acaben en la lista definitiva de candidatos al National Book Award (cada quien en su categoría, pues)? La shortlist del premio se publica el 6 de octubre. Stay tuned. Quiero más chisme. Ay, díganme la Paty Chapoy de El Economista.

Ya en una nota aparte hay que mencionar a otra autora mexicana también fue considerada para un premio internacional este fin de año. La mexico-estadounidense Chloe Aridjis (hija del poeta Homero Aridjis) estuvo en la lista preliminar del muy prestigioso Booker Award con su novela The Shadow of the Object, publicada originalmente en inglés. No llegó a la lista final, pero, bueno, ahí queda el testimonio.

Todavía no hay que destapar el Dom Perignon o la caguama banquetera, pero festejemos a los autores mexicanos que están en la conversación literaria internacional.

Últimas noticias

Noticias Recomendadas