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Opinión

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Trump da licencias para matar

El gran historiador David Fromkin escribió un libro titulado In the time of the americans. El eje central del texto versa sobre los creadores del orden mundial liderado por Estados Unidos, a partir de las ruinas de la Segunda Guerra Mundial, centrándose principalmente en Roosevelt, Truman, Marshall y MacArthur. Un futuro historiador que escriba sobre lo que acontece hoy podrá titular su libro: “En el tiempo de los autoritarios”.

El momento del “fin de la historia”, celebrado por Francis Fukuyama, cuando el mundo entero parecía converger en el modelo democrático liberal de la posguerra fría, parece hoy tan distante como la Belle Époque anterior a 1914.

Los liberales, entendidos en el sentido clásico como los promotores de la libertad individual, parecen ser casi tan asediados como lo fueron en la década de 1930.

Freedom House informa que el 2017 representó “el doceavo año consecutivo en el que la libertad global decrece”. Desde el 2016, 113 países han visto una disminución en la libertad, mientras que sólo 62 han visto una mejora.

Dondequiera que se mire, se podrá observar que los gobernantes no liberales ganan poder y ejercen ese poder de manera despiadada: verá a Vladimir Putin anexando Crimea y ocupando el este de Ucrania, proyectando el poder ruso en el Medio Oriente, tratando de asesinar a disidentes en Gran Bretaña e incluso, entrometiéndose en las elecciones estadounidenses.

Usted ve a Xi Jinping acumulando poder absoluto mientras toma el control militar del mar de China Meridional y envía más de 1 millón de uigures a campos de reeducación.

Vea al sirio Bachar al Asad lanzando bombas en barriles y usando gas venenoso para consolidar su gobierno. Usted ve a Rodrigo Duterte formando escuadrones de la muerte en Filipinas, en apariencia, para combatir una epidemia de drogas. Usted ve que gobernantes no liberales socavan la democracia en Hungría y Nicaragua.

Y también se observa al príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, bombardeando indiscriminadamente a Yemen, bloqueando a Qatar, secuestrando al primer ministro del Líbano, encerrando a disidentes, y ahora, supuestamente asesinando y desmembrando al columnista del Washington Post, Jamal Khashoggi. Esta tendencia no se puede culpar por completo a Estados Unidos, pero tampoco puede estar completamente desconectada de Estados Unidos.

El presidente Trump ha dado muestra de que, lejos de luchar por la libertad, prefiere luchar contra ella. Éste es el presidente que dijo que le parece “genial” que Xi se declare gobernante de por vida; elogió a Duterte por el “trabajo increíble “ que estaba haciendo en el problema de las drogas”; felicitó a Recep Tayyip Erdogan por ganar un referéndum manipulado con el que deletreaba la muerte de la democracia turca y declaró su “amor” por Kim Jong-un. No sorprende que no le interese el destino de Khashoggi. Su amenaza de aplicar un “castigo severo” contra Arabia Saudita fue socavada por él mismo al aceptar el supuesto desconocimiento que tuvo Mohammed bin Salman sobre la muerte del periodista.

Éste es un buen momento para ser un dictador y un momento peligroso para ser un disidente. Trump es un solipsista y lo único que le importa es que lo traten bien.

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