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¿Por qué Rusia intenta reescribir la historia de la Segunda Guerra Mundial?
Intentando reescribir la historia de la Segunda Guerra Mundial, Rusia está tratando de asignarse méritos importantes en la victoria sobre el fascismo. El papel de los aliados occidentales se desprecia, y aún más descaradamente se ignora el de otros pueblos de la ex Unión Soviética (la URSS), en primer lugar, el de Ucrania, cuyas contribuciones se atribuyen automáticamente a Rusia. En abril de 2020 Putin, en nombre de Rusia, actuó como el glorioso heredero de la histórica Reunión en el río Elba, también conocida como “Día del Elba”. A pesar de que en abril de 1945 los estadounidenses se reunieron allí con combatientes del Primer Frente Ucraniano, de los cuales hasta 80% eran ucranianos.
Ucrania fue una de las repúblicas que más sufrió durante la Segunda Guerra Mundial porque se encontraba en el epicentro de la guerra. El frente de los combates atravesó dos veces por su territorio, primero cuando el Ejército Rojo se retiró en 1941 y luego durante la ofensiva del mismo en los años 1943-1944. Este es uno de los principales factores que explican el número de víctimas mortales sin precedentes -hasta 8 millones de habitantes- y la devastación del país que resultó en la destrucción total o parcial de 714 ciudades y de 28 mil aldeas. Asimismo, de los 7 millones de ucranianos que estaban enlistados en el Ejército Rojo durante la guerra, más de la mitad pereció en combate.
Después de la Revolución de Dignidad en Ucrania en 2014 y el comienzo en el mismo año de la agresión militar rusa contra el estado ucraniano, Ucrania adoptó la concepción europea de la conmemoración de la victoria sobre el fascismo. Fue un paso importante en la ruptura con la herencia totalitaria de la URSS y el cambio mental de Ucrania a favor de Europa. Desde entonces, Ucrania conmemora el 8 de mayo como el Día del Recuerdo y la Reconciliación, y el 9 de mayo como el Día de la Victoria sobre el nazismo en la Segunda Guerra Mundial. De esta forma, el discurso militar soviético-ruso fue reemplazado por el europeo y el humanista.
La concepción de la victoria siempre ha sido diferente en la Europa democrática y la URSS totalitaria. La Rusia actual ha nivelado el mito sobre la victoria a "frenesí de la victoria" y lo convirtió en un juego de herramientas para el lavado de cerebros de sus propios ciudadanos y la justificación, en particular, de su agresión armada contra Ucrania. No es casualidad que en Ucrania y Europa el lema del aniversario de fin de la guerra es "Nunca más", mientras que Rusia lo celebra en forma de "En caso de que sea necesario, podemos hacerlo de nuevo".
El 27 de enero de 2020, en una conferencia de prensa en Varsovia, durante los actos de conmemoración del 75 aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz, el presidente actual de Ucrania, Volodymyr Zelenskyy, declaró que Ucrania es solidaria con la postura de Polonia respecto a que la Unión Soviética es la culpable del estallido de la Segunda Guerra Mundial, y como consecuencia, del Holocausto.
"Polonia y el pueblo polaco fueron los primeros en experimentar la conspiración de los regímenes totalitarios. Esto llevó al estallido de la Segunda Guerra Mundial y permitió a los nazis lanzar la onda mortal del Holocausto. Europa y el mundo no tienen derecho a permanecer hoy en silencio, como se hizo en 1939. Europa y el mundo no tienen derecho a ser indiferentes y pasivos. Sólo la cohesión del mundo podrá repeler cualquier agresión y salvar a la humanidad de un nuevo sufrimiento", dijo el presidente de Ucrania.
En el año 1939, los gobiernos de la URSS y la Alemania nazi firmaron el Pacto Molotov-Ribbentrop sobre la no agresión mutua que contenía planes secretos de la futura división de los territorios de Europa, lo que resultó en el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la cual comenzó con la invasión de Polonia el primero de septiembre del mismo año. Pero si uno pregunta a un funcionario ruso sobre el inicio de la guerra, él seguramente va a intentar explicar que ésta inició hasta 1941. Es obvio que para Rusia, que se considera heredera de la URSS, el hecho de que la historia haya registrado la formación de su alianza con los nazis, es una verdad incómoda y vergonzosa.
Ucrania, en cambio, junto con todo el mundo civilizado conmemora las Jornadas de Recuerdo y Reconciliación en honor de quienes perdieron la vida en la Segunda Guerra Mundial. Así como Alemania fue el principal enemigo de la URSS en la Segunda Guerra Mundial, Rusia ahora declara a Ucrania como uno de los principales enemigos en la lucha por la memoria histórica de esta guerra. El 23 de enero de 2020 en Jerusalén, durante los eventos conmemorativos relacionados con el aniversario de la liberación del campo de concentración Auschwitz, Putin, al referirse al tema del exterminio de judíos en el territorio de la URSS ocupado por los nazis, mencionó a Ucrania poniendo a la par el antisemitismo con la tal llamada «rusofobia».
En este contexto hay que destacar que en Ucrania se aprobaron las leyes que condenan a los regímenes totalitarios nacionalsocialistas y comunistas en el país, y claramente prohíben la propaganda de su simbolismo, así como la negación pública de sus naturalezas criminales. No podemos olvidarnos también de los más de 2.500 ucranianos que fueron distinguidos con el título de Justos de las Naciones, por sus valiosas intervenciones que salvaron las vidas de miles y miles de judíos.
Los momentos históricos mencionados anteriormente nos llevan a uno de los temas más actuales del sigo XXI, la desinformación, los «fake news», algo que es imposible de abordar sin mencionar a Rusia.
En 2014 Rusia invadió militarmente y ocupó territorios ucranianos - la República Autónoma de Crimea y las regiones de Donetsk y Luhansk, haciendo todo bajo el pretexto de “defender la población ruso parlante, de los ucranianos que inesperadamente decidieron hacerle daño”. Y con la ligera presión del botón, la monstruosa máquina propagandista rusa y sus medios estatales e internacionales, como Russia Today, Sputnik etc., comenzó a alimentar a su pueblo y al mundo con historias aterradoras sobre una invasión en Ucrania de fanáticos nacionalistas.
Una de las falsificaciones del Kremlin fue también la atribución de los méritos de la victoria en la Segunda Guerra Mundial al Partido Comunista y personalmente al dictador Stalin. Es significativo que medio siglo después, la Rusia putinista hizo una rehabilitación progresiva de Stalin y el estalinismo. El objetivo de esta rehabilitación parece ser una creación del estado totalitario con un Putin como líder y la restauración del Imperio ruso.
La máquina propagandista de Moscú trata de confundir a la gente poniendo un signo de igualdad entre el nazismo y el nacionalismo, omitiendo que el último promueve los intereses de una nación en particular, especialmente con el fin de ganar y mantener la soberanía sobre su tierra natal. En su esencia, el nacionalismo predica lealtad y devoción a su nación, independencia política, así como la presencia de una identidad nacional para la protección práctica de las condiciones de vida de la nación, su territorio de residencia, recursos económicos y valores espirituales. Justo fue este movimiento nacionalista el que en 2014 dio un gran aporte para sacar a un gobierno pro ruso corrupto de Ucrania y girar el país hacia el camino de la integración europea.
Los intentos de Moscú de presentarse como un "gran antifascista" mundial persiguen los objetivos políticos concretos: recibir indulgencia por sus crímenes actuales y cubrir con una retórica antifascista su política agresiva contra Ucrania. Al explotar la imagen del "gran antifascista", la propaganda rusa utiliza el siguiente truco lógico diciendo "Si Rusia es un antifascista principal, quien actúa contra Rusia es un fascista". De esta manera, el "antifascismo" hipertrofiado es solo una cortina que cubre la política agresiva del Kremlin, su agresión militar contra Ucrania y una guerra híbrida informativa contra la UE y todo el mundo democrático.
Parece que a Rusia no le gusta admitir sus crímenes y esto es una de las principales características de su política que heredó de la URSS. La guerra contra Georgia y ocupación de sus territorios, la agresión militar contra Ucrania, el derribo del avión de “Malasia Airlines” MH17, la intromisión en procesos electorales extranjeros, el respaldo político a los regímenes autoritarios, la manipulación de los precios del gas y el petróleo como un instrumento de guerra económica - todos estos crímenes son cínicamente negados por el Kremlin. Lo que Rusia si sabe hacer muy bien es desviar la atención de sí misma, culpando a otros. Los analíticos dicen que Rusia ha creado su propia realidad paralela en este tema, mientras que Putin superó a Stalin en el nivel de manipulaciones.
Cada nación debe gobernarse a sí misma, sin interferencia externa, ya que la nación es la única fuente legítima del poder político. Pero para Rusia, como para cualquier régimen totalitario, es una pesadilla tener a su lado un vecino exitoso como Ucrania, de soberanía popular.
Por eso, lo que sí debemos hacer, si queremos ser naciones de un mundo maduro y responsable, es respetar el pasado, aprendiendo de nuestros errores, y dejar de paralizarnos con juegos de culpa, todo esto con la finalidad de construir un futuro más justo y próspero, más comprensivo y fructífero.
Ucrania se mantiene fiel a las tradiciones y principios del antifascismo y con su elección del camino del desarrollo democrático y europeo respalda esta idea.
Ruslan Spirin es Embajador de Ucrania en México