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Latinobarómetro y ánimo social
Desde 1995 Latinobarómetro recorre los países del continente para medir el ánimo social de la región. Usa cuestionarios que año tras año actualizan una fotografía representativa de la población que arroja luz cualitativa y cuantitativa sobre la percepción que tenemos de nuestros modelos de democracia. Sus informes son referentes que aportan datos clave para entender el llamado desencanto con la democracia, un enojo colectivo con sistemas políticos que no logran remontar la desigualdad o la inseguridad.
Es una realidad que esa percepción negativa se incrementa, pero no ha logrado disminuir la apuesta en favor de las urnas, la cual, en México, sigue convocando a la mayoría de las y los electores. Mientras el estudio de Latinobarómetro 2018 nos dice que el desencanto se incrementó de 51 a 71% en el conjunto de nuestros países y que 35% de las y los latinoamericanos ven en la problemática económica el conflicto principal de su decepción, 19% en la delincuencia y otro 9% en la situación política y la corrupción, ese enojo en entornos de injusticia, violencia, pobreza y desigualdad, la incomodidad o rechazo a sistemas políticos, no ha llevado a nuestras sociedades a la conclusión de que las urnas son prescindibles.
Las últimas cinco elecciones presidenciales de nuestro país muestran que si bien hay distancia o desconfianza con los entornos políticos, no se ha perdido la convicción por las urnas y el derecho a voto como espacio efectivo para detonar cambios. Los votos no borran el desencanto o enojo colectivo ante las problemáticas comunes, pero no son parte del repudio, nos dicen que el desencanto no es con la democracia sino en democracia.
El año 2000 tuvo 63.9% de participación, el 2006, 58.5%; en el 2012 repuntó a 63% y ahora en el 2018 a 63.4 por ciento. Ninguna de las contiendas locales celebradas ese año tuvo un índice de votantes que no rebasara más de la mitad del electorado e incluso tuvimos casos como el de Yucatán donde se alcanzó 75 por ciento.
En otras palabras, cada vez son más quienes votan y menos quienes optan por la abstención, pero si no se acredita en la vida cotidiana de Latinoamérica una recuperación económica tangible, menor inseguridad, corrupción o desigualdad, el desencanto no detendrá su ruta de ascenso. Esa realidad de nuestras sociedades no debe ignorarse y México no es ajeno a ella.
No se agota en la democracia electoral la solución a los graves y complejos problemas que anidan el malestar social, aunque los datos duros nos sugieren que ante esa mayoría de la población que no duda en seguir ejerciendo su derecho a votar, hay una señal de exigencia, confianza en que los comicios son instrumento para incidir pacíficamente en las decisiones y mapas políticos que eventualmente puedan recomponer desequilibrios, acotar las injusticias y carencias.
En cualquier caso, esas señales de la ciudadanía no hablan de visiones únicas, porque ninguna fuerza o partido supera una tercera parte de votantes y el mandato es en consecuencia no divorciarse de la pluralidad, no despreciar a las minorías dispersas, no asumirse sociedad monolítica y escuchar los malestares cotidianos, reflejar en acciones y decisiones la voz de las urnas para que el ánimo social no sume más desencantos.
*Consejero del INE.
Twitter: @MarcoBanos