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Opinión

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La ética vs la realidad

Todo político de altura sabe que tarde o temprano, las promesas de campaña se topan con la cruel realidad de la resistencia al cambio. Barack Obama no podía ser la excepción.

Jimmy Carter llegó bajo la promesa de un nuevo día para Washington después del Watergate, pero en menos que canta un gallo algunos integrantes de su equipo ya estaban inmersos en el escándalo.

Bill Clinton prometió el gobierno más ético de la historia , y terminó batiendo récord con el mayor número de investigaciones en la historia en relación a la ética de su gobierno, más allá de sus travesuras personales.

George Bush hijo ofreció una nueva era de responsabilidad , concepto que Obama hizo suyo, pero su gobierno se caracterizó por numerosas acusaciones de haberse vendido a los intereses de las industrias energética y militar.

Durante casi dos años de campaña, Obama prometió aniquilar a los dragones del status quo en Washington, bloquear a los cabilderos, y lanzar, ahora sí, una nueva era de responsabilidad.

Con lo que nunca contó fue con la necesidad de hacer excepciones. A Tim Geithner, el ya confirmado secretario del Tesoro, le perdonó pecadillos fiscales y laborales. Antes de retirar la candidatura de su gallo para reinventar la Secretaría de Salud y Servicios Humanos, Tom Daschle, le había brindado su apoyo absoluto a pesar de que omitió el pago de 128,000 dólares en impuestos. Es una lástima, porque Daschle era idóneo para el puesto.

La explicación del equipo del Presidente es que se concede a sí mismo la autoridad para otorgar excepciones en casos que considera extraordinarios porque el perfil del candidato encaja con su plan de trabajo. Serían los casos de Geithner y el candidato a subsecretario de la Defensa, William Lynn.

Antes que la de Daschle, el propio Obama retiró la candidatura de Nancy Killefer para el puesto de nueva creación, directora de la Oficina de Administración y Presupuesto de la Casa Blanca, por tener problemas con la confirmación al haber omitido el pago de impuestos de ayuda doméstica.

La razón del fracaso de la nominación de Daschle fue que era el caso más serio de probable conflicto de interés, y hay otros ejemplos de gente que aunque no están registrados en la industria de la influencia , que es como se les dice eufemísticamente a los cabilderos, ganaron millones como asesores de clientes que buscan influencia en Washington.

Estas y otras instancias de integrantes del equipo que no están registrados como cabilderos pero realizaron labores de cabildeo, resaltan cómo Obama, al enfrentar el eterno dilema entre la retórica de campaña y la realidad de Washington, ha mostrado estar dispuesto a transigir.

Jody Powell, quien fuera secretario de prensa de Carter y después fundó una poderosa firma de cabildeo, dice que es mejor establecer metas ambiciosas en materia de ética, aunque no se cumplan en su totalidad, que no tenerlas.

Así se puede avanzar con mayor rapidez . Casi invariablemente, cada nuevo Mandatario que llega a la Casa Blanca jura que ahora sí, créanlo, habrá nueva reglas de ética gubernamental y se depurará la corrupción.

Al llegar, Obama impuso las reglas de ética más estrictas de que se tenga memoria. El problema es que el nuevo equipo ha dedicado buena parte de sus poco más de dos semanas explicando la validez de sus excepciones a las reglas.

Tratando de ver el asunto objetivamente, se llega a la conclusión de que resulta difícil encontrar políticos o funcionarios de carrera limpios como la nieve, sin esqueletos en el clóset y sin cola que les pisen.

Por lo pronto, la blogósfera, los cómicos y comentaristas de la televisión, y otros sectores, se están dando vuelo con la aparente inconsistencia del flamante Presidente. Dice uno de ellos: ¿Cambio? Desde luego. Cambio de partido .

rmena@eleconomista.com.mx

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