Buscar
Opinión

Lectura 5:00 min

Este otro México

Mi padre fue un funcionario público ejemplar, lo digo sin presunción, pero con el orgullo de saber que alguien ha hecho lo que se debe. Lo mismo les pasa muchas familias de mexicanos encomiables. En fin, de los que la 4t no tiene o tiene pocos.

Mi padre, más que lealtad al presidente, Miguel de la Madrid, le ofreció su capacidad y su determinación para resolver problemas y atender necesidades. Fue un 90% profesional, serio, honesto y comprometido con su labor y con el verdadero bienestar del pueblo de México y 10% leal con su jefe.

Fue secretario de educación y transitó por una coyuntura difícil y compleja. Aun así, logró en medio del terremoto de 1985, rehacer cientos de escuelas y proponer una política educativa y cultural edificante que velara por el desarrollo de los educandos de todo el país.

A sus hijos, sólo les enseñó una cosa, realmente: a ser responsables con lo que hacían y lo que creían, como se han educado a muchos mexicanos gracias a lo cual, México es lo que es. A eso nos hemos dedicado todos los días, mis hermanos y yo.

Escribo esto sin vanagloria, pero con la conciencia de que hace falta, entre los mexicanos, que nos demos valor a nosotros mismos sin falsas modestias, ni vanidades exageradas. También somos nuestra historia y nuestros logros personales y aquellas posibilidades que nos ofrecieron, sin querer, nuestras circunstancias. Hay quien sabe aprovecharlas, hay quien no.

Ayer fui al Gran Premio de Fórmula 1, en el Autódromo Hermanos Rodríguez. Alejandro Soberón y Federico González Compeán han construido -con muchos más- una empresa envidiable en toda hispanoamérica: CIE. 

Responsable socialmente y sobre todo le han construido a esa otra cultura, un lugar que hasta los años 90, nadie le había concedido atención. Películas, conciertos, obras de teatro y últimamente F1. Su tarea como empresa privada contrasta con la vida cotidiana del país. Por igual, ayudan a organizar los conciertos del zócalo, que a duplicar en el Centro Banamex el doble de camas hospitalarias de la CDMX, con el apoyo de 150 millones de dólares de donantes privados para atender el Covid. Miles de vidas salvadas, sin que hayan hecho alaraca o presunción del asunto. Lo sabe la jefa de Gobierno y con eso basta. Lo saben quienes se atendieron ahí y con eso sobra, dicen ellos.

Lo de ayer, sin embargo, es de llamar también, la atención. Muchos dirían que las carreras son un espectáculo fifi, como en principio dijo la jefa de gobierno, para corregirse después. Pero es mucho más que eso, verá usted.

En total asistieron más de 380,000 personas en tres días. Los locales y extranjeros que vinieron derramaron más de 22 mil millones de pesos en hoteles, restaurantes, puestos de fritangas, vendedores ambulantes y servicios de toda índole en esos días, para mejorar la muy alicaída economía de la CDMX.

Durante esos tres días hubo que darles de comer, de beber, prestarles baños, al punto de que todos los baños móviles de Guadalajara, Monterrey y la CDMX son trasladados a la Magdalena Mixuca para que puedan servir a los mexicanos que ahí van. 

Se consumen miles de kilowatts hora de luz, 4000 policías tienen que atender el evento y cuidar instalaciones y personas; hay miles de metros cúbicos de agua para cada uno, camiones, taxistas y tianguistas de comida y souvenirs venden por miles. Voluntarios, junto con la autoridad, tiene que orientar a uno por uno a dónde tiene que ir y como comportarse. 

El evento lleva 4 años de premios, considerada la mejor carrera y espectáculo del mundo, consecutivamente. Los invitan a ser asesores de eventos similares en todo el orbe. Tienen que coordinar que las estaciones del metro puedan manejar las decenas de miles de asistentes en esos tres días. Tienen que coordinar las decenas de helicópteros que llegan, porque en efecto, de todo el mundo llegan personas con dinero que así se trasladan. Tienen que coordinar a televisoras de todas las cadenas mundiales, pantallas y sonido para que los nuestros no sólo vean unos coches correr, sino que sepan cómo van y que hacen. Entregan premios, y finalmente con su boleto, cada quién sepa dónde debe sentarse y que deben hacer. Una proeza digna de reconocimiento y de admiración.

Ese México también existe. Es parte y orgullo nuestro. Es posible, porque a ese evento van mexicanos de todas las clases sociales y de todos los rincones de nuestro país. Existe, sin embargo, coordinación, no hay exclusión, se respetan las reglas y se reconoce que todos los que asistimos estamos ahí para lograr algo en común, que además beneficia a todos de una u otra manera en la vida cotidiana, en la vida social de la ciudad y en la imagen que México proyecta al mundo.  Un México que aspira a la modernidad, pero que también no deja a nadie afuera. Un México que es profesionalidad y no sólo lealtad, más que con un objetivo común: ser los mejores. Nada más, pero nada menos también. Felicidades a todos nosotros, de verdad.

Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Noticias Recomendadas