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El camino de Javier Milei en la Casa Rosada
De la televisión a la política, en poco más de dos años de efervescencia “la libertad avanzó” con el triunfo de Javier Milei en las elecciones del pasado domingo 19. El economista palermitano aseguró que “[comenzaría] la reconstrucción de Argentina” y que era “el fin de la decadencia” en el país, entre otras cosas.
Luego de la euforia de él y de sus seguidores deberán venir las acciones ante el panorama actual, resultado de los desequilibrios socioeconómicos que provocó el populismo de derecha peronista-kichnerista con Sergio Massa como el actor principal reciente de la catástrofe: inflación en más de 140% anualizada, pobreza en poco más de 40% y déficit fiscal de 15 puntos como porcentaje del PIB.
Milei tiene ante sí el reto político de conformar su gabinete en poco más de dos semanas con la interrogante de quién será el nuevo ministro de Economía (después de la última vileza de Massa al pedir licencia de su cargo) y si le dará continuidad a las premisas de la “reforma económica” que presentó La libertad avanza (LLA) en las Bases de acción política y plataforma electoral nacional el pasado mes de mayo, pero con una nueva pieza, el acuerdo con Macri-Bullrich que le dio el último impulso en el balotaje y que hizo que moderara parte del discurso reaccionario contra “la casta”.
El desafío será aún mayor en el ámbito económico-financiero. Destaca la propuesta que ha generado controversias de índole técnica y política: la dolarización de la economía –que se espera instrumentada, según Milei, en un año– y que incluye la eliminación del banco central. La estabilización esperada por medio de la dolarización “abierta” que Milei retoma de Cachanosky-Ocampo para enfrentar el caos del mercado cambiario y su consecuente desaparición del banco parece tener fuerza y rumbo definido, sólo faltan los detalles técnicos que se conocerán plenamente hasta que tome posesión el nuevo gobierno (véase la columna “Milei y la dolarización en Argentina” publicada en semanas anteriores en El Economista).
Más allá de ese plan, el primer objetivo debería ser controlar el problema de la inflación (que tiene riesgos de convertirse en hiperinflación) frenando la emisión monetaria por parte del banco central y cerrando el déficit fiscal. Por ahora, si se asume el origen monetario de la inflación, con la emisión con la que hasta ahora se estaba financiando el gobierno, el déficit sí está causando problemas inflacionarios.
Argentina ya ha negociado con el Fondo Monetario Internacional (FMI) tener una emisión cero, sin llevarse bien a la práctica, por lo que este nuevo proceso de desinflación que se iniciará con Milei dependerá de qué tanta credibilidad tenga el posible freno a la emisión y para verse la repercusión real se tendrá que reflejar en el freno a la velocidad del dinero.
El nuevo gobierno tiene que moderar las altas expectativas que tienen algunos sectores en Argentina (sabiendo que las decisiones monetarias –y algunas veces las fiscales– operarán con rezago), reprogramar la deuda que tiene el país con el FMI y adelantarse a lo que está haciendo el oficialismo con las decisiones de política antes del 10 de diciembre.
Después de cuarenta años el oficialismo quedará fuera del gobierno a pesar de las costosas campañas de miedo con falacias ad hominem contra Milei y con el despilfarro con dinero público de Massa promoviendo su candidatura presidencial. Parece ser que el experimento (como le han llamado algunos) económico y político que tendrá Argentina en los años venideros no tendrá paragón en la historia del país. Serán seis meses duros de ajuste, según Milei. Tiempo al tiempo.
*El autor es profesor e integrante del Seminario de Credibilidad Macroeconómica de la Facultad de Economía, UNAM.