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Opinión

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Diamantes y miserias

Para nadie es novedad la existencia de dos Méxicos, cada cifra oficial y no oficial nos lo confirma.

Un territorio norte con una economía industrializada y competitiva y grandes oportunidades de seguir avanzando y una región sur hundida en la pobreza.

Sin embargo, en los tres últimos años, las crisis económicas y de violencia e inseguridad han ralentizado el crecimiento de ese norte boyante y dado paso al surgimiento de un centro dinámico y enfocado en aprovechar vocaciones industriales específicas.

El año pasado, la Fundación Metrópoli, consultoría de origen español, dio a conocer que basada en una investigación de potencialidades realizada para el Gobierno de Guanajuato, encabezado por Miguel Márquez, detectó que las ciudades con el crecimiento más acelerado en México, atracción de inversiones, conectividad y población, son las del Centro y Bajío del país, en la zona que incluye al Valle de México, y las ciudades de Querétaro, Guanajuato (León), Guadalajara, Aguascalientes, San Luis Potosí y Morelia. La organización denominó a esta zona como El diamante de México .

Bonanza contagiosa

De igual forma, en marzo pasado, la agencia estadounidense de análisis Stratfor presentó el reporte Tiene México un nuevo corazón manufacturero , en el cual destaca el crecimiento acelerado y la alta especialización manufacturera del Bajío, integrado por los estados de Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro y San Luis Potosí; zona cuyas potencialidades son estar relativamente aislada de la violencia que impera en la frontera norte, contar con una gran oferta de mano de obra calificada, atractivos incentivos ofrecidos por los gobiernos locales a la Inversión Extranjera Directa, buena conectividad con los puertos hacia ambos lados costeros y hacia el territorio estadounidense.

No desplazará a las entidades del norte, refiere Stratfor, pero crece más aceleradamente en atracción de inversión.

Este dinamismo y seguridad levanta cada vez mayor interés entre el capital privado, principalmente de los sectores automotriz, aeroespacial y electrónico, que son hasta ahora la hélice de la inversión durante el último trienio.

Norte y centro avanzan a buen ritmo. Pero qué pasa en el Sur? En donde la industria y la atracción de inversiones es muy baja, la extracción de petróleo bueno y barato se acaba, la producción está fincada en el sector primario y en consecuencia hay entidades, como Chiapas, donde hasta más de 78% de la población vive en pobreza, de acuerdo con cifras al 2012 del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Y dónde además, los planes de desarrollo económico de los gobernadores y ex gobernadores se han abocado a su agenda personal.

El reto es atraer inversión al sur. Por poner un ejemplo, la inversión per cápita en el 2010 para Oaxaca, era de 2,934 dólares, y en Guerrero de 2,553 dólares, según datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco); mientras en estados como Nuevo León fue de 10,533 y en Querétaro de 7,487 dólares. Le dicen algo las cifras?

El motor que falta?

El Plan Nacional de Desarrollo (PND), presentado por el Ejecutivo, refiere que integrar a todas las regiones del país con mercados nacionales e internacionales es fundamental para que las empresas y actividades productivas puedan expandirse en todo el territorio. Destaca como sectores estratégicos a la minería, la agricultura y el turismo (en los cuales el sur tiene gran potencial).

El punto a destacar, es que por primera vez el PND estará sujeto a medición para ir determinando los cumplimientos del mismo.

Ahora sólo falta el Plan Nacional de Infraestructura para ver a dónde van más proyectos y es cuestión de días para conocer sus alcances. Urge un puente que conecte a las tres zonas de crecimiento en México.

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