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Debates televisivos a guantazos
Con carácter previo a mi digresión, que hoy dedico a los dos debates que hemos vivido esta semana, me gustaría señalar la endémica falta de cultura de pactos que se aprecia en la política española desde la reinstauración de la democracia. Esto, desde el punto de vista de un italiano que conoce al dedillo la política de su país pero que a la vez lleva ya muchos años en España, es particularmente llamativo.
Los dos combates dialécticos que hemos vivido en esta segunda y última semana de campaña han revestido formatos muy diferentes. Si en el caso del organizado por RTVE contemplamos un debate muy “institucional” y encorsetado, con intervenciones tasadas al segundo y con la presencia de cronometradores profesionales de baloncesto —mis colegas de diversos países europeos no dan crédito— en el segundo, auspiciado por Atresmedia, vivimos un choque mucho más “fresco” y emocional... más vivo, y desde luego más “periodístico”.
El precio de esta mayor flexibilidad fue un encuentro mucho más bronco y en el que menudearon los rifirrafes y los encontronazos del más variado pelaje. Algunos de ellos fueron chuscos y con cierta comicidad, como el cruce de obsequios editoriales entre (Pedro) Sánchez y (Albert) Rivera: “Yo le regalo su tesis...”, “yo a usted el libro de (Santiago) Abascal y (Fernando Sánchez) Dragó”. Otros fueron más agresivos y de peor estilo, como las acusaciones cruzadas en un asunto tan sensible como el de la violencia machista, entre el candidato socialista y presidente del gobierno y los líderes del centro derecha. Fue significativo el detalle de que el líder de la formación más izquierdista de las cuatro, Pablo Iglesias, tuviera que ser quien llamara a la cordura —no fue la única vez que lo hizo en el curso de los dos debates— antes de que la discusión se fuera, desagradablemente, de las manos.
¿Han servido para algo estos encuentros?
En mi opinión, sí que sirven. Claramente. En una circunstancia excepcional cual es la de que, por primera vez en la historia de la democracia española, cuatro de cada 10 electores no tienen decidido su voto, mis cálculos apuntan a que no menos de 1 millón de ellos pueden haber determinado, gracias a los debates, que su papeleta vaya destinada a Ciudadanos o al Partido Popular.
Debo detallar que es precisamente en ese espacio del espectro político, en opinión generalizada, en el que se sitúa la mayor bolsa de indecisos.
El primer debate clarísimamente dominado por la brillantez de Albert Rivera. Pedro Sánchez, del que llegó a decirse que tenía miedo a los debates, se mantuvo correcto. Con un perfil más bien bajo.
Ya estamos en los últimos días de una campaña marcada por la tensión entre los supuestos bloques de izquierda y derecha así como la falta de cultura de pactos y temas clave que marquen el resultado final.