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Exmiembro de Hamás, en contra de la violencia de civiles
Mosab Hassan Yousef, hijo mayor de uno de los fundadores del movimiento islamista, cuestiona la violencia y la narrativa que sostiene el conflicto; es autor del libro Hijo de Hamás.
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Hijo de uno de los fundadores de Hamás, Mosab Hassan Yousef, creció dentro de la estructura del movimiento con acceso a estatus, protección y privilegios. Sin embargo, asegura que una acumulación de experiencias, en especial su paso por prisión, lo llevó a romper con la organización. En entrevista con El Economista, el exmilitante denuncia la violencia contra civiles y cuestiona la narrativa que, a su juicio, sostiene el conflicto palestino-israelí.
Mosab, quien también fue espía para el servicio de la inteligencia israelí, afirmó que renunciar a los beneficios que le ofrecía Hamás fue difícil.
“Era como un negocio familiar, pero obtener todos los beneficios también implicaba aceptar la violencia contra civiles, el derramamiento de sangre, los secuestros y los atentados suicidas. Para mí llegó un punto en el que entendí que mi responsabilidad moral era más importante que mi seguridad personal”.
“Mi experiencia en prisión fue determinante. Si realmente quieres conocer a las personas, pasa tiempo con ellas en la cárcel. Fue una experiencia brutal. Ahí vi que Hamás decía luchar por liberar a Palestina, pero en la práctica estaba matando a árabes, incluso a sus propios miembros”, relató.
Cuestionado sobre cómo influyó esa experiencia en su visión del movimiento, dijo: “Fueron dos años muy duros que se quedan contigo para siempre. Empecé a hacerme preguntas básicas: ¿su lucha es por la tierra o es por Alá?, ¿es por esta vida o por la otra? Si es por la otra vida, entonces deberían dejar vivir a quienes sí quieren vivir ésta”.
Sobre la causa palestina, enumeró que ha tenido múltiples capítulos: “fue comunista, luego islamista, luego nacionalista, y después volvió a cambiar. No hay una sola brújula moral. Lo único que une a esas facciones es un enemigo común: Israel. Cuando no lo tienen, se matan entre ellos, como ocurrió en Gaza, en Cisjordania, en Líbano o en Jordania”, declaró.
La violencia, sostuvo, es el centro de su legitimidad política. “Se utilizan civiles, incluso niños, como armas para obtener beneficios políticos y económicos. Eso es un crimen contra los niños árabes y judíos. Se condena a generaciones enteras a guerras interminables”.
“No quiero negar su derecho a existir, pero lo cierto es que la identidad palestina no tiene soberanía ni legitimidad alguna, salvo un trauma autoinfligido”.
“Las acusaciones de genocidio son falsas; alimentan una narrativa de victimismo y odio. Nunca existió un Estado palestino soberano que haya sido ocupado. Mientras se mantenga esa narrativa y se justifique la violencia contra civiles, no habrá paz”.
Enfatizó que ”la paz es sencilla en teoría: dejar la mentira y dejar la violencia. Aceptar al pueblo judío, su historia y su derecho a existir. Israel es el único Estado judío del mundo y tiene raíces milenarias. Mientras eso no se acepte, cualquier negociación estará condenada al fracaso”
A los mexicanos quiere hacerles saber que este no es un conflicto por la tierra, sino un conflicto cultural e ideológico. “El sufrimiento palestino no es el resultado de un deseo israelí, sino de decisiones autoinfligidas por liderazgos violentos. Si México quiere ayudar a los palestinos, debería decirles que es momento de despertar y seguir adelante, no de perpetuar una guerra infinita”, concluyó.