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Finanzas Personales

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¿Es suficiente la educación financiera?

OpiniónEl Economista

En México existe la narrativa de que el problema ante el manejo del dinero, es la falta de educación financiera. Esa es una explicación sencilla, cómoda y probablemente insuficiente, porque existen otros motivos.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024 del INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía), el 30% de la población en México no cuenta con ahorros suficientes para cubrir más de una semana de gastos. A ello se suma que más de la mitad de la población ocupada se encuentra en la informalidad, lo que implica ingresos inestables.

Considerando que ese ingreso debe sostener a varios integrantes y cubrir necesidades básicas, el margen para ahorrar se reduce y, en muchos casos, simplemente no existe.

Asumir que la falta de educación financiera es el principal problema ignora una realidad: para una gran parte de la población, el problema no es cómo administrar el dinero, sino cuánto dinero hay para administrar.

Reconocer que la educación financiera por sí sola no basta, no significa restarle importancia, al contrario; significa aceptar que el conocimiento, por sí solo, difícilmente transforma una realidad cuando las personas no cuentan con herramientas que les permitan actuar sobre él.

La pregunta, entonces, deja de ser únicamente cómo se enseña educación financiera y pasa a ser también cómo ayudar a las personas a convertir ese conocimiento en decisiones concretas. Es ahí donde la tecnología empieza a marcar una diferencia.

La digitalización ha permitido que millones de personas accedan a productos financieros que hace apenas unos años parecían lejanos: cuentas sin montos mínimos, herramientas de ahorro automático e inversiones desde cantidades accesibles, todo administrado desde un celular. Esto ha reducido barreras de acceso que durante mucho tiempo mantuvieron a una parte importante de la población fuera del sistema financiero.

Sobre esa base, la inteligencia artificial (IA) representa una evolución natural. Más que sustituir la educación financiera, puede potenciarla. Al comprender los hábitos, objetivos y contexto de cada persona, la IA puede ofrecer orientación personalizada que facilite decisiones cotidianas, acerque alternativas de ahorro e inversión acordes con cada realidad y reduzca la complejidad que muchas veces aleja a las personas del sistema financiero. En otras palabras, ayuda a transformar el conocimiento en acción.

Reducir la conversación únicamente a la educación financiera deja fuera una parte importante del problema. Pero pensar que la tecnología resolverá por sí sola las desigualdades estructurales, sería caer en la misma simplificación.

Construir patrimonio no empieza cuando sobra el dinero; comienza cuando las personas cuentan con las herramientas y las oportunidades para tomar mejores decisiones, incluso con recursos limitados. La educación financiera es indispensable, pero genera resultados positivos cuando se acompaña de acceso, innovación y soluciones adaptadas a la realidad de cada persona, eso podría convertirla en un verdadero motor de inclusión financiera.

*Banquera Asociada UHN, BBVA Banca Patrimonial y Privada

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