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La Inteligencia Artificial y tus finanzas personales (Parte 4 de 5)
Joan Lanzagorta | Patrimonio
En la columna anterior vimos que la IA te responde mucho mejor cuando le das contexto. Pero para que te ayude con tu dinero, le tienes que contar todos los detalles de tu vida financiera, incluyendo tus metas, tus sueños y hasta tus miedos. Información muy personal y sensible, que mucha gente no le contaría ni a sus padres, ni a sus hermanos, ni a sus mejores amigos.
Eso puede ser un enorme problema. Mucha gente no es consciente de los riesgos de compartir toda su vida en redes sociales y de contarles detalles altamente privados a los proveedores de inteligencia artificial, que al final son empresas privadas que pueden usar tus datos de distintas maneras.
Por ejemplo: lo que la gente publicó hace quince años hoy se usa para armar perfiles de cada persona, mostrarle publicidad y hasta entrenar modelos de inteligencia artificial. Nadie lo imaginaba cuando subió sus fotos. Con la IA el riesgo es mayor, porque ahí le cuentas cuánto ganas, cuánto debes y qué te preocupa.
Aunque no le des tu nombre, la IA puede deducir mucho de ti. En una investigación, un modelo de IA adivinó la ciudad, el ingreso y la edad de distintas personas con solo leer los comentarios que publicaban en un foro de internet. Acertó en la mayoría de los casos. Si logró eso con unos comentarios sueltos, imagina lo que puede saber de ti después de varias conversaciones sobre tu dinero.
¿Sabes a dónde van todos esos datos y cómo se utilizan? Depende de la empresa y de cómo tengas configurada tu cuenta. Lo que escribes se puede quedar guardado mucho tiempo y lo pueden leer personas que revisan conversaciones. Además, varias empresas lo usan para entrenar sus modelos de forma automática, sin que te des cuenta, aunque pagues por el servicio.
Algunas IAs también tienen memoria: recuerdan lo que les contaste en conversaciones anteriores para darte respuestas a tu medida. Es cómodo, pero significa que van armando un perfil cada vez más completo de ti.
Además, borrar una conversación no garantiza que desaparezca. En Estados Unidos, un juez obligó a una de estas empresas a conservar las conversaciones de sus usuarios, incluso las que ellos ya habían borrado, porque podían servir como prueba en un juicio. Lo que le cuentas a la IA no tiene la protección legal de una conversación con tu abogado o con tu médico.
Por otro lado, algunas empresas ya usan lo que les cuentas para mostrarte publicidad. Tú imagínate: la IA ya sabe cuánto ganas, qué deudas tienes y en qué inviertes. Aunque a los anunciantes no les den tu nombre y seas solo un identificador “anónimo”, pueden dirigir sus anuncios a alguien exactamente como tú. Es decir, lucran con lo que tú les cuentas.
Porque quitarle tu nombre a un dato o “anonimizarlo”, como le dicen, no lo vuelve realmente anónimo. Cruzando unos cuantos datos es relativamente fácil saber de quién se trata. Una investigación mostró que con 15 datos demográficos, como la edad, el código postal o el estado civil, se puede identificar correctamente a 99.98% de los estadounidenses. Y a la IA le cuentas mucho más que eso.
Con los bancos hay un riesgo parecido: algunos ya están incorporando asistentes de IA en sus aplicaciones. Son muy cómodos: le preguntas cuánto gastaste en restaurantes el mes pasado y te contesta al instante. Pero detrás de esos asistentes suele haber otra empresa, la que desarrolló el modelo de inteligencia artificial. Además, cada vez más aplicaciones permiten conectarlas a casi cualquier asistente de inteligencia artificial mediante un protocolo que se llama MCP. Es una tendencia que seguirá, porque los usuarios lo demandan y nadie se quiere quedar atrás.
¿Qué hacen esas empresas con tus datos? ¿Los guardan? ¿Los usan para entrenar sus modelos? ¿Quién más los puede ver? La respuesta, si existe, está repartida entre el aviso de privacidad del banco, los términos de uso del asistente y las políticas de cada proveedor. Muy pocas personas los leen, y aunque los leas, están redactados de tal forma que es difícil entender qué hacen realmente con tu información.
Yo tendría miedo de conectarle toda mi información financiera y personal a una IA. Una vez que entregas tus datos, ya no los controlas. No sabes con certeza quién más los ve, cuánto tiempo los guardan ni para qué los van a usar mañana.
Eso no quiere decir que no debas usar la inteligencia artificial. Es muy útil. Pero debes hacerlo con mucho cuidado y sabiendo lo que entregas a cambio.
¿Cómo decidir qué información darle y cómo proteger tu privacidad? Lo veremos en la siguiente y última parte.