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¿Vale la pena pesarse en enero? Esto es lo que recomiendan los nutriólogos
Subirse a la báscula en enero es una de las prácticas más comunes tras las fiestas decembrinas, pero qué información real ofrece ese número y por qué muchos especialistas recomiendan mirarlo con cautela.
Para muchas personas, enero comienza con un gesto automático: pesarse. El número que aparece en la báscula suele interpretarse como diagnóstico, advertencia y punto de partida. Después de diciembre, esa cifra se carga de significado y se convierte, para muchos, en una medida del “daño” causado por las fiestas.
Sin embargo, especialistas en nutrición advierten que el peso corporal en enero rara vez refleja un cambio real en la composición corporal. Más bien, suele ser una fotografía momentánea de un cuerpo que todavía está procesando cambios normales.
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Por qué el peso cambia después de diciembre
Durante las celebraciones decembrinas es común modificar horarios, patrones de sueño, consumo de sodio y niveles de hidratación. Todo esto influye directamente en el peso corporal. La retención de líquidos, la inflamación digestiva y las variaciones hormonales pueden aumentar el número en la báscula sin que exista un incremento real de grasa.
Pesarse en enero
Por eso, pesarse en los primeros días de enero puede generar interpretaciones erróneas y decisiones precipitadas, como restricciones severas o ayunos prolongados que no responden a una necesidad fisiológica.
Nutriólogos coinciden en que el peso, por sí solo, es un indicador limitado. No distingue entre masa muscular, grasa corporal, agua o estado digestivo. Tampoco refleja niveles de energía, calidad del sueño, digestión o bienestar general.
Usar la báscula como único parámetro puede llevar a una visión reducida de la salud y reforzar una relación de control con el cuerpo, donde el número define el éxito o el fracaso de los hábitos.
El impacto emocional de pesarse en enero
Más allá de lo físico, la báscula tiene un impacto emocional importante. Para muchas personas, subirse a ella en enero refuerza la narrativa de castigo después del disfrute. El número puede condicionar la forma de comer desde el primer día del año, generando culpa, ansiedad o frustración.
Especialistas en conducta alimentaria señalan que esta práctica puede alimentar ciclos de restricción y compensación, especialmente en personas con una relación tensa con la comida o con su imagen corporal.
Pesarse en enero
¿Entonces no sirve pesarse?
Algunos profesionales consideran que la báscula puede ser una herramienta útil solo cuando se utiliza de manera contextualizada. Es decir, cuando el peso se observa junto con otros indicadores y no como un juicio aislado.
En estos casos, recomiendan hacerlo con poca frecuencia y sin cargarlo de valor emocional, entendiendo que es solo un dato más y no una sentencia sobre el cuerpo.
Indicadores más útiles que el número
En lugar de centrarse exclusivamente en el peso, muchos especialistas sugieren observar señales más relevantes en enero: regularidad en las comidas, niveles de hambre y saciedad, calidad del sueño, digestión, energía diaria y capacidad para sostener hábitos sin agotamiento.
Estos factores ofrecen una visión más completa del estado del cuerpo y permiten hacer ajustes más realistas y sostenibles.