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Bistronomie

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Tianguis Turístico 2026: Langosta, vino y frontera, la ruta gastronómica de Baja California

La langosta de Puerto Nuevo, la comida china de Mexicali, la ensalada César de Tijuana, los tacos de pescado de Ensenada y los vinos del Valle de Guadalupe forman parte de una identidad gastronómica que sigue en construcción.

Baja California no llegó al Tianguis Turístico 2026 con una sola postal gastronómica. Llegó con una mesa más amplia: langosta roja de Puerto Nuevo, vinos del Valle de Guadalupe, tacos de pescado de Ensenada, comida china de Mexicali y la ensalada César, nacida en Tijuana hace más de un siglo. En un país donde muchas cocinas regionales miran hacia el pasado para explicar su valor, Baja California propone otra lectura: la de una cocina joven, fronteriza, atravesada por migraciones y por productos que han encontrado identidad en el camino.

Así lo plantearon Vivian Salazar, directora del Fideicomiso de Promoción Turística de Baja California, y Alan Bautista, de La Casa de la Langosta, durante una entrevista realizada en el stand del estado, en el marco del 50 aniversario del Tianguis Turístico. Para ambos, la gastronomía no funciona como un atractivo secundario del destino, sino como una forma de entenderlo. 

En el Tianguis Turístico, reunimos las voces clave del sector para conocer tendencias, retos y oportunidades.

 Una cocina que se sigue formando

"Baja California tiene una cocina que todavía se está escribiendo", aseguró Vivian, no lo dice por falta de tradición, sino como una característica propia de un territorio donde la frontera, el mar y la migración han marcado la manera de comer. "Nuestra historia, a diferencia de otros destinos, se está escribiendo, se sigue escribiendo y va a estar evolucionando", señaló.

Esa evolución se entiende mejor cuando se mira el mapa gastronómico del estado. Ensenada aporta el pescado para sus tacos estilo Ensenada; Mexicali sostiene una presencia asiática con más de 200 restaurantes de comida china; Tijuana conserva la historia de la ensalada César, uno de los platillos más reproducidos fuera de México; y Puerto Nuevo mantiene una forma muy específica de comer langosta: con arroz, frijoles, salsa y tortillas de harina.

La cocina bajacaliforniana no se reduce al marisco, aunque el mar sea uno de sus centros. Su valor está en la mezcla: producto local, técnica familiar, herencias migrantes y una mesa que se reconoce mexicana sin dejar de ser fronteriza. 

Puerto Nuevo: la langosta que salió de la pesca familiar

Alan Bautista llevó al Tianguis Turístico uno de los platillos más representativos de Baja California: la langosta estilo Puerto Nuevo. Su origen, explicó, está ligado a la migración de sus abuelos, José Placencia y Susana, originarios de Jalisco y Colima, quienes llegaron al norte del país. Su abuelo se dedicó a la pesca y, con el tiempo, los viajes al mar terminaron convertidos en cocina familiar.

En esa mesa aparecían los productos que el mar daba: langosta, jaiba, pescado y pulpo. A esos ingredientes se sumaron arroz, frijoles y tortillas de harina, elementos cotidianos de la cocina del norte de México. De esa combinación nació la langosta estilo Puerto Nuevo, un platillo con más de 50 años de tradición que hoy forma parte de la identidad gastronómica de Rosarito y de Baja California.

Pabellón gastronómico de Baja CaliforniaCortesía

Su fuerza no está en la complejidad, sino en su origen. Es una preparación nacida de la disponibilidad del producto y de la cocina doméstica. La langosta roja de las costas bajacalifornianas encontró una forma local de servirse, con acompañamientos que hablan de la mesa mexicana: arroz, frijoles, salsa y tortilla.

Bautista destacó que el platillo ha sido reconocido dentro de la cocina tradicional mexicana y que su presencia en el Tianguis Turístico forma parte de una estrategia más amplia para posicionar a Baja California desde la gastronomía

El vino también ordena la ruta

Hablar de Baja California sin vino sería dejar incompleta la conversación. El Valle de Guadalupe aparece como uno de los puntos centrales del viaje, no solo por su producción vitivinícola, sino por la manera en que ha ayudado a construir una narrativa gastronómica alrededor del estado.

Frente a la langosta, Salazar no eligió el maridaje más esperado. En lugar de irse por un vino blanco, habló de un rosado. Para ella, los vinos rosados que se están produciendo actualmente en la región pueden acompañar bien la langosta, especialmente cuando se piensa en preparaciones como el burrito de langosta. Bautista coincidió en que el Chardonnay sigue siendo una opción tradicional por sus notas mantequillosas y de barrica, pero reconoció que un rosado del Valle de Guadalupe aporta otro tipo de lectura al platillo.

Ese diálogo entre langosta y vino muestra una de las claves de la cocina bajacaliforniana: no se trata de conservar los platillos inmóviles, sino de permitir que convivan con nuevas formas de consumo. La tradición no desaparece; se ajusta a un destino donde el vino, el producto marino y el turismo se cruzan constantemente. 

Stand de Baja CaliforniaCortesía

Mexicali, Tijuana y Ensenada: la frontera como ingrediente

La gastronomía de Baja California también se explica desde sus ciudades. Mexicali, con su fuerte presencia de cocina china, muestra cómo una comunidad migrante puede transformar la identidad alimentaria de un destino. Tijuana, por su parte, tiene en la ensalada César un caso particular: un platillo nacido en la ciudad que terminó instalado en cartas de restaurantes de distintos países. Ensenada completa esa lectura con los tacos de pescado, una preparación asociada al puerto y al producto fresco.

Lo interesante es que ninguno de estos ejemplos funciona de manera aislada. Todos hablan de una cocina que no responde a una sola raíz, sino a una suma de movimientos: personas que llegaron, productos que ya estaban, restaurantes que se volvieron puntos de referencia y recetas que pasaron de lo local a lo turístico sin perder su función cotidiana

Más allá de la mesa

La ruta gastronómica se amplía cuando se mira el destino completo. Salazar señaló al Valle de Guadalupe como una visita obligada para quienes viajan a Baja California, pero también mencionó San Pedro Mártir, un sitio que ha ganado visibilidad por sus cielos y por la certificación Dark Sky. Bautista añadió Playas de Rosarito, no solo por Puerto Nuevo y su langosta, sino por el impulso a senderos ecoturísticos y actividades como el parapente frente al mar.

En ese cruce entre comida, vino, paisaje y aventura está la apuesta turística del estado. Baja California no busca presentarse únicamente como destino de playa, ni solo como región vinícola, ni solo como cocina de mar. Su propuesta es más específica: una ruta donde el viajero puede comer langosta en Puerto Nuevo, tomar vino del Valle de Guadalupe, probar comida china en Mexicali, entender la historia de la ensalada César en Tijuana y reconocer en cada plato una frontera que también se cocina.

Periodista gastronómica. Ha colaborado en medios como Reforma, Uno Tv, Revista Fortuna, Contralínea, El Universal, Food and Travel y El Heraldo de México, en donde fundó en 2017 Gastrolab, ganador de Mejor Medio de Comunicación gastronómica en 2023 por Vatel Club México. Ganadora de la beca Women Deliver 2019.

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