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Cómo hacer un latte de cereza, la bebida que huele a pastelería antes de saber a café
La cereza no llegó al latte por casualidad: su acidez hace que el espresso se sienta más brillante y evita que la leche vuelva todo pesado. En el Día del Latte, este twist funciona perfecto.
Hay un detalle que explica por qué el latte de cereza puede oler a panadería aun sin llevar vainilla ni almendra: muchas cerezas, al calentarse, liberan un aroma que recuerda al amaretto. En la fruta y, sobre todo, cerca del hueso, hay compuestos aromáticos que evocan esa nota almendrada que asociamos con ciertos postres. Por eso, cuando la cereza se convierte en concentrado y toca el espresso, el conjunto se vuelve más perfumado, como si alguien hubiera abierto la puerta de una vitrina de panes.
En el marco del Día del Latte recordamos que el latte nació como un modo amable de beber espresso —más largo, más lácteo, menos punzante. El problema es que, cuando todo se puede “saborizar”, se pierde el punto: el café debe seguir siendo columna vertebral. La cereza funciona cuando hace de contrapunto, no cuando toma el control.
El espresso trae amargor, tostado y profundidad. La leche aporta dulzor natural y textura. La cereza suma dos cosas que el latte agradece: acidez y aroma. La acidez corta la grasa de la leche y evita que el trago se sienta plano; el aroma, levanta el café. Lo que lo arruina suele ser lo mismo: exceso de azúcar, artificialidad o una base frutal demasiado ácida que choca con la leche.
El truco está en el orden. Primero cereza, luego espresso, y al final la leche. Si haces lo contrario, la cereza se queda abajo como un syrup shot y el latte se bebe en dos actos: arriba café con leche, abajo dulce.
Ingredientes
- 1 espresso doble (o 60 ml de café muy concentrado)
- 200–250 ml de leche
- 20–30 ml de concentrado de cereza casero
- Opcional: 1–2 gotas de vainilla (solo si quieres redondear, no es obligatoria) Concentrado de cereza casero (para 6–8 lattes)
- 250 g de cerezas sin hueso (frescas o congeladas)
- 60–80 g de azúcar
- 120 ml de agua
- 1 cdita de jugo de limón
- 1 pizca de sal
Cómo se hace
- En una ollita, cocina cerezas, agua y azúcar a fuego medio 10–12 minutos, hasta que la fruta suelte color y aroma.
- Agrega limón y sal.
- Tritura apenas para extraer pulpa sin volverlo mermelada y cuela si quieres un acabado limpio.
- Enfría. Guarda en refrigeración 4 días.
- Pon el concentrado en la taza (20–30 ml).
- Extrae el espresso encima y revuelve 5–10 segundos.
- Texturiza la leche hasta microespuma sedosa (sin burbujas grandes).
- Vierte la leche: primero para integrar, luego para coronar con espuma. Ajustes finos
- Si quedó muy dulce: usa 15–20 ml de concentrado o baja el azúcar del concentrado.
- Si quedó débil de café: aumenta la dosis (espresso doble real) o usa una extracción más corta.