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En CDMX puede caer más lluvia que en Londres: 5 vinos para una tarde de tormenta
La temporada de lluvias transforma las tardes de Ciudad de México. De un rosado fresco a un tinto profundo para acompañar un mole o chocolate, cinco vinos de Bodegas Cepa 21 muestran que también el clima puede decidir qué botella abrir.
En Ciudad de México hay tardes que cambian en cuestión de minutos. El cielo se oscurece, baja la temperatura y aquello que parecía una tarde de verano termina convertido en lluvia, tráfico y ganas de quedarse en casa. Y con el clima también cambia el apetito: aparecen guisos más reconfortantes, la pasta, el queso, el chocolate y, por qué no, una botella de vino.
Porque el vino también puede beberse siguiendo el clima.
Así como no elegimos lo mismo para una comida al aire libre que para una cena larga, una tarde lluviosa puede pedir desde un rosado fresco hasta un tempranillo con estructura, dependiendo de lo que ocurra sobre la mesa —y afuera de ella—.
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Cepa 21
Ahí entra Bodegas Cepa 21, el proyecto encabezado por José Moro en Ribera del Duero, con distintas expresiones de tempranillo capaces de acompañar desde un aperitivo improvisado hasta platos de larga cocción.
La idea no es buscar un vino “para la lluvia” en sentido estricto, sino entender algo mucho más sencillo: cada botella tiene un ritmo distinto y no todas las tardes piden lo mismo.CDMX: una ciudad donde el verano también significa lluvia
Aunque Londres se llevó buena parte de la fama internacional como ciudad lluviosa, Ciudad de México concentra durante el verano una cantidad considerable de precipitación, especialmente entre junio y septiembre.
Y quienes viven aquí conocen la dinámica: mañanas luminosas que pocas horas después pueden terminar bajo una tormenta.
Eso también modifica la manera de comer.
Cuando baja la temperatura se antojan preparaciones más calientes, salsas profundas, quesos, carnes, pastas o simplemente algo que pueda ponerse al centro de la mesa mientras afuera sigue lloviendo.
Cepa 21
Hito Tinto: para cuando la lluvia empieza sin avisar
Hay lluvias que todavía permiten improvisar.
Empiezan unas cuantas gotas, se cancela el plan de salir y la cena termina armándose con lo que ya había en el refrigerador.
Elaborado a partir de tempranillo, es una de las expresiones más jóvenes y accesibles de Cepa 21, con un perfil donde aparecen fruta roja y negra, frescura y taninos suaves.
No necesita una comida complicada alrededor.
Una tabla de quesos y embutidos, pan, una pizza, una hamburguesa o incluso unas tapas pueden ser suficientes para acompañarlo.
Cepa 21: cuando quedarse en casa implica prender la estufa
Después están las tardes en las que ya quedó claro que nadie va a salir. La lluvia se instala y aparece tiempo para cocinar.
Una pasta con ragú, unas albóndigas, una lasaña, hongos salteados o una carne al horno necesitan un vino con más estructura, pero sin convertirse en protagonista absoluto de la comida.
Ahí entra Cepa 21, la etiqueta que da nombre a la bodega.
Elaborado con tempranillo y con crianza en roble, muestra fruta negra, especias, estructura y notas de madera integradas, pero conserva suficiente frescura para acompañar distintos platos. Ese equilibrio lo vuelve especialmente gastronómico.
Hito Rosado: para cuando vuelve a aparecer el sol
También existe ese fenómeno muy chilango: llueve con fuerza durante media hora y después, como si nada hubiera ocurrido, vuelve a entrar luz por la ventana. Para ese pequeño paréntesis aparece Hito Rosado.
Su perfil va hacia los frutos rojos, notas florales y una acidez fresca, lo que permite llevarlo hacia aperitivos, pescados, mariscos, ensaladas o incluso preparaciones con un ligero picante.
Es también una manera de romper con la idea de que los rosados pertenecen exclusivamente a los días soleados. La frescura puede funcionar perfectamente después de una tormenta.
Especialmente cuando todavía hace calor, el pavimento sigue mojado y alguien decide abrir la ventana o sentarse durante unos minutos en el balcón.
Cepa 21
Malabrigo: cuando la tormenta se pone seria
La temperatura baja, el cielo permanece oscuro y el apetito empieza a pedir sabores más intensos. Para eso está Malabrigo, una de las etiquetas con mayor estructura dentro del proyecto de Cepa 21.
En copa aparecen perfiles asociados con fruta madura, cacao, tabaco, especias y notas tostadas, acompañados por una textura más envolvente.
Y ahí el maridaje también cambia. Carnes asadas, guisos largos, estofados, hongos, salsas concentradas o platos con especias pueden funcionar particularmente bien.
Incluso aparece una conexión interesante con la cocina mexicana: un mole, por ejemplo, puede encontrar puntos de encuentro en las notas de cacao, especias y tostados del vino.
Horcajo: la botella que se guarda para una tarde especial
No todos los vinos necesitan beberse con frecuencia. Hay botellas que tienen sentido precisamente porque se reservan.
Horcajo representa esa parte más profunda del portafolio de Cepa 21: un tempranillo procedente de una parcela específica de la bodega y pensado para desarrollar mayor concentración, estructura y longitud.
Su perfil puede mostrar fruta negra madura, especias, tostados y notas provenientes del roble, con un final persistente.
Es un vino para carnes, asados, platos de cocción lenta o preparaciones intensas. Pero también puede beberse prácticamente solo.
Quizá durante una conversación, un libro que por fin encuentra tiempo para terminarse o una tarde en la que la lluvia simplemente sirve como telón de fondo.
Ribera del Duero también está cambiando
Detrás de estas botellas existe además una transformación que atraviesa a buena parte del mundo del vino. Durante años, algunos tintos de Ribera del Duero estuvieron asociados principalmente con concentración, potencia, madera y largos periodos de crianza. Hoy la conversación también mira hacia otro sitio.
Frescura, fruta, elegancia, menor sensación de pesadez y vinos capaces de llegar a consumidores que ya no necesariamente buscan tintos extremadamente robustos. Cepa 21 ha colocado precisamente esa evolución en el centro de su discurso.
“Queremos romper paradigmas en Ribera del Duero, apostar por la elegancia, la sutileza y una frescura que conecte con los nuevos paladares, sin olvidar nunca de dónde venimos. México nos inspira porque aquí el vino se vive con pasión poco antes vista en Latinoamérica, y eso es exactamente lo que queremos seguir transmitiendo: vinos que emocionan, que cuenten una historia y que acompañen los mejores momentos”, asegura José Moro.