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Seis mitos sobre la lenguas de señas que debemos dejar atrás: No es universal ni es mímica

Las lenguas de señas tienen gramática propia y forman parte de la identidad de millones de personas sordas en todo el mundo. 

Las lenguas de señas cuentan con estructuras gramaticales propias y forman parte de la identidad y cultura de las comunidades sordas.AFP

Cada 23 de septiembre se conmemora el Día Internacional de las Lenguas de Señas, una fecha que busca visibilizar la importancia de estas lenguas, reconocer los derechos de las personas sordas y promover sociedades más accesibles. Aunque su presencia ha ganado espacio, cabe mencionar que existen aproximadamente 70 millones de personas sordas en el mundo, todavía persisten ideas equivocadas sobre cómo funcionan y cuál es su papel en la comunicación.

Lejos de ser una colección de gestos o una versión visual de los idiomas hablados, las lenguas de señas son sistemas lingüísticos naturales, con gramática, sintaxis y vocabulario propios, de acuerdo con la Federación Mundial de Sordos. Además, están estrechamente vinculadas con la identidad y la cultura de las comunidades sordas.

En México, la Lengua de Señas Mexicana forma parte del patrimonio lingüístico de la comunidad sorda y está reconocida legalmente como lengua nacional. Sin embargo, el reconocimiento jurídico de una lengua no garantiza por sí mismo que todas las personas tengan acceso a ella o que puedan utilizarla en igualdad de condiciones.

Estos son seis de los mitos más comunes que conviene dejar atrás.

1. La lengua de señas es universal

Falso. No existe una única lengua de señas utilizada en todo el mundo. Al igual que ocurre con las lenguas orales, las lenguas de señas se desarrollaron en distintos contextos históricos y culturales.

La Lengua de Señas Mexicana (LSM), por ejemplo, es diferente de la Lengua de Signos Española (LSE) y del American Sign Language (ASL). Incluso países que comparten un mismo idioma oral pueden utilizar lenguas de señas distintas. Esto significa que conocer una lengua de señas no implica automáticamente comprender otra.

2. Son solo gestos o mímica

Falso. Las lenguas de señas no son una sucesión de ademanes improvisados ni una forma de pantomima. Se trata de lenguas naturales completas que cuentan con estructuras gramaticales, sintaxis, vocabulario y reglas propias. Tampoco representan necesariamente palabra por palabra aquello que se expresa mediante una lengua oral.

A través de las señas es posible comunicar ideas abstractas, emociones, metáforas y conceptos especializados, de la misma manera que ocurre con cualquier otra lengua.

3. Todas las personas sordas saben leer los labios

Falso. La lectura labiofacial es una habilidad compleja que depende de factores como la iluminación, la visibilidad del rostro, la vocalización y el contexto de la conversación.

Además, determinados sonidos pueden resultar prácticamente indistinguibles al observar únicamente los movimientos de los labios. Por ello, la lectura labial puede funcionar como una herramienta complementaria, pero no sustituye el acceso a una comunicación plenamente accesible.

4. Las expresiones faciales son solo un adorno

Falso. En las lenguas de señas, el rostro y los movimientos del cuerpo también cumplen una función lingüística. Las expresiones faciales, la posición de las cejas, la boca, la cabeza, los hombros y otros movimientos, conocidos en lingüística como rasgos no manuales, pueden modificar el significado de una oración.

Por ello, una expresión facial no debe interpretarse simplemente como una exageración del mensaje. Puede formar parte de la propia estructura gramatical y ayudar a indicar, por ejemplo, una pregunta, una negación o determinados matices de la oración.

5. Aprender lengua de señas dificulta el desarrollo del habla

Falso. El acceso temprano a una lengua de señas proporciona a las niñas y niños sordos una base lingüística que puede favorecer su desarrollo comunicativo y cognitivo. La lengua de señas no impide que una persona sorda pueda desarrollar posteriormente habilidades en una lengua oral o escrita.

Por el contrario, contar desde edades tempranas con una lengua accesible permite establecer una base para otros aprendizajes y para el desarrollo de habilidades de lectoescritura. El acceso oportuno a una lengua es, por ello, un elemento fundamental durante la infancia.

6. La inteligencia artificial ya puede sustituir a los intérpretes

Falso, al menos por ahora. El desarrollo de herramientas de inteligencia artificial, avatares digitales y sistemas de reconocimiento visual ha abierto nuevas posibilidades para mejorar la accesibilidad.

Sin embargo, estas tecnologías todavía enfrentan importantes limitaciones. Traducir una lengua de señas no consiste simplemente en convertir palabras habladas o escritas en movimientos de las manos. También requiere considerar la gramática propia de cada lengua, el contexto y los llamados rasgos no manuales, entre ellos las expresiones faciales y los movimientos corporales.

Además, la disponibilidad de datos para entrenar sistemas de inteligencia artificial es desigual entre las distintas lenguas de señas, lo que puede generar errores y limitar su funcionamiento.

Por ello, estas herramientas pueden convertirse en recursos de apoyo, pero no eliminan la necesidad de intérpretes humanos cualificados, especialmente en ámbitos donde una interpretación incorrecta puede tener consecuencias importantes, como la salud, la educación o la justicia.

El derecho a comunicarse

Garantizar el acceso a una lengua de señas tiene implicaciones que van más allá de la comunicación cotidiana. Una barrera lingüística puede dificultar el acceso a otros derechos, como la educación, la salud, la información y la participación social.

Por ello, promover la enseñanza y el conocimiento de las lenguas de señas, contar con intérpretes cualificados y desarrollar información accesible son medidas que contribuyen a reducir esas barreras.

El acceso temprano a una lengua también resulta especialmente importante para las infancias sordas, ya que les permite desarrollar herramientas de comunicación y aprendizaje desde los primeros años. Romper con los mitos es un primer paso para comprender que una lengua de señas no es una colección de gestos ni una versión universal del idioma hablado.

Es una lengua, una forma de expresión, un elemento de identidad y cultura y, sobre todo, una herramienta fundamental para ejercer el derecho a comunicarse en igualdad de condiciones.

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Periodista egresada de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales con experiencia en periodismo de datos y especializado.

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