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Arte e Ideas

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Riken Yamamoto, un arquitecto para disolver los muros

El reconocido arquitecto japonés, ganador del Premio Pritzker 2024, se reencuentra con México para participar en el festival Mextrópoli. A pocas horas de bajarse del avión, confiesa en exclusiva para El Economista que encontró en la Ciudad de México una forma de vida urbana que, dice, puede representar el futuro

Riken YamamotoFoto EE: Rosario Servin

A los 30 años, el japonés Riken Yamamoto ya había recorrido buena parte del mundo en automóvil para observar algo que terminaría definiendo su arquitectura: cómo se reúne la gente, cómo se construye una comunidad y por qué hoy es más indispensable que nunca la disolución de las ásperas fronteras entre la vida íntima y la pública.

Ese aprendizaje como punto de partida y toda la experiencia que le precedió le valieron la entrega en 2024 del Premio Pritzker de Arquitectura, el máximo galardón en el mundo para la disciplina.

En 1974 viajó de Los Ángeles a México y, desde ahí, atravesó Guatemala, Costa Rica y Colombia hasta llegar a Perú, en una expedición dedicada a estudiar la vida diaria y el entorno de los pueblos y comunidades de América. Dos años antes había recorrido la costa mediterránea y posteriormente viajaría también por Irak, India y Nepal. Riken fue, desde el inicio de su carrera, un arquitecto viajero y con los ojos bien abiertos.

Ciudad de México, una vieja amiga

Hoy, con 81 años de edad y a cinco décadas de su primera visita a nuestro país, Yamamoto está de vuelta, con el Pritzker a cuestas y la curiosidad intacta. Está aquí para participar en la decimotercera edición del festival Mextrópoli. Viene prácticamente llegando del aeropuerto y ya tiene comentarios sobre la vida en las calles de la capital mexicana.

En entrevista con El Economista, el japonés confiesa que hay algo que él conserva en la memoria sobre la Ciudad de México de hace cinco décadas y que, corroboró, sigue allí: una energía urbana difícil de reducir a edificios en los que cunde el aislamiento.

“Hace 50 años entramos a Tijuana desde Los Ángeles en un vehículo y me sorprendió demasiado. Lo que me sorprendió, yo creo, fue la energía vital de la ciudad, y cómo esa también emanaba de su arquitectura. En ese momento aprendí algo importante: cuando la gente se junta en un lugar o se congrega es capaz de generar un aura inmensa”, comparte el arquitecto. Ojalá que, durante su estancia en esta urbe, le dé tiempo de enterarse de que hoy los jóvenes mexicanos se ponen a farmear aura en las plazas públicas.

En esa misma congruencia, comparte que durante su recorrido desde el aeropuerto hasta el Centro Histórico, donde se está hospedando, reparó menos en los edificios que en la forma en que las personas ocupan la calle.

“Ustedes en México lo están haciendo bien (construir una ciudad compartida). Casi no sentí que hubiera tantos semáforos y, sin embargo, vi muchísimos mercados, vi muchísima congregación. Todos transitan libremente, pero no veo que sucedan muchos accidentes (risas). Eso es una ciudad. Una ciudad es algo que debe ser creado por los ciudadanos y no al revés (...) Puede ser que una urbe como la Ciudad de México represente el futuro”.

Eso sí, como todo observador propositivo, propone hacerle a esta mega mancha urbana una intervención deliberadamente sencilla: restringir aún más el ingreso de vehículos particulares al centro de la capital y ampliar el transporte público. “Con sólo eso la Ciudad de México cambiaría bastante”.

Transparencia para recuperar lo público

Su preocupación por los límites entre lo individual y lo colectivo atraviesa cinco décadas de obra y explica las razones para el fallo del Pritzker a su favor, galardón que lo convirtió en el laureado número 53 y en el noveno arquitecto japonés en recibirlo. El jurado destacó precisamente su capacidad para replantear la frontera entre los espacios públicos y privados y crear oportunidades para el encuentro comunitario. Considerables son los ejemplos de esa convicción en su obra.

Su trayectoria comprende viviendas, conjuntos habitacionales, escuelas, universidades, museos, estaciones de bomberos, ayuntamientos y proyectos urbanos.

La misma lógica aparece en su arquitectura institucional. La Estación de Bomberos de Hiroshima, por ejemplo, fue concebida con una fachada de vidrio que permite observar desde el exterior las actividades de los trabajadores, mientras que la Universidad Prefectural de Saitama articula sus edificios mediante terrazas y recorridos que hacen visibles las actividades de una parte del campus desde otra.

Para Yamamoto, esa transparencia no es únicamente una decisión estética, sino que aborda la necesidad de que las instituciones públicas no sean solamente transparentes en la práctica sino con su arquitectura. La perspectiva evoca un conflicto que ha aquejado históricamente a las ciudades de América Latina: la desconfianza de las personas en sus instituciones.

“Especialmente los edificios públicos tienen que ser transparentes”, sentencia. “Siempre tienen que poder verse desde afuera. En cambio, lo que está sucediendo ahora en todo el mundo es que los espacios públicos se están volviendo muy cerrados. Los espacios institucionales estatales, por ejemplo, la policía: ¿cómo son las policías actualmente? Están totalmente cerradas. Y es una de las instituciones más fundamentales. ¿Y por qué hay policía? Para proteger a los ciudadanos. Pero ¿qué pasa cuando la policía es una institución ensimismada? Empieza a controlar deliberadamente a los ciudadanos. Y eso cambia totalmente el sentido de lo público”.

Riken YamamotoFoto EE: Rosario Servin

“Mi motivación es divertirme”

También tiene una opinión sobre la evolución de la tecnología en su disciplina. Dice que conserva cierta desconfianza hacia los modelos estandarizados. Recuerda que cuando comenzó a trabajar los planos se dibujaban a mano y alrededor de ellos podía reunirse un grupo de arquitectos. Hoy, dice, la pantalla tiende a convertir el proceso en una relación individual con la computadora. Pero el problema que más le interesa es otro: qué memoria utiliza la arquitectura para imaginar el futuro.

“Cuando uno quiere hacer una arquitectura nueva, el pasado es muy importante. Del pasado aprendemos y, a través de esa memoria, podemos producir algo nuevo. Pero si uno quiere recurrir a ello a través de una computadora, lo único a lo que va a recurrir es a algo estándar. ¿Ustedes acaso creen que con una memoria estándar se puede crear algo nuevo?”, pregunta mientras levanta la mirada y cuestiona al entrevistador, a la compañera fotógrafa, al equipo de Mextrópoli y a sus asistentes.

Por eso, a sus 81 años y después de cinco décadas de práctica, asegura, su fuente de inspiración sigue siendo menos una tecnología que una experiencia humana: las personas que viven en los lugares que visita. “Quiero ver qué piensan, qué ven, qué sienten. De ello es de donde recibo la inspiración. Mi motivación para trabajar es ir a las ciudades y divertirme”.

Su arquitectura, reconocida por el Pritzker precisamente por convertir el límite entre lo privado y lo público en una oportunidad de encuentro, parece prolongar aquella primera lección que encontró viajando por México hace medio siglo: cuando la gente se reúne, el espacio deja de ser solamente un lugar y empieza a convertirse en comunidad.

Esta nota fue escrita en la terraza de un restaurante en el convulso centro de la Ciudad de México, junto a un bar de karaoke, donde el júbilo fue in crescendo, a la par de la euforia de sus cantantes. En algún momento, la mesera del restaurante se acercó para plantearle a éste que escribe si es mejor que baje la cortina para evitar la interferencia auditiva. La respuesta sencillamente es negativa. Quizás Yamamoto hubiera hecho lo mismo. La vida pública es ecléctica, pero es compartida y así nos encargamos de construir esta ciudad rica en superposiciones.

Obras ejemplares de Riken Yamamoto 

  • Hiroshima Nishi Fire Station — Hiroshima, Japón, 2000 
  • Saitama Prefectural University — Koshigaya, Japón, 1999 
  • Pangyo Housing — Seongnam, Corea del Sur, 2010 
  • Hotakubo Housing — Kumamoto, Japón, 1991 
  • Yamakawa Villa — Nagano, Japón, 1977 
  • GAZEBO — Yokohama, Japón, 1986 
  • Fussa City Hall — Tokio, Japón, 2008 

Su participación en Mextrópoli 

  • Conferencia magistral 
  • Teatro de la Ciudad Esperanza Iris 
  • 18 de septiembre 
  • 19:30 horas

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