Lectura 5:00 min
José Luis Ramírez y su lucha cuerpo a cuerpo con la pintura
El pintor duranguense José Luis Ramírez presenta en la Galería Manifesto “Crónicas de lo cotidiano”, una exposición individual de 13 obras que va de lo pequeño a lo monumental y que forma parte de Guadalajara Art Week 2026. Entre el desorden, el humor y la mirada de los niños, el artista pinta lo que ve en la calle y lo que la memoria le devuelve, y deja una idea sencilla para quien salga de la sala.
Foto: Especial
“Cada uno de mis cuadros es una lucha cuerpo a cuerpo donde a veces me gana o a veces pierdo, pero nunca empato.”
Así define José Luis Ramírez su manera de pintar y el espíritu de “Crónicas de lo cotidiano”, su nueva exposición individual en la Galería Manifesto, en Guadalajara, dentro de Guadalajara Art Week 2026. La muestra arrancó el 24 de septiembre y puede visitarse hasta el 31 de octubre de 2026, de lunes a sábado, de 10:00 a 19:00 horas, con entrada libre. Son dos salas con 13 obras, en su mayoría al óleo, con algunas piezas en lápiz, acrílico y aerosol, desde formatos pequeños hasta una obra de tres metros de ancho. Además se exhibe el libro “Aniversario de la Nada”, que recoge más de 25 años de su trayectoria y ya se presentó en Miami y en Ciudad de México.
Esa lucha empieza en la calle. Así describe Ramírez lo que hay en su obra:
“Mi obra representa en su totalidad un anecdotario constante de lo que recorro por las calles de mi ciudad principalmente, pero también de aquello que logro percibir y recordar los lugares a los que la pintura misma me ha llevado en el mundo.”
De ahí salen personajes públicos, figuras de la memoria, niños, animales y objetos que conviven en el mismo cuadro, intervenidos con tachones, dibujos infantiles y frases sueltas. Sobre ese gesto, su respuesta es directa:
“Es divertirme dentro de la obra, esto procuro hacerlo en todas y cada una de mis piezas.”
El desorden, entonces, no es un descuido. Es una necesidad, y él mismo lo explica:
“De hecho, las obras que tengo muy formales o limpias, como académicamente se dice, me genera mucha ansiedad verlas muy bien ordenadas, necesito ver un desorden en ellas, que se complementen con mi temperamento.”
Aun así, no se trata de dejarlo todo al azar. Esa mezcla es lo que más me interesa de su trabajo: el accidente funciona porque debajo hay oficio, algo que el propio artista reconoce cuando habla de su método:
“Prácticamente todo es intuición y accidente provocado, dentro de una base que académicamente está bien pintada.”
El mejor ejemplo es “Medio tiempo”, la pieza más grande de la muestra, con una multitud de personajes, objetos y animales. Ramírez la explica en tres momentos. Primero la mancha y la ubicación de los personajes, después el desborde de color, que puede ensuciar o descomponer la obra, y al final la definición, cuando decide cuál de todos debe ser visto por cualquiera que se pare frente al cuadro. Ahí aparece la idea que resume en el boletín de la exposición:
“Trato de buscar el elemento incómodo que puede generar una pregunta, una duda, un cuestionamiento razonable o no, porque cuando el cuadro aparentemente ya está, no está, y puede dar un giro completamente distinto.”
Foto: Especial
El humor también viene en los títulos. “Doña Cabrona”, “Señor Peluca” y “El crítico de arte elegante de la zona rosa” tienen carácter propio. Ramírez los piensa antes de terminar la pintura, y a veces los conserva y a veces no.
Los niños aparecen una y otra vez, en “El niño que soñaba hacia arriba”, “El niño churido” y “El jardín de los amigos invisibles”. Para Ramírez, que dibuja desde pequeño, trabajar con ellos es una forma de ponerse a prueba:
“Desde niño siempre dibujé, y me parece que trabajar con niños, cosa que hago con cierta frecuencia, me ofrece la oportunidad de enfrentarme a verdaderos críticos de arte.”
Me parece una de las frases más certeras de la entrevista, porque un niño no tiene nada que quedar bien con nadie. Mira, dice lo que piensa y se va.
Sobre el tamaño, el artista no se complica. Procura hacer los mismos trazos en una obra grande o chica, y el discurso no cambia, aunque disfruta más los formatos grandes por la libertad que le dan. Del libro “Aniversario de la Nada” habla con orgullo y gratitud:
“Es un libro que dignifica mi obra y dignifica gran parte de mi trayectoria, más bien que quise dignificar por medio de este documento, así como agradecer a los coleccionistas que tienen mi obra.”
La exposición, explica, es un acercamiento a las obras de ese libro, y “Doña Cabrona”, una de sus favoritas de la muestra, también está ahí. Su trayectoria suma 22 exposiciones individuales y más de 80 colectivas, y su trabajo ha llamado la atención de medios como Forbes México y ARTnews.
Al preguntarle qué le gustaría que se lleve el público al salir de Manifesto, la respuesta cabe en una línea:
“Que la vida es divertida.”
Después de revisar las obras de la muestra, creo que esa frase no es una salida fácil. En “Medio tiempo” hay una multitud que parece una fiesta y también una advertencia. En “El niño que soñaba hacia arriba”, un niño solo, con la cabeza echada hacia atrás contra un fondo azul, mira algo que nosotros no vemos. Esa es la apuesta de Ramírez: pintar la vida diaria con tanto color, tanto garabato y tanta travesura que el espectador se ría primero y se quede pensando después. Sale uno de ahí sin respuestas, pero con ganas de volver a mirar lo que pasa por la calle, que casi siempre es más raro y más divertido de lo que creemos.
Foto: Especial