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Diego Luna presenta en FICUNAM 16 Ceniza en la boca, una historia sobre migración y abandono familiar
El actor y cineasta presentó Ceniza en la boca, adaptación de la novela de Brenda Navarro, y habló sobre las heridas que deja la migración
El cine debe salir de las salas y encontrarse con otros públicos
La migración también se cuenta desde quienes se quedan. Desde las familias que enfrentan una ausencia, las preguntas que nunca encuentran respuesta y los vínculos que se transforman con el paso del tiempo. Esa es una de las ideas que atraviesa Ceniza en la boca, la película que Diego Luna presentó durante la edición 16 del Festival Internacional de Cine de la Universidad Nacional Autónoma de México (FICUNAM).
Después de la proyección, el actor y director sostuvo un encuentro con el público en el que compartió las motivaciones detrás de esta historia, basada en la novela homónima de la escritora mexicana Brenda Navarro. Una conversación que pasó de las decisiones narrativas de la película a experiencias personales, pero también a una reflexión sobre la responsabilidad de quienes hacen cine frente a las realidades que retratan.
Luna explicó que la lectura de la novela lo conmovió profundamente y lo llevó a cuestionarse distintas cosas. Sin embargo, desde el principio tuvo claro que trasladar un libro a la pantalla implicaba construir una historia propia.
"Es muy injusto intentar hacer la versión cinematográfica de un libro. De hecho, yo creo que es imposible sin terminar traicionando al libro", comentó.
Para el cineasta, la lectura y la experiencia cinematográfica son distintas. Mientras un libro establece una relación íntima entre quien escribe y quien lee, una película es un trabajo colectivo que exige apropiarse de la historia para llevarla a otro lenguaje.
Con esa libertad otorgada por Navarro, Luna encontró el punto de partida de su adaptación: contar la historia de una hija que crece sin su madre, vuelve a encontrarse con ella y tiene la oportunidad de confrontarla por el abandono. La madre, desde su propia experiencia, considera que su partida fue un sacrificio.
En esa contradicción encontró el drama que quería contar.
La migración también deja un vacío en quienes se quedan
La historia de Ceniza en la boca aborda la migración desde las relaciones familiares y sus consecuencias emocionales. Para Luna, cada persona que migra tiene una historia particular y responde a circunstancias distintas, por lo que resulta difícil generalizar las razones que llevan a alguien a dejar su lugar de origen.
No obstante, planteó que la discusión también debe dirigirse hacia las sociedades que reciben a quienes migran.
"¿Quiénes somos cuando recibimos a los que migran?", preguntó durante el conversatorio.
El director consideró que, además de atender las causas que obligan a las personas a desplazarse, las comunidades receptoras deben cuestionarse cómo responden ante quienes llegan. México, recordó, conoce distintas caras de la migración: es un país de origen, tránsito y destino.
En su caso, la historia tiene una conexión personal. Luna compartió que su madre se fue cuando él tenía dos años, una ausencia que ha estado presente a lo largo de su vida y que encontró una vía de expresión en esta película.
"Siempre que puedo hablar de este hueco que yo cargo, lo hago porque esa oportunidad me ofrece mi trabajo, en hablar de lo que me preocupa, lo que me importa", explicó.
Esa experiencia también atraviesa la relación entre los personajes y los silencios que se acumulan dentro de la familia. Para Luna, una de las dificultades que retrata la película es la incapacidad de hablar a tiempo sobre aquello que duele.
Los personajes postergan conversaciones necesarias hasta que los problemas crecen y las palabras llegan cuando el daño ya está hecho. El cineasta señaló que la película no busca juzgar a sus protagonistas, pero sí plantea una pregunta sobre las relaciones personales: qué ocurre cuando la falta de comunicación se instala en los vínculos más cercanos.
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El cine debe salir de las salas y encontrarse con otros públicos
Durante el encuentro en FICUNAM, Luna también respondió a una pregunta sobre el alcance social del cine y el riesgo de que las historias sobre migración circulen únicamente entre públicos que ya tienen acceso a festivales y espacios culturales.
El director coincidió en que sería una limitación que las películas permanecieran dentro de esos circuitos. Recordó su experiencia en Ambulante, proyecto de exhibición documental que contribuyó a llevar el cine a plazas públicas, escuelas, galerías y centros penitenciarios.
La intención, explicó, era acercar distintas propuestas cinematográficas a personas que difícilmente tenían acceso a las salas convencionales.
También compartió experiencias de las funciones de Ceniza en la boca en España, donde las proyecciones dieron paso a conversaciones entre personas migrantes de México, República Dominicana, Ecuador, Colombia y Venezuela. En esos encuentros, los asistentes compartieron sus historias y discutieron sobre los cambios que la migración genera en sus comunidades.
Para Luna, ese intercambio es parte de lo que busca cuando realiza una película: que la historia trascienda la pantalla y encuentre conexiones con la vida de quienes la ven.
"Para mí es esencial el encuentro. Para mí es esencial este ida y vuelta que genera el teatro y en el cine busco lo mismo", expresó.
Antes de cerrar la conversación, el cineasta hizo un llamado al público para respaldar las producciones mexicanas en las salas de cine. Señaló que el espacio limitado que tiene el cine nacional en la cartelera también está relacionado con las decisiones de consumo de los espectadores.