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Arte e Ideas

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Bangarra lleva al Cervantino las heridas de la colonización

La compañía australiana convirtió el escenario del Auditorio del Estado, en Guanajuato, en un territorio para recorrer más de 65,000 años de memoria, despojo y resistencia de los pueblos originarios en el subcontinente.

FuturesPast, de Bangarra Dance Theatre, evoca en el Festival Cervantino las cicatrices de un mundo herido por la colonización y el despojo. foto: cuartoscuro

El fondo del escenario en el Auditorio del Estado, en lo alto de una de las colinas de la ciudad de Guanajuato, primero parece tierra en el inicio de la obra coreográfica “FuturesPast”, de la compañía australiana Bangarra Dance Theatre, el fin de semana inicial de la edición 54 del Festival Internacional Cervantino.

Una pantalla enorme al fondo del escenario proyecta la imagen de una extensión terrosa, de tonos marrones, de relieve estriado, como si el escenario hubiera dejado de ser escenario para convertirse en una porción del territorio australiano.

Después, esa misma superficie adquiere otros tonos y texturas: se vuelve boscosa, húmeda, profunda. Esto sucede mientras los integrantes de la compañía están representando las ceremonias de curación, en las que muchas de las tribus aborígenes australianas se untan ocre blanco, una arcilla sagrada con nombres originarios como gapan o wilgee, cuyo proceso de extracción manual de canteras y pozos a lo largo de todo el territorio se ha mantenido intacto por milenios.

Y hacia el final, cuando la obra ha atravesado el escenario del inmueble, con sus danzas, sus atuendos y rituales, el trasiego de los pueblos originarios del subcontinente, por el implacable proceso llamado “de asimilación” occidental de los pueblos, que se vieron obligados, y aún hoy, a renunciar a su identidad, su aspecto, su lengua, para entrar en eso que llaman “proceso civilizatorio” avasallador de siglos de memoria, el paisaje parece mineralizarse bajo una luz blanca, atravesada por destellos dorados. Allí ya no es una escenografía terrosa sino una especie de piedra mineral blanca, como el ocre ritual, cuyas estrías, antes terrosas, ahora son áureas.

Este proceso, a lo largo de toda la obra, no es solamente un cambio de escenografía. Es el territorio convertido en memoria.

Un trasiego milenario

Bangarra Dance Theatre trajo a México “FuturesPast”, primero al Teatro Julio Castillo de Ciudad de México y después al Festival Internacional Cervantino, donde tuvo funciones el 3 y 4 de octubre. La pieza, dirigida y coreografiada por la artista Frances Rings —integrante de las comunidades indígenas wirangu, mirning y kokatha, de la costa oeste de Australia meridional— propone un recorrido por más de 65 mil años de relación entre los pueblos aborígenes e isleños del Estrecho de Torres, compartido con Papúa Nueva Guinea, esa noción donde la cosmovisión de los pueblos originarios rebasa la idea occidental de propiedad de la tierra.

La superficie escénica —diseñada por Jacob Nash y transformada por la iluminación de Lucy Mitchell— funciona así como una suerte de piel. No permanece quieta mientras los bailarines atraviesan el escenario: cambia con ellos. Y en ese tránsito hay algo que la obra parece preguntar sin formularlo directamente: ¿qué ocurre con un territorio cuando quienes lo habitan son obligados a cambiar la manera en que lo nombran, lo recorren y lo recuerdan?

“FuturesPast” está construida en tres actos. El primero, Old World, mira hacia una relación ancestral con la tierra, el cielo y el agua. El segundo, People, introduce la fractura: la colonización británica, el despojo, las enfermedades y la ruptura de los vínculos familiares y territoriales. El tercero, Country, devuelve la mirada al territorio como una responsabilidad que atraviesa generaciones.

Procesos de desprendimiento identitario

Pero la palabra asimilación no se trata aquí de una abstracción histórica. En 1937, una conferencia nacional de autoridades australianas convirtió la asimilación en política. A partir de esa década, durante décadas, gobiernos estatales y federal impulsaron medidas destinadas a que los pueblos aborígenes adoptaran las formas de vida de la población no indígena. Una de sus políticas más devastadoras fue la separación forzada de niños de sus familias. Los resultados de la Investigación Nacional sobre la Separación de Niños Aborígenes e Isleños del Estrecho de Torres de sus Familias, presentados en 1997, documentó que esas prácticas buscaban cortar vínculos familiares, culturales y lingüísticos.

La historia hoy alcanza incluso el cuerpo de los bailarines: aquello que alguna vez se quiso borrar aparece ahora como lenguaje contemporáneo. Bangarra nació en 1989 y, desde entonces, ha convertido danza, música, poesía y diseño en instrumentos para transmitir historias y conocimientos de los pueblos originarios. Precisamente “FuturesPast” es resultado de la condensación de fragmentos de tres obras anteriores de Rings —“Artefact”, “Terrain” y “Yuldea”— y los convierte en una nueva continuidad.

El recorrido adquiere un peso particular después de que en julio de 2026, en Venecia, Bangarra recibiera el León de Oro a la Trayectoria en Danza de la Biennale Danza, convirtiéndose en la primera compañía australiana, y en la primera compañía, en lugar de un artista individual, desde la creación del reconocimiento, en recibirlo. Frances Rings y el antiguo director artístico Stephen Page recogieron el premio el 26 de julio.

De Venecia a Guanajuato, entonces, Bangarra no llegó únicamente con una obra de danza. Llegó con un archivo vivo. Uno que, sobre el escenario, cambia de color sin dejar de ser el mismo territorio.

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