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Bienvenidos a la Culturonomía
Ha nacido una nueva ciencia, llamada por sus creadores, Jean-Baptiste Michel y Erez Lieberman Aiden: Culturomic, término que podemos traducir, en el mismo esfuerzo de juntar las palabras Cultura y Economía, como Culturonomía.
Ha nacido una nueva ciencia, llamada por sus creadores, Jean-Baptiste Michel y Erez Lieberman Aiden: Culturomic, término que podemos traducir, en el mismo esfuerzo de juntar las palabras Cultura y Economía, como Culturonomía.
Lo que hicieron Michel y Lieberman fue crear una base de datos a partir de los billones de palabras que contiene Google Books, que actualmente conjunta 15 millones de libros (12% de los que se han publicado en la historia).
Esta base de datos ha permitido, por lo pronto, que John Bohannon y Adrian Veres crearan el Science Hall of Fame (SHoF), usando una medida objetiva y literal de la fama: la aparición de los nombres en los libros.
En el mundo de la ciencia existe -y es una herramienta valiosísima- la medida del impacto que tiene el trabajo de los científicos entre sus colegas, se basa en las citas en publicaciones especializadas. Pero al SHoF le interesa la fama en general, así que busca en todos los libros disponibles, independientemente de si tratan de ciencia o no.
La primera versión de la SHoF, reconocen sus creadores, tiene múltiples omisiones y algunos problemas con la clasificación de los científicos, aún así es posible encontrar datos, tendencias y sacar conclusiones muy interesantes.
Cómo funciona
La fama de Charles Darwin es alucinante , escribe Bohannon, en la edición del 14 de enero de la revista Science donde presenta el SHoF. Y es que el nombre de Darwin se menciona en más de 2% de todos los libros publicados en inglés de 1839 (cuando el creador de la Teoría de la Evolución tenía 30 años) al 2000 (y está creciendo, en el año 2000 la cifra es alrededor de 4 por ciento).
Para poder comparar a unos científicos con otros, es útil tener una unidad de medida, así que propuse el Darwin , comenta Bohannon. Un Darwin sería la frecuencia promedio anual en que el nombre Charles Darwin (completo) aparece en los libros publicados en inglés entre 1839 y 2000. Como Darwin es muy famoso, la unidad de uso en el SHoF es la milésima parte, el miliDarwin (mD).
Lo primero que salta a la vista es que la distribución de la fama entre los científicos, como muchos fenómenos humanos (la riqueza de los ciudadanos o el tamaño de las poblaciones), decrece exponencialmente. Es decir, unos cuantos científicos acumulan casi toda la fama (digamos de 100 mD para arriba) y a la gran mayoría casi nadie los conoce y tiene 3mD o menos.
Las caprichosas reglas de la fama
En su artículo de Science, Bohannon reporta hallazgos muy interesantes. Como que el hecho de que obtener el premio Nobel no ayuda a la fama, al menos no a la libresca del SHoF. Lo único que sí parece garantizar el premio de la Academia Sueca es que el nombre aparezca en el índice.
Pero si bien es cierto que hay varios premios Nobel entre los más famosos, también lo es que los ganadores del premio se encuentran repartidos de manera uniforme entre el resto de los científicos.
Prueba de ello es que nuestro único Premio Nobel de Química, Mario Molina, tiene apenas 8 mD y no es el primer mexicano que aparece en la lista, el cual es, curiosamente, Melchor Ocampo, quien tiene 18 mD.
Ocampo muestra las veleidades de la fama, que suele venir de fuentes que no sean la ciencia, pues, si bien es cierto que hizo estudios de la flora y la fauna de su natal Michoacán, no cabe duda de que aparece en los libros en inglés por la firma del tratado McLane-Ocampo.
Y como si hiciera falta demostrar que la política da más fama que la ciencia (y que el SHoF todavía tienen muchas cosas por afinar), en el campo de la Biología, el siguiente mexicano después de Ocampo es el abogado Adolfo Aguilar Zinzer, quien, a menos que haya estudiado las plantas en las macetas de su patio trasero , no tuvo actividad científica alguna.
Otra fuente de fama para los científicos es, cosa rara, la filosofía. Así, el único científico que supera a Darwin es el matemático, que se hizo famoso como filósofo, escritor y activista político, Bertrand Russell, con 1,500 mD.
Si bien el filósofo Bertrand Russell escribió el gran libro Principia Matemática, la fama le viene, como dicen algunos (quizá envidiosos) de no hacer Matemáticas .
De hecho, la primera regla que da Bohannon para ser famoso en la ciencia es evite las Matemáticas .
Entre libros destacan los escritores
Sin embargo, y quizá porque el índice viene de los libros, el elemento principal para la fama parecen ser justamente lo libros, en especial los que se leen.
Darwin hizo al menos dos que la gente, en su época y en estos tiempos, leyó o, de pérdida, tienen en el librero: El origen de las especies y El origen del hombre.
Con Russell no hay por dónde empezar a contar, y quizá bastarían Por qué no soy cristiano o La conquista de la felicidad para meterlo a los primeros lugares de SHoF.
Esta regla se fortalece con la presencia de Lewis Carroll (489 mD y autor de Alicia en el País de las Maravillas) como el segundo matemático en la lista y el cuatro científico más famoso, igual que aparecen entre los primeros 25 los nombres así como las del bioquímico Isaac Asimov (183 mD), el teórico de la Evolución Stephen Jay Gould (169 mD) y el astrónomo, que hasta en la TV salió, Carl Sagan (152).
También a los libros se debe la presencia de los más altos de los hispanohablantes: el polémico antropólogo peruano Carlos Castaneda (en el no. 78 con 69 mD), quien escribió Las enseñanzas de Don Juan (de dudoso rigor académico), y el mucho más respetable Mario Bunge (lugar 113 con 46 mD) quien, amén de haberse graduado en su natal argentina de físico matemático, se dedicó sobre todo a la filosofía, escribió 80 libros, entre ellos ocho importantes tomos de historia de la filosofía. Destaca el caso del español José Echegaray, el primer nombre hispano de la lista de los matemáticos, quien ganó un Premio Nobel en 1904 pero el de Literatura, pues era dramaturgo.
Aunque, claro, hacer ciencia de primer nivel y cambiar la forma en la que los humanos vemos el mundo también cuenta. Así, Albert Einstein (878 mD) es el tercer científico más famoso de la historia aunque sean muy pocos quienes puedan leer sus trabajos.
Hágalo usted mismo
Pero quizá lo más interesante de la incipiente culturonomía es su accesibilidad. Basta entrar a culturomics.org para tener acceso al reporte de Science donde se muestran los resultados y al buscador de la base de datos de google books (al que puede llegar directamente en ngrams.googlelabs.com).
Así como aquí se han expuesto algunas observaciones sobre el SHoF, algunas de sus creadores y otras de quien suscribe esta nota, a partir de la página de resultados es posible hacer muchas más, y varios juegos. Como ver qué tanto conocemos a los científicos más famosos. Le sorprenderá ver cuántos casi desconocidos hay entre los primeros 25 (recuerde que la búsqueda es en dos siglos de libros, el pico de su fama ya pasó), pero como tienen liga a Wikipedia es fácil saber quienes son.
Por ejemplo, en octavo lugar (346 mD) está el fascinante Karl Pearson, que no sólo es considerado el creador de la estadística matemática, también está detrás de la teoría de la relatividad de Einstein.
Según se sabe, Einstein recomendaba el libro de Pearson The Grammar of Science a sus colaboradores y en ese libro, Pearson comenta sus ideas sobre cómo el transcurrir del tiempo es relativo a la velocidad del espectador y que uno observador que viajara a la velocidad de la luz viviría en un presente perpetuo.
Curiosamente, Pearson predijo que Charles Darwin no sería el nieto más famoso de Erasmus Darwin, sino Francis Galton, quien se encuentra en el lugar 12 de la tabla con 255 mD.
Por cierto, en ngrams.googlelabs.com es facilísimo hacer un experimento y obtener una gráfica de resultados.
Basta llenar algunos campos con fechas y los nombres o palabras que se quieran comparar y los resultados se muestran en lo que parecen fracciones de segundo Pero cuidado, para ciertas personas parece ser adictivo.
mlino@eleconomista.com.mx