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Arte e Ideas

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Baladas de muerte y crimen

Daniel Woodrell hace de los Ozark el paisaje del demonio.

Especial

Boshell no se contentó con matar una vez a su vecino. El tipo, el vecino quiero decir, era un norteño presumido que se atrevía a decirle a Boshell y su familia cómo vivir, gente de Misuri de toda la vida. La situación llegó a ser tan tensa que Boshell se mandó a hacer una calcomanía para la camioneta en la que se leía “¡Me vale cómo se hagan las cosas en el norte!”.

Así que Boshell mató a su vecino. Y siguió matándolo una y otra vez. Sí, a eso me refiero: iba y le clavaba hachas y cuchillos al cadáver a medio enterrar. Era su placer. Carne podrida y machacada.

Uno puede pensar que semejante conducta lo único que haría es que a Boshell lo agarrara la policía en cualquier momento. Pero no en los Ozark, no. Los Ozark son la tierra del demonio, donde la ley la imponen los lugareños, no la policía, ni ningún gobierno.

Daniel Woodrell (Estados Unidos, 1953) trae a la vida ese mundo dejado, literalmente, de la mano de Dios. Los Ozark es esa zona de Estados Unidos donde viven lo que, no sin cierto desprecio, el resto de los estadounidenses llaman “hillbillies”, los montañeses que se asentaron en Misuri, Arkansas y Alabama.

En su libro de cuentos The outlaw album (Back Bay Books) Woodrell dibuja un cuadro de horror que no deja de tener sus momentos de comedia. Es decir, si Boshell quiere seguir asesinando a su vecino uno no se puede sino horrorizarse y ponerse a reír como un chiflado.

Está también la historia de la chica que medio mata a su tío, un violador. Al golpearlo, el tío sufre daño cerebral y se convierte en el bebé grotesco de la sobrina. O la del vendedor de abarrotes que se pregunta si por fin alguien encontrará el cadáver de su hija adolescente, desaparecida del jardín de su casa y nunca vista de nuevo.

¿Vieron Tres anuncios por un crimen, la extraordinaria película de Martin McDonagh nominada al Oscar? Es exactamente ese mundo el que retrata Woodrell. Y no importa si no habían oído hablar antes del autor, seguramente han visto su obra, la novela Winter’s bone: su adaptación, magnífica, le trajo a Jennifer Lawrence su primera nominación al Oscar y su entrada a la notoriedad.

The outlaw album es un libro que se queda en la cabeza como una larga resaca de whisky, del peor whisky. Pero, ah, qué divertida la borrachera frente al fuego y con las trocas tocando country a todo lo que dan. Es un paisaje que da para narrar historia y si son de tipo truculentas, mejor. Total, todos estamos en libertad condicional.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

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