Racistas convertidos en justicieros

Opinión
Desde luego, no defiendo al gobierno morenista de la 4T. Ha sido el verdugo de nuestra frágil democracia. Liquidó al Poder Judicial mediante una elección tramposa, ha tomado al INE y el Poder Legislativo está en sus manos. Practica el uso de recursos públicos a favor de un partido, como en los peores tiempos del PRI y, como cereza en el pastel, posee una narrativa hipócrita, simplista y aburrida. Pero me pregunto si una intervención de los Estados Unidos es la solución.
La penetración del crimen organizado en las estructuras gubernamentales y partidarias es un fenómeno de larga data. Existe la fundada sospecha de que funcionarios mexicanos han sido soplones del crimen organizado (CO) en varias ocasiones. Esta penetración del CO en la vida política no es nueva y las agencias de Estados Unidos también lo sabían desde hace mucho. Conocían quién, cómo y cuándo, pero los sucesivos habitantes de la Casa Blanca priorizaron otros temas con los gobiernos mexicanos.
¿Qué fue lo que cambió? Creo que dos cosas fueron decisivas. Por un lado, la penetración del crimen organizado en la esfera pública llegó a niveles alarmantes: presidencias municipales, gobiernos estatales, legisladores federales, intervención en procesos electorales. Hay elementos para suponer que este fenómeno comenzó durante el gobierno de Peña Nieto y se intensificó con López Obrador. Por otro lado, las drogas, en especial el fentanilo, se convirtieron en una epidemia nacional. En un año se registraron más de 100 mil muertes en los Estados Unidos a causa de esto. Hay que señalar que no es usual que los vendedores de sustancias ilícitas provoquen la muerte de sus clientes. Digamos que es contra el negocio.
El gobierno gringo no buscó la causa del problema en la propia sociedad norteamericana. Si hay mercado, hay droga. Salió a buscar un culpable a modo: México y su corrupción. Echar la culpa a los votantes gringos por su adicción no redunda en votos, pero buscar culpables en otro lado probablemente sí. La lucha contra las drogas de Trump está envuelta en una nauseabunda narrativa racista, autoritaria e imperialista, sin asomo de respeto a la integridad de las naciones y las leyes internacionales.
Muchos de los que hoy abordan le exigencia de Estados Unidos para solicitar la extradición de mexicanos parecen olvidar lo anterior e, incluso, le dan la bienvenida, como si nuestros vecinos del norte tuvieran el derecho de amenazar a México. Dirán que no amenaza a México sino a Morena y su gobierno, pero se olvidan de más de 150 años de historia común entre los dos países.
Otros han propuesto negociar una especie de acuerdo de seguridad bilateral. ¿Suponen que es eso lo que en realidad quiere el gobierno de Trump? Personalmente, lo dudo. El señor naranja quiere votos y sumisión. Primero fue la migración, dobló a amlo; ahora, quiere detener el flujo de drogas como si su país no tuviera ninguna responsabilidad por el consumo. No es el tema, es el poder.
¿Estamos tan deseosos de que Morena se vaya del poder que extendemos una alfombra roja a un bully internacional que ha probado que no le importan las causas democráticas ni la justicia? Lo más importante: ¿en serio creemos que la guerra de la DEA, la CIA, el FBI y las demás agencias sólo es contra el narcopartido? ¿No vemos el racismo y el desprecio con el que actúan? Para ellos los mexicanos somos todos corruptos o tendemos a la corrupción.
En 2004, Samuel P. Huntington publicó un libro llamado ¿Quiénes somos?: los desafíos a la identidad nacional en donde acusa el “peligro” de la migración ilegal hacia Estados Unidos sobre todo de latinoamericanos y, en especial, de mexicanos, a los que declara inasimilables y corruptos y, por lo tanto, una amenaza a la identidad, integridad y seguridad de ese país.
Apenas en enero pasado, el presidente Donald Trump promovió un nuevo libro que advierte sobre “un golpe de estado invisible” contra Estados Unidos, organizado por el gobierno mexicano y Morena al “usar como arma política la migración masiva para influir en elecciones y minar la seguridad nacional”. Se trata de The invisible coup: how american elites and foreign powers use immigration as a weapon, de Peter Schweizer.
Estas son las bases intelectuales de Trump y su grupo, ¿estos son los que traerán justicia a México y sacarán a Morena? personalmente, creo que Sheinbaum está siguiendo el consejo del expresidente De la Madrid: no ceder fácilmente. No puede hacer otra cosa, pero necesita justificarse ante su partido, sus seguidores y AMLO. Al final, los entregará.
Sí, los diez de Sinaloa son pillos y merecen la cárcel, pero no hagamos héroes a delincuentes disfrazados de justicieros. No nos equivoquemos.
