Mundial 2026: conectividad improvisada

Ernesto Piedras | Inteligencia competitiva
A menos de 30 días del arranque de la Copa Mundial FIFA 2026, la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) finalmente aprobó un esquema de descuentos para el uso temporal de espectro radioeléctrico, con el objetivo de reforzar la capacidad de las redes móviles durante el evento.
La medida reconoce que México enfrentará uno de los mayores retos de conectividad de su historia reciente, si bien con un corto margen de tiempo.
La conectividad no se improvisa. El regulador entendió ciertamente que un Campeonato Mundial no es únicamente un evento deportivo, sino que entre muchas otras cosas es también una gigantesca concentración de usuarios digitales.
Decenas de miles de personas conectadas simultáneamente en un estadio compartiendo videos, realizando transmisiones en vivo, utilizando aplicaciones de movilidad, boletos digitales, mapas, servicios financieros y plataformas sociales en tiempo real. Efectivamente, el tráfico de datos se multiplica en estadios, aeropuertos, hoteles, corredores turísticos y fan-fests.
Las redes móviles no colapsan por falta de cobertura, sino por falta de capacidad. Y esa capacidad depende directamente del espectro y de la infraestructura desplegada para aprovecharlo.
Espectro: eslabón esencial más no suficiente. La CRT autorizó el acceso temporal a bandas como 600 MHz, 1.9 GHz, 2.5 GHz y 3.3-3.6 GHz para Telcel, AT&T y Altán Redes. La intención es correcta al permitir que los operadores incrementen sus capacidades en zonas críticas durante el torneo. Sin embargo, existe una realidad técnica que no puede ignorarse: asignar espectro no equivale automáticamente a tener una red lista.
Para utilizar esas frecuencias se requiere planeación, ingeniería, disponibilidad de equipos y tiempos de despliegue que normalmente ascienden a meses, no en cuestión de días o pocas semanas.
De hecho, la propia industria ha señalado que los tiempos regulatorios hacen prácticamente imposible ejercer plenamente este mecanismo antes del inicio del #Mundial2026. Entre la solicitud formal, la resolución de la autoridad y el despliegue físico de infraestructura, el calendario simplemente ya no alcanza.
El Mundial no espera. Los eventos masivos son pruebas de estrés para cualquier red móvil del mundo. Incluso mercados con abundancia de espectro y despliegues avanzados de 5G llegan a enfrentar saturaciones temporales en estadios y zonas de alta concentración.
En México, donde el consumo móvil sigue creciendo aceleradamente y buena parte del tráfico aún cursa sobre redes 4G, el desafío es aún mayor. Las redes deben atender no sólo a los asistentes internacionales, sino también al consumo cotidiano de millones de usuarios nacionales.
Además, el #Mundial2026 exigirá conectividad crítica para servicios de seguridad, protección civil, logística y transporte. Una degradación importante de la red no afectaría únicamente la experiencia digital del aficionado, también podría impactar procesos operativos esenciales.
Por ello, la planeación debió comenzar mucho antes.
Desde 2024 ya existían advertencias desde el extinto IFT, sobre la necesidad de fortalecer la capacidad de red rumbo al torneo. Incluso se habían identificado estadios, aeropuertos y corredores turísticos como puntos de presión extraordinaria para las telecomunicaciones móviles.
Lecciones regulatorias hacia adelante. La buena noticia es que los operadores móviles ya venían realizando preparativos y despliegues de infraestructura para enfrentar el incremento de tráfico esperado. Sin embargo, ninguna red puede ampliar sus capacidades en menos de un mes.
Por ello, el éxito operativo durante el Mundial dependerá más de la planeación previa de los operadores, del uso eficiente de infraestructura existente y de mecanismos complementarios de descarga de tráfico, como lo es el WiFi, que del impacto inmediato de estas autorizaciones temporales.
La decisión de la CRT apunta en la dirección correcta. El problema pudo haber llegado meses o incluso años antes para sumar de manera significativa a las condiciones de provisión de conectividad del evento más demandante que enfrentarán las telecomunicaciones mexicanas en varias décadas.
