Inseguridad internacional

Opinión
Hay varios focos detonadores de inseguridad mundial que afectan tanto a la economía como a las relaciones geopolíticas. Y el problema es que, para su solución, no hay un efectivo liderazgo institucional que permita las respuestas concertadas.
Sobresalen las amenazas verbales de Trump en relación con la seguridad euroatlántica. Acude al exabrupto y a las medias verdades para parecer auténtico. Su crítica a la OTAN es amenazante y solo produce respuestas de algunos jefes de Estado europeos.
El conflicto con la OTAN se relaciona con la posición que tiene Estados Unidos con Ucrania. Ahora Trump se identifica como simpatizante de Putin. Ante ello, el presidente de Ucrania Volodímir Zelenski dijo: “Es doloroso cuando el presidente Trump elige un bando, y no es el nuestro”. Recientemente, la Casa Blanca ordenó afectar la defensa de Ucrania. La insólita alienación entre Trump y Putin significa hostilidad hacia Europa.
Otro foco delicado de afectación geopolítica es la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, que a pesar de muchos intentos de negociaciones el conflicto continúa. La interrupción del paso por el estrecho de Ormuz afecta a una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado. Estados Unidos, Japón y Europa han recurrido a sus reservas de petróleo, así como a la sustitución de fuentes de energía y la diversificación de proveedores.
Otra luz roja es la posición de Trump, apoyado por Putin y Netanyahu, de intentar anular la Corte Penal Internacional, el instrumento creado por las naciones para castigar a los criminales de guerra y otras violaciones contra la humanidad. Putin y Netanyahu están considerados como criminales de guerra.
En el mundo hay amenazas de repetir la experiencia de 1968. En Francia, Italia, España, Alemania, Bélgica y Portugal, se han producido manifestaciones de estudiantes contra los gobiernos. En todos los casos se trata de protestas contra lo elevado que esta el costo de la vida, mismo que tiene perspectivas, según la ONU, de una posible crisis alimentaria. A ello se suma el desempleo, la falta de viviendas y los malos servicios sociales.
Estas manifestaciones tienen lugar en las grandes ciudades por lo que vislumbran una potencialidad desestabilizadora. Ante ellas los gobiernos han acudido a la represión con el uso de gases lacrimógenos, cañonazos de agua y tropas.
