Ni los aranceles frenan a China ni México frena el contrabando

Eduardo Ruiz-Healy | Ruiz-Healy Times
El Ministerio de Comercio de China dictaminó la semana pasada que los aranceles mexicanos constituyen “barreras al comercio y la inversión". Pekín calcula pérdidas de exportación hacia México por 9,400 millones de dólares en sus sectores mecánico y eléctrico y amenazó con tomar contramedidas que afecten directamente las exportaciones mexicanas hacia ese mercado. México alega que se defiende del dumping —vender productos por debajo de su costo de producción para eliminar a la competencia local.
Enero no trajo señales de que los aranceles estén funcionando aún. Las importaciones desde China rondaron los 11,400 millones de dólares, casi las mismas que doce meses antes. En 2025 el déficit comercial de México con ese país rompió su récord histórico y llegó a 123,053 millones de dólares —trece pesos comprados por cada peso vendido. En autos, en enero pasado se vendieron 29,258 unidades chinas, 26.6% más que en el mismo mes de 2025; su participación del mercado subió de 19.1% a 22.3 por ciento.
El arancel no frena las importaciones porque buena parte de lo importado en enero ya estaba pagado en 2025 y un gran número de exportadores chinos e importadores mexicanos decidieron absorber parte del sobrecosto para no perder mercado. Además, muchos productos no pueden sustituirse rápidamente: el 41% del calzado importado en 2024 —2,163 millones de dólares— era chino; en juguetes la dependencia llegó al 61.5% de un mercado que importó 3,281 millones de dólares; en textiles, electrodomésticos y acero, más de lo mismo.
Los aranceles funcionarán en donde hay alternativas reales: textil-confección, donde la industria mexicana y centroamericana puede pelear ese espacio. El acero chino puede sustituirse por productos de la industria mexicana que hoy no opera a toda su capacidad instalada. En calzado hay infraestructura en varios estados, pero le falta acceso al crédito. En el ámbito de los juguetes no existe una proveeduría nacional capaz de responder. China ya dijo que podría llevar el caso a la OMC y pedir un panel que dictamine si los aranceles mexicanos violan las reglas del comercio multilateral.
Por si lo anterior no bastara, está el contrabando. El SAT calculó que la mercancía subvaluada o respaldada con documentación falsa representa el 40% del mercado textil y el 35% del calzado. Si las importaciones formales de textil-confección superaron 12,000 millones en 2024, la evasión implica miles de millones de dólares que el fisco mexicano no recibirá nunca. Además, hay que sumar los precursores del fentanilo que salen de puertos chinos rumbo a laboratorios clandestinos en México.
La corresponsabilidad es innegable. México tiene que ordenar sus aduanas. Pero China no puede presentarse como víctima mientras desde su territorio salen contenedores de contrabando y de productos químicos que alimentan a los cárteles mexicanos de la droga y la peor crisis de salud pública en la historia reciente de América del Norte.
Si no se dan esos cambios, México aplicará más aranceles para quedar bien con Estados Unidos, China seguirá amenazando, las importaciones no bajarán y el contrabando se seguirá colando por las rendijas de un sistema que hasta ahora nadie, ni en la CDMX, Washington o Pekín, ha podido tapar.
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