¿Qué estamos dispuestos a hacer más allá de quejarnos?
Termina otro año y el cronómetro marca la mitad de un sexenio lleno de pérdidas, muertes, violencia, corrupción, impunidad y una pobreza que crece por minuto. Es un momento oportuno para reflexionar mucho más allá de lo que estamos acostumbrados pues no hacerlo, nos costará cada día más caro.
Hay voces que quisiéramos que sean proféticas, como las de todos aquellos que afirman que Morena no volverá a gobernar en 2024. México no aguantaría otro sexenio completo con este ritmo y este nivel de deterioro y destrucción orquestrado desde el poder y aplaudido por manos cargadas de odio, resentimiento e ignorancia.
Aunque muchos apuestan a que el gobierno siga cavando su propia tumba, la experiencia nos ha enseñado que no podemos ni debemos confiarnos pues no siempre sucede en el tiempo que muchos quisiéramos. Cuando crees que estás tocando fondo, la vida te vuelve a sorprender enseñándote que siempre se puede llegar más hondo.
Si bien es cierto que el partido en el poder es más una mezcla de tribus, unos más salvajes que otros, la realidad es que harán todo, lo posible y lo imposible, descaradamente y por debajo del agua para aferrarse al poder comprando, manipulando y chantajeando a todo el que sea necesario. Y no sólo a sus clientelas electorales a quienes les quitan el pan para darles migajas, pero también a líderes “opositores” a quienes siempre pueden amenazar porque todos tienen “cola que les pisen.”
De ahí que es imposible pensar en soluciones o alternativas mirando dentro del mismo sistema que ha provocado este caos. En mayor o menor grado, la inmensa mayoría de los políticos son corresponsables de preservar, fomentar y perpetuar un sistema que ha caducado, que es obsoleto y que se ha podrido en casi toda su estructura. Nadie quiere perder los pocos o muchos privilegios que han obtenido de cualquier forma y a cualquier precio.
Esta reflexión no pretende deprimir a nadie sino abrir los ojos para (RE)conocer que, si bien hoy tenemos muy poco margen de maniobra, la primera prioridad es construir alianzas y coaliciones que tengan la capacidad de hacer contrapeso real y arrebatarles el poder en 2024. A la par, hay que (RE)imaginar todo el sistema pues tiene síntomas de agonía irreversible.
Aunque Morena se siga desgastando, México seguirá perdiendo si no somos capaces de acelerar y abrir camino a una “nueva especie de líderes”. Sobre esto escribiré más adelante pues no podemos conformarnos con lo que hay y buscar siempre el mal menor.
Somos una generación que, por un lado aborrece lo que ve y lo que está pasando y por otro no da un paso definitivo para asumir la responsabilidad de transformar la realidad. En 2018, la aprobación del presidente entre jóvenes de 18 a 35 años era de 59.2%, hoy sólo el 11.7% lo aprueba en este rango de edad.
¿Qué estamos dispuestos a hacer más allá de quejarnos? Tenemos demasiado trabajo por delante para identificar nuevos talentos, impulsarlos con una mentalidad renovada y con la convicción de que es posible co-crear una realidad completamente diferente y mejor a lo que nos hemos mal acostumbrado. Exigir más a la oposición es indispensable pero no es suficiente. Abramos un espacio de reflexión mayor y empecemos a pensar fuera de la caja para generar verdaderas alternativas y soluciones. Es lo único que nos queda.
*El autor es presidente Fundador del Instituto de Pensamiento Estratégico Ágora A.C. (IPEA). Primer Think Tank de jóvenes mexicanos y de Un millón de jóvenes por México.
Twitter: @armando_regil