¿Progresamos?

Hemos progresado. ¿Qué tanto avanzaremos en el siguiente siglo? Esto es lo que los líderes deberían tener en mente para preparar el futuro.

Datos de Estados Unidos en 1907: esperanza de vida, 47 años; 14% de hogares con bañera y 8% con teléfono; 8,000 coches y 210 kilómetros de caminos pavimentados; 11 dólares, el costo de un telefonazo de Denver a Nueva York; el salario medio anual de un trabajador: entre 200 y 400 dólares; 95% de los nacimientos se daba en la casa; neumonía, influenza, tuberculosis y diarrea, las principales causas de mortalidad; Las Vegas, habitada por apenas 30 personas; 20% de adultos alfabetizado y 230 asesinatos en el año.

Hojeo el Geographic Magazine de cuando nací, mayo de 1934, la revista dice ser registro permanente en un mundo cambiante . En blanco y negro, contadas láminas. El turismo mundial está en sus albores. Travesías en el Mariposa o en el Monterrey, 15 días a Nueva Zelanda y tres más a Australia. Visite Ceilán y sus cercanías por sólo 18 dólares diarios.

El nuevo Plymouth, 495 dólares, con él, Who’s afraid of traffic? Zapatos Florsheim para este verano, 8.75 dólares. Bell afirma: Ahora el teléfono es una realidad tangible, deleitosa, vitalmente importante para la familia . Y Kodak: El veloz lente Anastigmat f.4.5 lo hace dominar cualquier condición de luz… con el Compur Shutter de 1 a 1/250 por segundo usted está preparado para casi cualquier tipo de acción .

Mundo cambiante. ¡Y tanto! En mi experiencia, hay circunstancias inverosímiles. El despiojamiento de sirvientes cuando llegaban de sus pueblos. Cualquier calle del centro servía de estacionamiento. En la capital 2 millones de habitantes y 17 en la República. Mínima red de carreteras, los ferrocarriles funcionaban de maravilla. Sólo los cresos podían ir a Europa.

No había ni atómicas ni Kleenex. Tranvías urbanos a 5 centavos y contadas gasolineras, una en la glorieta de la Fuente de Petróleos, de La Huasteca. Para pudientes dos cajones de ropa, El Palacio y El Puerto, ambos en el centro.

La familia atenta al radio y a tocar discos de pasta en aquellos viejos gramófonos de los que se sirve RCA Victor para anunciarse, con perrito. El turismo capitalino iba a Cuernavaca o a Puebla. Las dolencias mortales hoy se curan al instante. Nos quejamos de los apagones, pero eran tan frecuentes que las casas tenían velas y quinqués por todos lados.

Hemos progresado. ¿Qué tanto avanzaremos en el siguiente siglo? Esto es lo que los líderes deberían tener en mente para dejar a un lado sus estupideces y hacer cosas que preparen un buen futuro.

paveleyra@eleconomista.com.mx

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