Prevención, clave para reducir crisis humanitarias

México ha fortalecido sus capacidades para responder a emergencias, pero aún enfrenta un desafío estructural: construir una cultura de prevención.

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.AFP

Viridiana Diaz

En un contexto marcado por el incremento de huracanes, inundaciones, sequías e incendios forestales, México ha fortalecido sus capacidades para responder a emergencias, pero aún enfrenta un desafío estructural: construir una cultura de prevención que reduzca los riesgos antes de que ocurra un desastre.

Así lo afirmó Benjamín Laniado, cofundador de CADENA (Comité de Ayuda a Desastres y Emergencias Nacionales A.C.), quien advirtió que, aunque el país cuenta con mejores protocolos de protección civil, mayor experiencia institucional y mecanismos de coordinación más sólidos que hace dos décadas, miles de comunidades continúan expuestas a las mismas vulnerabilidades año tras año.

"La verdadera preparación no se mide únicamente por la capacidad de reaccionar, sino por la capacidad de evitar que una emergencia se convierta en una crisis humanitaria", señaló.

Desde la perspectiva de la organización humanitaria, el reto ya no consiste únicamente en responder con rapidez cuando ocurre un desastre, sino en fortalecer la resiliencia de las comunidades mediante infraestructura preventiva, planeación territorial, capacitación ciudadana y reducción de riesgos.

Las primeras 72 horas posteriores a una emergencia representan el periodo más crítico para salvar vidas. En el caso de un sismo, durante ese tiempo se despliegan los equipos de búsqueda y rescate, se instalan centros de mando y se coordinan autoridades de los tres niveles de gobierno junto con fuerzas de seguridad y organizaciones humanitarias.

Sin embargo, en fenómenos hidrometeorológicos existe una ventaja que no siempre se aprovecha: la posibilidad de anticiparse. Emitir alertas oportunas, habilitar refugios temporales y movilizar recursos antes del impacto permite disminuir considerablemente los daños. "Ganar tiempo significa salvar vidas", enfatizó Laniado.

Uno de los principales obstáculos para lograr respuestas más eficientes sigue siendo la coordinación entre instituciones. Con frecuencia, explicó, la cooperación se fortalece cuando la emergencia ya está en curso y no durante la etapa de preparación. Por ello, consideró indispensable consolidar espacios permanentes de planeación conjunta entre gobierno, iniciativa privada, academia, organismos internacionales y sociedad civil, de manera que cada actor conozca con anticipación sus responsabilidades.

En este esfuerzo, los sistemas de alerta temprana desempeñan un papel fundamental. Su eficacia depende no sólo de detectar una amenaza, sino de garantizar que la información llegue a la población de forma clara, comprensible y oportuna. De acuerdo con CADENA, cuando estos mecanismos se complementan con educación comunitaria y protocolos de actuación, pueden reducir hasta en 60% el riesgo de pérdidas humanas.

La tecnología también está transformando la gestión del riesgo. Herramientas como la inteligencia artificial, los drones, la geolocalización y los sistemas de información geográfica permiten analizar escenarios, identificar poblaciones vulnerables, evaluar daños en tiempo real y optimizar la distribución de ayuda humanitaria. No sustituyen el trabajo de las personas, pero fortalecen la toma de decisiones y hacen más eficiente el uso de los recursos disponibles.

Para Laniado, otro de los grandes activos del país es la solidaridad de la sociedad mexicana. Cada emergencia moviliza a miles de personas dispuestas a donar insumos, participar como voluntarias o apoyar a las comunidades afectadas. El desafío consiste en canalizar esa disposición mediante mecanismos organizados que eviten duplicidades y garanticen que la ayuda llegue a quienes más la necesitan.

Durante el último año, CADENA mantuvo operaciones en 15 estados, benefició a 102,364 personas y brindó atención a más de 40,000 afectados por inundaciones en Veracruz, Hidalgo, San Luis Potosí, Puebla, Querétaro y Nayarit. Además, a través de CADENA Health proporcionó 1,595 consultas médicas y psicológicas para prevenir complicaciones sanitarias posteriores a las emergencias.

El especialista concluyó que invertir en prevención resulta social y económicamente más rentable que reconstruir después de un desastre. Fortalecer la infraestructura resiliente, ampliar la capacitación comunitaria y consolidar sistemas de alerta temprana debe convertirse en una prioridad compartida entre autoridades, empresas y ciudadanía. "Las primeras 72 horas comienzan mucho antes de que ocurra un desastre; empiezan con la preparación que realizamos hoy", concluyó.

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