Lüf Spa y Club El Economista: bienestar para desconectarse de la rutina
Club El Economista llevó a sus suscriptoras a Lüf Spa, un espacio que combina tratamientos estéticos, masajes relajantes y atención especializada para favorecer el bienestar, en el marco de su 25 aniversario.

Experiencia Lüf Spa/ Suscriptores Club El Economista. Foto: Erik Lugo/El Economista.
Con el ritmo acelerado que vivimos en la Ciudad de México, hacer una pausa no es un lujo es una necesidad operativa. Bajo esta premisa, Club El Economista trasladó su espacio de encuentro hacia un terreno donde la salud mental y la desconexión son el activo principal: Lüf Spa.
Para una comunidad que vive hiperconectada, la propuesta de Lüf Spa rompe con el esquema tradicional de los centros de bienestar al integrar un enfoque orgánico, diseñado no solo para el descanso físico, sino para la recuperación cognitiva.
El masaje relajante como herramienta de alto rendimiento
Mediante el uso de técnicas de presión controlada, aceites esenciales de origen orgánico y aromaterapia enfocada en la reducción de cortisol, la sesión demostró cómo la relajación muscular profunda impacta de manera directa en la claridad mental.
“Todos nuestros tratamientos se realizan con aparatología y son no invasivos. No aplicamos inyecciones porque somos cosmetólogas. Nos enfocamos en tratamientos como faciales, microdermoabrasión y Hollywood Peel, que forman parte de nuestra oferta premium”, mencionó Guadalupe Vázquez, encargada de Lüf Spa.

Experiencia Lüf Spa/ Guadalupe Vázquez Directora. Foto: Erik Lugo/El Economista.
El descanso como prioridad
El masaje relajante comienza con una sesión de aromaterapia, seguida de un masaje cuya intensidad puedes elegir según tus preferencias. Los primeros movimientos se concentran en la cabeza, con el objetivo de propiciar la relajación, mientras la música tranquila acompaña la experiencia.
Poco a poco, las manos recorren distintas partes del cuerpo y ayudan a liberar la tensión acumulada. Al finalizar, la sensación es de ligereza y descanso, ideal para retomar la rutina con mayor relajación.

Experiencia Lüf Spa/ Suscriptores Club El Economista. Foto: Erik Lugo/El Economista.
La experiencia se complementa con una atención cuidadosa que comienza antes del masaje, con preguntas sobre el estado de salud para identificar posibles contraindicaciones y asegurar que el tratamiento sea adecuado.
La ciencia detrás del bienestar: rigor profesional y calidad botánica
Detrás de cada cabina de Lüf Spa hay una sólida formación técnica que respalda la experiencia de sus fundadoras. Como señala Vázquez, el proyecto nació de una visión muy clara sobre el cuidado de la piel y el profesionalismo: “Nosotras somos cosmetólogas de ASPID certificadas por la UNAM”.
Este rigor clínico se complementa con una rigurosa selección de insumos especializados para el tipo de piel en México, consolidando un estándar de alta gama: “Todos los productos que nosotros utilizamos son de la marca ASPID, que es un laboratorio mexicano que está especializado en pieles mexicanas”, añadió la encargada de Lüf Spa.
Un refugio corporativo para la desconexión ejecutiva
Más allá de los protocolos estéticos y corporales (que van desde masajes descontracturantes con martillo de calor y piedras calientes hasta radiofrecuencia y maderoterapia), el verdadero valor diferencial de Lüf Spa radica en la atmósfera de confianza y descompresión que ofrece a profesionales con agendas saturadas.

Experiencia Lüf Spa/ Suscriptores Club El Economista. Foto: Erik Lugo/El Economista.
En palabras de su fundadora, la filosofía del espacio busca ser un antídoto contra el estrés cotidiano: “Queremos ser como ese espacio donde una persona es feliz, un lugar donde digan "ya llegué a Lüf Spa y ya me olvido del trabajo, de los problemas, y eso queremos ser: esa pausa donde se sientan cómodos”.
Ana María Flores Anda, suscriptora de El Economista, compartió: “Yo soy fanática de los masajes relajantes y en cuestión de cuidado de belleza y relajación me encantó”.

Experiencia Lüf Spa/ Ana María Flores Suscriptora. Foto: Erik Lugo/El Economista.
Por su parte, Mariana Cruz, suscriptora de El Economista, mencionó: “La experiencia que me gané ha sido muy bonita y muy buena, realmente me relajé. Vale la pena que vengan a probar Lüf Spa”.

Experiencia Lüf Spa/ Mariana Cruz Suscriptora. Foto: Erik Lugo/El Economista.
Para las suscriptoras que forman parte del Club, esta experiencia no solo significó un respiro en la agenda semanal, sino un recordatorio tangible de que el bienestar integral y la sustentabilidad van de la mano en el modelo económico contemporáneo.
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