Restaurantes invirtieron por el Mundial y terminaron con caídas de hasta 20%

Restaurantes invirtieron en pantallas, remodelaciones y derechos de transmisión, pero el consumo se concentró en bares y hogares. La llegada de turistas también quedó por debajo de lo esperado.
El silbatazo inicial del Mundial de Futbol 2026 prometía mesas llenas, rondas de cerveza y cuentas más grandes para los restaurantes mexicanos. La industria se preparó durante meses: remodeló espacios, instaló pantallas, diseñó promociones y pagó licencias para transmitir los partidos. Sin embargo, el consumo no llegó en la proporción esperada.
Ignacio Alarcón Rodríguez Pacheco, presidente nacional de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac), estimó que el mercado restaurantero llegó a contraerse hasta 20% durante el torneo, pese al movimiento generado por determinados encuentros.
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“El sector restaurantero invirtió. Muchos establecimientos se remodelaron, compraron televisores y pagamos derechos de transmisión que no fueron nada baratos. La realidad es que los resultados no fueron los que esperábamos”, señaló.
El problema no fue la falta de interés por el futbol, sino el lugar elegido para verlo. Mientras los restaurantes tradicionales esperaban recibir grupos dispuestos a pedir una comida completa, buena parte de los aficionados prefirió reunirse en bares, cantinas y sports bars, donde el consumo se concentró principalmente en bebidas y alimentos para compartir. Otros siguieron los partidos desde casa.
“La gente no eligió mayoritariamente los restaurantes para ver los juegos. Muchos prefirieron los bares y otros se quedaron en sus casas. Eso cambió mucho el factor y nos afectó”, explicó Alarcón.

Bares y cantinas Mundial de Futbol
Los bares ganaron la mesa
El Mundial sí generó consumo, pero no se distribuyó de forma homogénea. Los establecimientos que combinaron bebidas, pantallas, promociones y ambiente deportivo obtuvieron mejores resultados que los restaurantes enfocados en comidas completas.
El balance final de Canirac confirmó que los mayores beneficios se concentraron en restaurantes-bar, bares, cantinas y sports bars. El comportamiento dependió de la ubicación, el formato del negocio, el tipo de clientela y la capacidad para crear experiencias alrededor de los encuentros. Además, el consumo nacional fue el principal motor, mientras que la presencia de turistas quedó por debajo de las expectativas, según el balance elaborado por Canirac con información de sus encuestas y un estudio de Deloitte.
Para un bar, la permanencia de los aficionados durante un partido puede traducirse en varias rondas de cerveza, cocteles, botanas, alitas o hamburguesas. En un restaurante tradicional, en cambio, el cliente suele ordenar una comida, permanecer durante el encuentro y retirarse. La rotación de las mesas disminuye y el consumo adicional no siempre compensa las horas de ocupación.
“En un bar vas por un par de cervezas, ves el partido y te retiras. Es diferente a sentarte a consumir una comida completa”, apuntó el presidente de Canirac.
México jugó, pero el consumo duró poco
Los partidos de la Selección Mexicana sí aumentaron la afluencia, aunque el efecto fue temporal. Los horarios de algunos encuentros coincidieron con la jornada laboral, por lo que los aficionados regresaron a sus oficinas después del silbatazo final en lugar de prolongar la sobremesa.
“Los días en los que jugó México sí tuvimos movimiento, pero cuando terminaba el partido, la gente regresaba a trabajar”, comentó Alarcón.
En esos encuentros, algunos restaurantes alcanzaron ocupaciones elevadas, pero unos cuantos días de alta demanda no fueron suficientes para compensar el desempeño del resto del torneo ni las inversiones realizadas previamente.
Una encuesta de Canirac aplicada durante las primeras semanas del Mundial mostró que cinco de cada diez restaurantes tuvieron un desempeño inferior al de una semana regular y solamente una cuarta parte reportó mejores resultados. Además, 65% de los establecimientos no registró incrementos en sus ventas.

Bares y cantinas Mundial de Futbol
La misma medición encontró que cerca de 45% de los negocios operó con una ocupación inferior a 50%. Los casos exitosos, algunos con aumentos superiores a 30 o 50%, fueron focalizados y no representaron el comportamiento general de la industria. Incluso durante el arranque del torneo, el Día del Padre tuvo mayor peso que el futbol: 45% atribuyó su mejor desempeño a esta celebración familiar y otro 15% a la combinación de ambos acontecimientos, de acuerdo con la medición nacional de Canirac.
El turista esperado no llegó a todas las mesas
Otra de las apuestas era que la llegada de aficionados nacionales y extranjeros incrementaría el consumo en restaurantes. Sin embargo, el flujo turístico no llegó por igual a todos los establecimientos ni se extendió a todas las ciudades.
“Hubo una sobreestimación del volumen de gente que iba a moverse por nuestras calles. Por eso no observamos tanto flujo comercial, no solamente en las ciudades sede, sino en todo el país”, afirmó Alarcón.
El dirigente explicó que el sector también perdió una parte de su clientela habitual. Ante el encarecimiento de vuelos, hospedaje y movilidad, algunas empresas redujeron los viajes de trabajo. A ello se sumaron cambios en periodos vacacionales, trabajo a distancia y la decisión de evitar zonas que se esperaba estuvieran saturadas.
La afluencia extraordinaria no compensó completamente la ausencia de empresarios, viajeros frecuentes, trabajadores de oficina y consumidores locales que modificaron sus rutinas durante el torneo.
Canirac calculó que el Mundial produjo un impacto económico general de 2,543 millones de dólares y generó 101,255 empleos temporales. Sin embargo, la propia Cámara reconoció que los beneficios no fueron automáticos ni llegaron de la misma manera a toda la industria.
Una inversión que no siempre regresó a la caja
Para los restaurantes que no consiguieron aumentar sus ventas, el Mundial dejó una factura adicional. A la compra de pantallas y adecuación de espacios se sumaron las licencias comerciales necesarias para transmitir los encuentros, contratación de personal, inventarios de bebidas y alimentos, promociones y mayores gastos de operación.
La expectativa era recuperar esos recursos mediante restaurantes llenos durante varias semanas. Pero cuando el aficionado eligió una cantina, un bar o la sala de su casa, muchas de esas inversiones quedaron sin el retorno esperado.
“Yo creo que el mercado se contrajo hasta 20%, y hablo de todo el país. Sí hubo días con movimiento, pero fueron solamente algunos y no hicieron la diferencia frente a todo el torneo”, sostuvo Alarcón.
El Mundial de 2026 sí movió vasos, botanas y algunas mesas, pero confirmó que un acontecimiento masivo no garantiza ventas para todos. El beneficio dependió del formato del establecimiento y de su capacidad para convertir el partido en una experiencia.


