El gin mexicano que nació cerca de Holbox y ganó dos años seguidos en los World Gin Awards

Christian Taraborrelli aprendió a destilar durante la pandemia y comenzó con lotes de apenas 30 botellas. Cinco años después, Solferino Native se produce con hoja santa en el pueblo que le da nombre.
El tercer lote de gin de Christian Taraborrelli no salió como esperaba. Había producido apenas 30 botellas y el líquido tenía una apariencia ligeramente blanquecina. Aun así, le gustaban el aroma y el sabor, así que tomó una fotografía y la publicó en Instagram. Poco después recibió un mensaje privado preguntándole si todo estaba bien con la producción.
Taraborrelli pensó que se trataba de un posible comprador. En realidad, quien escribía había detectado únicamente por la fotografía un problema en la destilación. Según recuerda el fundador de Solferino Native, le explicó que había realizado mal un proceso con el alambique, y le indicó cómo corregirlo. Era Edgar Villanueva, especialista mexicano en destilación, asesor y autor de diversos libros sobre producción de ginebra.
Después le envió una botella. Villanueva la probó y le recomendó empezar a competir. Para entonces Taraborrelli ya había vendido los primeros tres lotes: unas 90 botellas en total, producidas en tandas que hoy parecen diminutas frente a una operación que, aunque sigue siendo pequeña, ya trabaja con varios alambiques y distribución fuera de Quintana Roo.
La anécdota también explica el origen poco convencional de Solferino Native. Taraborrelli tenía experiencia previa en hospitalidad y coctelería, pero no formación como destilador. Cuando se le pregunta cómo aprendió la parte técnica, responde sin demasiada ceremonia: “literalmente viendo videos de YouTube”.

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El punto de quiebre llegó durante la pandemia. Con sus negocios de Holbox cerrados, Taraborrelli comenzó a pasar más tiempo en Solferino, una localidad del municipio de Lázaro Cárdenas, en el norte de Quintana Roo, situada sobre la ruta hacia la isla. Ahí empezó a estudiar destilación, hacer pruebas y construir la receta que eventualmente se convertiría en Solferino Native.
Aquellos lotes iniciales de 30 botellas fueron creciendo, pero la producción conserva una escala deliberadamente contenida. La destilería cuenta con cuatro alambiques pequeños de cobre destinados a Solferino y, de acuerdo con Taraborrelli, una corrida puede tardar entre 8 y 9 horas para obtener alrededor de 120 botellas. Hay un equipo de mayor capacidad para otros productos, pero su intención es mantener el gin principal en ese formato.
La decisión no responde únicamente a una narrativa artesanal. El tamaño de cada producción está relacionado con la forma en que se abastecen de varios de los ingredientes frescos y con las diferencias que el equipo encuentra entre un lote y otro.

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Nueve botánicos y una receta que cambia ligeramente con cada parcela
Para que una bebida pueda llamarse gin, el enebro es indispensable. En Solferino Native procede de Italia y funciona como punto de partida para una fórmula de nueve botánicos en la que también aparecen zacate limón, hierbabuena, hoja santa, romero, pimienta, canela, regaliz y piel de toronja. No todos son de Quintana Roo: el propio Taraborrelli distingue entre los ingredientes que compra fuera y aquellos que consigue directamente en el pueblo.
La hoja santa, el zacate limón, la hierbabuena y la toronja se adquieren a distintas familias de Solferino. No existe un proveedor que entregue cantidades grandes y perfectamente estandarizadas; cada familia cultiva en parcelas pequeñas y la destilería rota las compras entre ellas. Esa variación, explica Taraborrelli, provoca diferencias sutiles aun cuando la receta y las proporciones permanezcan iguales.
“Cada lote es único”, dice. Una planta puede haber recibido más sol que otra o haber crecido en condiciones distintas, y eso modifica ligeramente su intensidad aromática. Taraborrelli reconoce que probablemente un consumidor común no detectaría esas variaciones, pero asegura que el equipo sí las identifica durante las catas de producción.
Entre esos nueve ingredientes, la hoja santa ocupa un lugar particular. Su perfil anisado se combina con la parte cítrica de la toronja y el carácter herbal del resto de la fórmula; cuando se le pregunta qué distingue a Solferino frente a otras ginebras, Taraborrelli señala precisamente esos dos elementos: la expresión cítrica y la presencia de la hoja santa.
De 90 grados de alcohol a una botella de 700 mililitros
La destilación es lenta. Durante la visita a la planta, el líquido que salía del alambique alcanzaba entre 85 y 90 grados de alcohol antes de ser ajustado con agua purificada hasta llegar a 40% de alcohol por volumen. La cantidad de agua se calcula para cada producción y sólo después comienza el llenado de las botellas.
El proceso sigue siendo parcialmente manual. Una pequeña máquina dosifica 700 mililitros en aproximadamente 16.5 segundos; después cada botella se tapa y pasa al etiquetado. Se coloca una etiqueta trasera, una frontal, la del cuello y finalmente el sello de seguridad. El número de lote, el número de botella y la fecha todavía se escriben a mano.
Taraborrelli asegura que quiere conservar esa parte incluso si aumenta la demanda. Su planteamiento es sumar personas en lugar de sustituir determinadas labores con una línea completamente automatizada. Incluso habla de llevar parte del trabajo de etiquetado o numeración a casas de habitantes del pueblo que, por razones familiares, no pueden incorporarse a una jornada convencional; por ahora se trata de una intención del productor y no de un programa laboral establecido.
Quintana Roo continúa siendo el mercado principal de la marca, pero Taraborrelli afirma que la distribución ya se ha extendido a otras partes de México. Durante la entrevista también señala exportaciones a Japón, Estados Unidos, Alemania, Austria y Suiza, una expansión que plantea precisamente el reto de aumentar volumen sin modificar el formato de producción que ha construido hasta ahora.

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Dos años consecutivos entre los ganadores de México
Los reconocimientos internacionales llegaron después de aquella primera recomendación de Villanueva Quintanar. Taraborrelli explica que él mismo investiga los concursos, revisa su prestigio y decide a cuáles enviar sus botellas. Las evaluaciones se realizan mediante catas a ciegas, en las que el jurado califica aspectos como aroma, sabor, apariencia y correspondencia con la categoría en la que cada producto fue inscrito.
En 2025, los World Gin Awards otorgaron a Solferino Native medalla de oro y el reconocimiento Country Winner de México en Contemporary Style Gin. En 2026 volvió a obtener el título nacional en esa categoría con Solferino Native Dry Gin; ese mismo año, Solferino Native Mature fue elegido Country Winner de México dentro de Matured Gin.
Del gin a la yuca, el maíz y el camote
La experimentación ya salió de la receta original. Una de las variantes es Solferino reposado en barrica nueva de roble americano tostado. Un lote con tres meses de reposo, suficiente para que aparecieran cambios perceptibles de color y notas de madera, caramelo y vainilla.
En la destilería también hay un vodka cuya base es la yuca, desarrollado por Jenny Salazar, maestra destiladora del equipo, además de pruebas con maíz, cebada malteada y camote blanco. En uno de los ensayos utilizaron 2 kilos de maíz que germinaron, deshidrataron y procesaron antes de la fermentación; otra prueba empleó camote blanco porque el morado, que inicialmente querían utilizar, no estaba en temporada.

Jenny Salazar y Christian Taraborrelli
Hay además licores elaborados con frutas locales y un ron que, según Taraborrelli, aún permanecerá en guarda antes de salir al mercado. No todos esos experimentos terminarán necesariamente convertidos en productos comerciales, pero permiten observar hacia dónde se está desplazando el trabajo de la destilería: utilizar la técnica aprendida con el gin para probar otras materias primas disponibles en la región.
Solferino Native pasó de producir 30 botellas por lote a trabajar corridas de alrededor de 120, sumar cuatro alambiques para su gin principal y colocar botellas fuera de México. El crecimiento ya modificó la escala del proyecto, pero no su lógica de producción: lotes pequeños, botánicos comprados a distintas familias de Solferino y una parte del proceso que todavía se resuelve botella por botella.


