México en Venecia: Rojo Negro muestra el cuerpo como archivo

María Sosa y Noé Martínez, dúo que representa a México en la 61.ª Bienal de Venecia, hablaron sobre el cuerpo como territorio de investigación, la herencia mesoamericana detrás de sus piezas y la tensión de asumir la representación nacional.

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Conversatorio. Jessica Berlanga, Noé Martínez, María Sosa y Andrea Torreblanca, en el Museo Tamayo.foto: christian martin cortesía.

Gabriela Gorab

El colectivo Rojo Negro —integrado por María Sosa y Noé Martínez— ofreció un conversatorio en el Auditorio del Museo Tamayo, moderado por Andrea Torreblanca, directora del recinto, con la participación de Jessica Berlanga Taylor, curadora del Pabellón de México en la 61.ª Exposición Internacional de Arte de la Biennale di Venezia.

El encuentro giró en torno a Actos invisibles para sostener el universo, el proyecto con que el dúo representa a México en en el Arsenale desde principios de mayo, y que a la fecha ha convocado a más de 70 mil visitantes. Lo que sigue es una reconstrucción en formato de entrevista a partir de esa conversación.

—Noé, de dónde parte la investigación que sostiene este proyecto.

—Nos hemos centrado en la ontología del cuerpo humano a partir de las visiones mesoamericanas, que son bastante diversas y diferentes a la del cuerpo humano occidental. Esa investigación comenzó hace una década, cuando María y yo fuimos invitados a un festival de performance en Venecia, curado también por Jessica. Sin formación escénica previa, decidimos explorar un libro de piezas arqueológicas saqueadas del occidente de México colocando nuestro propio cuerpo en las posturas de las figuras. Cuando pusimos el cuerpo en el cuerpo de las piezas arqueológicas, en la postura de las piezas arqueológicas, nos dimos cuenta de que la sensación corpórea era la representación de la figura arqueológica.

—María, ¿cómo describirías ese momento en que el cuerpo se vuelve método de investigación?

—Queríamos interrogarlos. Nos buscaba la materia, habla el barro, la cerámica, la figura, todo lo que está ahí. Llegamos a un punto en el que el único recurso posible fue el propio cuerpo: entramos a nuestro cuerpo y de ahí se abrió como una caja de preguntas.

—Jessica, ¿dónde sitúas este proceso dentro de la genealogía del arte contemporáneo?

—El proyecto activa la ritualidad como una acción formalizada y políticamente eficaz que busca ir más allá de una representación simbólica. Citando a historiadores como Johanna Broda y Enrique Florescano, los rituales han servido tradicionalmente para legitimar el poder del Estado. En el caso de Rojo Negro, esa misma tecnología ritual se reactiva, pero desplazando el poder del Estado hacia el cosmos y hacia la comunidad.

—Hablemos de las piezas. ¿Qué hay detrás de ‘Palabra en el fondo del mar’?

—Es una escultura de sal y barro crudo. La sal funciona como el sudor de la tierra, un agente purificador y una ofrenda funeraria ligada históricamente al trabajo de las mujeres salineras en tiempos mesoamericanos.

—¿’Y Tabaco’, la manta elaborada con materiales de Cherán, Michoacán?

—La pieza divide el espacio, atenúa la luz, dispone el cuerpo a ser alterado antes de cruzar ese umbral.

—Noé, ¿qué significó para ti llevar ese material específicamente a Venecia?

—Traerlo a Venecia significó traer el bosque de Cherán hasta el corazón de la Bienal. Es una referencia directa al levantamiento de la comunidad en 2011 contra el crimen organizado, tras el cual Cherán se gobierna por su propio sistema de autoridad indígena.

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—Jessica, ¿qué propone ‘El camino de la respiración’, el video en que ambos artistas transitan diez posturas tomadas de esculturas mesoamericanas?

—Es un ejercicio sobre el transcansancio: atravesar la fatiga del cuerpo para acceder a otro régimen de conciencia.

—Una pregunta del público durante el conversatorio fue cómo vivieron asumir la representación nacional dentro de una estructura como la Bienal. Noé, ¿qué respondiste?

—Para mí personalmente fue muy, muy, muy difícil de asumir una representación nacional. No hay ningún arte auténtico que no esté en tensión.

—María, tú subrayaste algo que no suele mencionarse en este tipo de participaciones: las condiciones de trabajo del equipo.

—Todo, todo quien trabajó en nuestro pabellón fue pagado. Todos fueron tratados dignamente. Se trató de respetar las condiciones laborales lo más posible. Fue un proyecto comunitario en el que recibimos apoyo de todo tipo y el respaldo de la comunidad de Cherán.

—Para cerrar, ¿cómo piensan estos diez años de trabajo juntos?

—Noé Martínez: Nos sentimos muy agradecidos con amigos, colegas, compañeros, las instituciones. Diez años de verdadero salto al vacío. Hay que ponerle unos valores de arte: caminar por una cosa desconocida, pero hacerlo en comunidad, en colectivo, entre todes.

Actos invisibles para sostener el universo permanece abierto al público como parte del Pabellón de México en el Arsenale, la Bienal de Venecia, con curaduría de Jessica Berlanga Taylor y comisariado de Andrés Valtierra.

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