Cuando Lope de Vega pone a los gatos a pelear por amor

En “La gatomaquia”, Marramaquiz, Micifuf y Zapaquilda protagonizan una batalla de amor y celos del dramaturgo Lope de Vega que conserva su humor y sus resonancias cuatro siglos después de su publicación, y que será dramatizada en el Seminario de Cultura Mexicana.

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“La gatomaquia”, ensayo.Foto: Cortesía

Ricardo Quiroga

“¿Qué pastel no te truje, qué salchicha? / ¡Oh terrible desdicha!”.

¿Qué significa el anterior par de versos? Podría ser una declaración de amor… o una factura pendiente por pagar. Pero en realidad es el reclamo de un gato llamado Marramaquiz a su amada, Zapaquilda, felina coqueta y pretendida, sobre todo por el flirteo con un tal Micifuf.

Es una escena del poema épico burlesco “La Gatomaquia”, del dramaturgo español Félix Lope de Vega y Carpio, sencillamente conocido como Lope de Vega (1562-1635), en la que pone a Marramaquiz en intransigente celotipia y le hace repasar los méritos de su proveeduría alimentaria, robando ingredientes de las mejores cocinas para Zapaquilda, entre peces, aves, pasteles y embutidos que, para él, no valen una infamia.

Escrito un año antes de su muerte, el relato de Lope de Vega trata la rivalidad entre Marramaquiz y Micifuf sobre las tejas de Madrid, con una sucesión de lances y excesos vistos a través de unos protagonistas que, por ser gatos, permiten que cualquier situación por demás solemne se vuelva cómica y que lo brutal que puede ser un duelo típico del Siglo de Oro Español resulte, por momentos, entrañablemente absurdo.

Este sábado 12 de septiembre, una adaptación más corta de “La Gatomaquia” —puesto que el poema original ronda los 2,500 versos— llegará al Seminario de Cultura Mexicana en una lectura dramatizada a cargo de los actores Emilio Gavira y David Luque, a las 12:00 horas, con entrada libre. La propuesta parte de una dramaturgia vinculada al trabajo de la filóloga y dramaturga mexicana Brenda Escobedo, radicada en España y especializada en teatro clásico.

Un poema con siete vidas

Cervantes lo llamaba “El Fénix de los Ingenios”, pero también lo apodó “El monstruo de la Naturaleza”, porque si bien reconocía su prolificidad y su gran capacidad creativa, ironizaba con el segundo mote desdeñando su trabajo. Lope también fue juzgado por los académicos porque su obra no correspondía a los estándares del teatro estrictamente aristotélico. El madrileño buscaba nuevas fórmulas.

“La Gatomaquia” es precisamente una de ellas. El texto, publicado 18 años después del fallecimiento de Cervantes, fue bien recibido en la tercera década del siglo XVII. Hoy en día se le considera una obra maestra de la épica burlesca.

La dramaturga Brenda Escobedo explica que esa aparente ligereza esconde una lectura mucho más seria:

Lope de Vega realmente aprovechó el poema para dar sus propios comentarios sobre los temas clásicos del Siglo de Oro. Es muy irónico sobre los usos y costumbres de la época, la hipocresía social, la violencia y la defensa del honor”.

La dramaturga decidió conservar esa tensión entre el juego y la seriedad para la adaptación de este sábado en el Seminario. Dice que no pretende actualizar el vocabulario ni traducirlo a una lengua contemporánea. Su trabajo, más bien, consiste en despejar la línea de acción para que el público pueda seguir la disputa amorosa sin perderse en la exuberancia verbal propia de su tiempo.

“No actualicé palabras ni sonidos, es decir, en lugar de azotea es ‘azutea’ y así es como se pronuncia. Entonces eso también genera mucho color para el oído”, señala Escobedo.

El poema original está compuesto por siete silvas y ronda los 2,500 versos. Llevarlo completo a escena supondría cerca de cuatro horas, por lo que la versión que se escuchará este sábado se concentra en alrededor de una hora y cinco minutos, conservando esas siete partes y privilegiando la historia del triángulo amoroso.

La reducción no significa, sin embargo, despojar al poema de aquello que lo hace singular. Para Escobedo, buena parte de la experiencia está justamente en escuchar cómo las palabras se persiguen unas a otras: “Es un poema cargado de sonido, de eñes, de eres, de eses, que todo te lleva muy onomatopéyicamente a lo que es el mundo del sonido del gato y de cómo nos relacionamos con ellos. Entonces, esa partitura musical es fascinante”.

Ahí es donde encontraron espacio las voces de Emilio Gavira y David Luque, dos actores con amplia experiencia en el teatro clásico. La lectura busca recuperar la dimensión oral de un texto escrito para ser leído y hacer visible, mediante la voz, la arquitectura de sus imágenes, juegos y sonidos.

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Emilio Gavira y David Luque.Foto: Cortesía

Se parecen a nosotros

Lo interesante es que, cuatro siglos después quizá no haga falta explicar demasiado a Marramaquiz. Basta con escucharlo reclamar las salchichas que consiguió para Zapaquilda para reconocer una emoción bastante contemporánea: la sensación de que nuestros esfuerzos amorosos deberían otorgarnos algún derecho sobre la persona que amamos.

Por otro lado, los códigos del honor, el rapto o la posesión amorosa que atraviesan buena parte de la literatura del Siglo de Oro pueden resultar ajenos desde el presente. Pero Escobedo encuentra en los animales una forma de hacerlos inteligibles sin convertirlos en una lección moral.

“Como los personajes son gatos, pasan, como todo, por el sentido del humor. Y así es como yo creo que nos ayudan a entenderlo más modernamente”, explica.

Tal vez esa sea la oportunidad que ofrece esta lectura: acercarse a un clásico sin pedirle que se vuelva contemporáneo. Dejar que conserve sus palabras, sus sonidos y hasta sus formas de mirar el mundo, para descubrir que algunas de las emociones que puso en escena siguen maullando cerca.

Como escribió Azorín, La Gatomaquia es un libro de “atrevida invención verbal”. Este sábado, sus gatos tendrán una nueva oportunidad de demostrarlo.

Amor. Celos. Rivalidad. Deseo. Y, si se puede, un poco de tocino.

“La Gatomaquia” 

  • Lectura dramatizada con Emilio Gavira y David Luque 
  • Dramaturgia: Brenda Escobedo. 
  • Sábado 12 de septiembre, 12:00 horas 
  • Seminario de Cultura Mexicana Masaryk 526, Polanco 
  • Entrada libre

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