Entre consignas, Angela Davis llamó a construir esperanza

Ante un auditorio que primero convirtió la Sala Miguel Covarrubias en caja de resonancia de distintas luchas sociales, la activista histórica y su compañera de lucha, Gina Dent, hablaron de libros, organización colectiva y abolicionismo feminista como una práctica para imaginar otras formas de justicia; “La única manera de saborear la libertad es leer”, dijo Davis a los asistentes a su charla en marco de la VIII FILUNI.

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Ángela Davis desborda la UNAM.Hugo Salazar

Ricardo Quiroga

“Alerta, alerta que camina”, “¡Ni una más!”, “Ayotzinapa vive, la lucha sigue” y “Desde el río hasta el mar, Gaza vencerá”. Fueron algunas de las consignas que atravesaron este miércoles la Sala Miguel Covarrubias de la UNAM antes de que Angela Davis y Gina Dent tomaran la palabra.

La espera había comenzado desde la mañana. Estudiantes, académicas, mujeres indígenas, madres buscadoras, mujeres trans, artistas y activistas ocuparon el recinto para recibir a Davis, figura central del feminismo negro, el pensamiento abolicionista y las luchas contra el racismo y la violencia estatal.

Su visita ocurrió en el marco de FILUNI 2026 y del diálogo magistral “Abolición, feminismo, ¡ahora!”, organizado por U-Tópicas, el Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG), la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial y la Revista de la Universidad de México.

La efervescencia no terminó con la llegada de las invitadas. Un grupo de manifestantes subió al escenario para denunciar, entre otras cosas, el encarcelamiento de un activista y exigir una mesa de trabajo con autoridades universitarias. El reclamo derivó en más de 15 minutos de consignas, respuestas y abucheos, hasta que se permitió que los manifestantes permanecieran con sus pancartas mientras comenzaba el diálogo.

Amneris Chaparro, directora del CIEG, reconoció entonces la protesta y advirtió: “Ninguna institución es perfecta, esta tampoco lo es”. Pero pidió preservar el encuentro para escuchar a Davis y Dent. Fue entonces cuando Davis tomó el micrófono.

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Después del ingreso de la pensadora, un grupo de personas se subió al escenario con pancartas que pedían la liberación de un compañero supuestamente encarcelado por su activismo en la FES Aragón.Hugo Salazar

Leer para saborear la libertad

La primera pregunta giró alrededor de los libros en un momento dominado por la inteligencia artificial, los algoritmos y la aceleración del acceso al conocimiento. Davis, que en enero cumplirá 83 años, respondió desde una experiencia de toda la vida con la lectura. “Casi todos esos años han estado dedicados a leer. No puedo imaginar un mundo sin libros”, dijo.

Pero llevó la discusión hacia un lugar inesperado: las prisiones. Contó que ha encontrado algunas de sus experiencias más intensas con la lectura entre personas encarceladas, muchas de ellas privadas previamente de la posibilidad de aprender a leer.

“Muchos descubren que el único modo de experimentar un poco de libertad, la única manera de saborear cómo podría ser la libertad, es a través de la lectura”, planteó.

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Un grupo de manifestantes subió al escenario para denunciar, entre otras cosas, el encarcelamiento de un activista y exigir una mesa de trabajo con autoridades universitarias.Hugo Salazar

Abolición como construcción

La conversación llegó entonces al libro “Abolición, feminismo, ¡ahora! Hacia el fin del sistema carcelario”, publicado en español por el CIEG y U-Tópicas. La obra reúne a Davis, Dent, Erica Meiners y Beth Richie y plantea que abolición y feminismo no pueden pensarse como proyectos separados.

Dent explicó que las cuatro autoras escribieron durante años mediante reuniones semanales, incluso durante la pandemia, y que no repartieron capítulos para después unirlos: trabajaron cada párrafo colectivamente.

“Desarrollamos una sola voz. No hicimos que cada una escribiera una sección y luego lo juntamos todo. Luchamos por cada párrafo para que reflejara, en la medida de lo posible, lo que cada una quería decir”, explicó.

Para Davis, ese proceso fue una metáfora del trabajo político: cuatro académicas con distintas disciplinas y formas de pensar tuvieron que aprender a escuchar, ceder y construir una posición común.

“Los intelectuales en los campus universitarios muchas veces asumen que el trabajo es solitario. Y muchas veces la investigación lo es, pero tenemos que promover el trabajo colectivo”, afirmó.

Dent explicó que el abolicionismo feminista no propone simplemente derribar cárceles, policías o estructuras de vigilancia, sino redefinir la seguridad y construir otras formas de poder. No se trata de separar las luchas feministas de las abolicionistas, sino de comprender que están entrelazadas.

“Estamos redefiniendo la seguridad y quitándole el monopolio que el Estado policial y carcelario ha creado”, sostuvo.

Para Davis, esa discusión también obliga a mirar la historia. La violencia estatal, dijo, no puede separarse de otras formas de violencia y, en México, el análisis debe considerar tanto la esclavitud como el colonialismo y sus efectos posteriores.

“Seguimos viviendo con la vida posterior de la esclavitud”, afirmó. “Y en un lugar como México también está el colonialismo: todos esos ingredientes que han producido el capitalismo racial”.

La esperanza como disciplina

Hacia el final, la pregunta fue inevitable: ¿cómo sostener la esperanza cuando avanzan el fascismo, el antifeminismo y la indiferencia?

Davis respondió desde su infancia en Birmingham, Alabama, una de las ciudades más segregadas de Estados Unidos, y recordó que incluso en aquel contexto parecía imposible imaginar un cambio.

Sin embargo, las generaciones anteriores imaginaron otra vida y lucharon por ella. “El primer trabajo de los activistas radicales es generar esperanza, que un mundo mejor es realmente posible”, dijo.

Dent completó la idea con una frase de su compañera de lucha Miriam Kaba: “La esperanza es una disciplina”.

No consiste, explicó, en sentarse a esperar. Se construye trabajando, organizándose, cruzando fronteras y escuchando experiencias que suelen quedar fuera de los circuitos dominantes del conocimiento.

Y así, después de una tarde en la que la protesta había reclamado su propio espacio dentro de la universidad, Davis y Dent terminaron reivindicando precisamente eso: el espacio común para escuchar, leer, disentir, organizarse y construir colectivamente.

Afuera de la Sala Miguel Covarrubias, en la Explanada de la Espiga, se instaló una carpa con una gran pantalla y 700 sillas. También estaba abarrotada y también se desbordaron las pasiones.

El libro en cuestión

  • “Abolición, feminismo, ¡ahora! Hacia el fin del sistema carcelario”
  • Coautoras: Angela Davis, Gina Dent, Erica R. Meiners y Beth E. Richie
  • Edición en español: Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la UNAM, en coedición con U-Tópicas

Dato histórico: La propia presentación de la UNAM recordó que Davis había estado en México por última vez en 1969

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