La ciudad de Nueva York recibe a millones de turistas todo el año, al ser una de las principales y más atractivas metrópolis del planeta por la enorme la variedad de atracciones que ofrece para los viajeros de todo el mundo.

Si en tus planes está visitar la Gran Manzana y quieres conocer uno de sus lugares más emblemáticos, el Museo Americano de Historia Natural es la opción obligada.

Situado en la esquina de la calle 79 y Central Park West, el museo fue fundado en 1869 por Theodore Roosevelt. Su amor por la historia natural fue producto de una niñez aquejada por problemas de salud que le obligaron a estar la mayor parte del tiempo en casa.

Desde entonces este lugar tiene la misión de descubrir, interpretar y difundir información sobre la historia y evolución del ser humano, sus diferentes culturas, el mundo natural y el universo, a través de programas de investigación científica y educativos.

Entre gigantes

La exposición más buscada por los visitantes es la de los dinosaurios, la cual está ubicada en el cuarto piso y compuesta por seis diferentes colecciones: Paul and Irma Milstein Hall of Advanced Mammals, Hall of Ornithischian Dinosaurs, Hall of Primitive Mammals, Hall of Saurischian Dinosaurs, Hall of Vertebrate Origins y Miriam and Ira D. Wallach Orientation Center.

Una vez que llegues a la sala principal, sigue las instrucciones para caminar en la dirección indicada y así para que aprecies los miles de fósiles, que en su mayoría son auténticos (algunos han sido recreados por paleontólogos y reconocidos curadores para recrear los esqueletos completos), y que están colocados a la vista —al pie de cada pasillo—, y con detalladas fichas informativas en las que aprenderás en qué era geológica vivieron, su hábitos como alimentación, reproducción o relación con otras especies, así como la posible causa de su extinción.

Cuando llegues a la primera sala, prepara tu cámara o celular, porque te sorprenderás con las piezas exhibidas, empezando por el estegossauro y las placas óseas que recorren toda su columna, al que le siguen los marginocéfalos, de los que destaca el gigantesco cráneo de un triceratops.

Sin duda, el fósil que todos quieren fotografiar y que pasarás varios minutos admirando es el tiranosaurio rex. Lo mejor es que la valla de cristal que delimita su área permite una perfecta visión de cada uno de los huesos que lo componen, además de que su poca altura te permite estar cara a cara con el espécimen e imaginar que estás en peligro de ser devorado por el llamado rey de los dinosaurios.

Le sigue el titanosaurio, un ejemplar que es el más grande del mundo hasta ahora conocido y que fue encontrado en la Patagonia. Los investigadores señalan que su peso superaba 70 toneladas y que tiene un largo de casi 40 metros de la cabeza a la cola. Debido a su tamaño, no cabe en la sala, por lo que su cabeza y parte del cuello te recibirán en la entrada de la sala Miriam and Ira D. Wallace Orientation Center.

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rrg