Breckenridge, Colorado.- Los negocios y la nieve no se pueden evitar, pero cuando las reuniones de trabajo terminan y la nieve se derrite, el sol señala el camino hacia un descanso en Breckenridge, ciudad en el condado de Summit, Colorado, que invita a pasar unos días de verano en las montañas.

Breckenridge es conocido por sus deportes en la nieve como esquí y snowboard, pero cuando la temperatura sube, el paisaje de la pequeña localidad estadounidense se llena de hermosos atardeceres que se vuelven escenario de pláticas profundas, caminatas

largas, meditación y relajación con una copa de bourbon. El lugar perfecto para descansar después de un viaje de trabajo en Denver.

La cercanía con la quinta ciudad de Estados Unidos en recibir más viajeros de negocios, Denver, hace que valga la pena recorrer carreteras con vistas increíbles por una hora y media para llegar a Breckenridge.

Breck, como lo llaman sus habitantes, es mucho más que nieve. En verano, se convierte en un paraíso para olvidarse de los negocios y disfrutar del aire fresco.

Una bocanada de oxígeno

Las caminatas por los senderos cercanos permiten admirar, desde la llegada, los grandes pinos y una que otra marmota, aunque algunos prefieren “curar” el jetlag en un bar de oxígeno, antes de iniciar la aventura.

Las sesiones de oxígeno se recomiendan para reducir la fatiga ocasionada por el viaje, el trabajo o la altura, a través de la inhalación de aire con 90% de oxígeno, mezclado con aromaterapia. La altura a la que se encuentra Breckenridge (2,926 metros) hace que los locales de la avenida principal, Main Street, que ofrecen este servicio, tengan clientes todo el tiempo.

Destino con personalidad

La calidez de la gente y su orgullo por ser parte de la ciudad se siente en las casi 200 tiendas y restaurantes donde, a diferencia de otras ciudades en Estados Unidos, la mayoría de los productos que se comercializan son “made in Breck”. Los escaparates muestran ropa, souvenirs y artículos para montaña, mientras los negocios de comida ofrecen desde una crepa de S’mores en un food truck, hasta platillos “salvajes” hechos con carne de conejo, búfalo y uapití o ciervo canadiense.

La historia de Breckenridge lo distingue de otros destinos de esquí que existen en Estados Unidos. El distrito histórico y el artístico guardan historias sobre fantasmas, amoríos y aventureros en busca de oro. La mayoría de las calles conserva la arquitectura del siglo XIX.

El oro de las minas dejó mucho lujo a su paso, reflejado en el valor de venta de algunas casas, que en ciertos casos supera los 10 millones de dólares.

Para los visitantes es distinto, ya que hay diferentes alojamientos en hoteles y Airbnb desde 2,500 pesos por noche. Los viajeros de negocios pueden olvidarse de la corbata al llegar a Breck. Los

restaurantes y lugares de ocio tienen una etiqueta relajada que brinda comodidad desde el primer momento, que se puede complementar con una sesión de board yoga en Meta Yoga, un recorrido en fat bike o una dosis de adrenalina en el tour de tirolesas.

El Zipline tour permite recorrer ocho tirolesas y un puente colgante a más de 3,000 metros de altura sobre el nivel del mar, que retan al cuerpo en cada torre, pero lo recompensan con la vista espectacular de los pinos nevados.

Los días de verano se aprecian mejor desde las alturas, pero un poco más abajo, una cerveza artesanal, una copa de bourbon o ginebra destilada en Breckenridge cierran con broche de oro las

fotografías para Instagram y las postales en la memoria que hacen mágicas las tardes fuera de la oficina.

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