América-Europa; occidente-oriente; distopía-utopía. Bajo la óptica de Horst Hörtner, director senior de Ars Electronica Futurelab, estas formas de ver el mundo han marcado también una dicotomía del desarrollo tecnológico y la configuración de las sociedades.

Normalmente estamos el enfoque europeo frente al enfoque americano. El enfoque europeo es que puedas hacer todo mientras demuestre que es seguro. El acercamiento americano es que puedas hacer todo mientras no se demuestre que es inseguro, y creo que eso es lo que no debemos hacer. Confío en el concepto europeo de que primero demuestras que es seguro y después lo utilices, no viceversa. Y creo también que es la manera éticamente correcta de acercarse al futuro , dice en una entrevista concedida a El Economista.

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Ars Electronica Futurelab es un espacio fundado en 1996 con sede en Linz, Austria, dedicado al pensamiento y diseño del futuro de la tecnología y la sociedad para los próximos 10 a 20 años. Ahí han trabajado con tecnologías como robótica, realidad virtual, inteligencia artificial o vehículos autónomos incluyendo carros y drones, y desarrollado investigación junto con firmas como Honda o Mercedes-Benz.

Entre sus iniciativas, han sacado las tecnologías a las calles con espacios para llevar la realidad virtual al público, el mapeo de su propio ADN e instalaciones artísticas con drones. Con el proyecto Drone 100, realizado junto con Intel, iluminó el cielo al poner a volar simultáneamente un centenar de drones equipados con luces LED, y que le valió un récord Guinness.

El laboratorio, asegura Hörtner, nunca trabajará con las fuerzas militares. La razón: la investigación y el desarrollo lo hacen en secreto y eso genera miedo y aversión en la sociedad hacia las nuevas tecnologías. El experto es partidario en llevar el conocimiento y la investigación al público, que la gente esté en contacto con ellos y que pueda inspirar a nuevos desarrollos. De esta forma, empoderar a la misma sociedad en la toma de decisiones desde el futuro de tecnologías como los drones hasta la evolución misma de las ciudades y la civilización.

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Vale entonces preguntar: ¿Quién definirá el enfoque a seguir para que la sociedad configure su futuro en convivencia con la tecnología? Hörtner lo tiene claro: no serán las empresas que hacen cabildeo en Parlamentos ni los políticos que tienen en la mira otras metas excepto desarrollo de la sociedad.

No podemos delegar esto a los políticos. Ya lo hemos hecho antes con la energía nuclear y mira lo que resultó, un desastre atómico. Nosotros, como sociedad, tenemos que estar informados y necesitamos estar dispuestos a recibir esta información. Nosotros, como investigadores que actuamos en campo, necesitamos mostrar a la sociedad y al público lo que puede hacerse y lo que ellos pueden elegir , asegura.

Han trabajado con automotrices y sistemas autónomos. ¿Cuándo podremos ver carros autónomos en las calles de las ciudades?

Pronto. Jaguar, en el 2014, anunció que iban a poner en su línea de producción un sistema de navegación guiada a través de un automóvil virtual (Ghost Car o Auto fantasma). Esto fue hace un año así que debería estar pronto en el mercado. Y trabajando con Mercedes-Benz, hemos discutido estructuras relativas a vehículos autónomos. No será: aquí está el carro autónomo, pónganlo en la calle sino que serán todos los sistemas que ya están en los automóviles como los de control que tienen Ford, o sistemas de detección y evasión de obstáculos que tienen los Mercedes. Hoy tenemos una funcionalidad, mañana tendremos otra y pasado mañana otra, y en esta evolución, calculo que en unos cinco años ya tendremos un vehículo autónomo en las calles.

Ustedes investigan la relación de la tecnología con la gente. ¿Cuáles son los desafíos de los carros autónomos para integrarse en la vida cotidiana de las personas?

Existen muchas preguntas que aún no están resueltas, no sólo relacionadas con aspectos legales, sino conceptuales que empiezan con el diseño. Si vamos al espacio público y probamos máquinas autónomas, nosotros ya no tenemos el control. Imagina que vas en la calle y ves a un automóvil que viene. ¿Qué sucede? Miras a los ojos del conductor y en un segundo sabes si te va a dejar cruzar la calle. ¿Pero qué pasa si no hay conductor, si no tienes un contacto humano para comunicarte? Si esta es una máquina autónoma, necesitas tener un poco de confianza y canales de comunicación con el vehículo.

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Esto no aplica sólo para carros sino para drones y para todos los vehículos autónomos que conocemos. Y es lo mismo para todo el ambiente del Internet de las cosas. Las computadoras nos están forzando a no controlar directamente nuestro ambiente. El gran desafío que yo veo es que esas máquinas son muy buenas en entendernos e incluso pueden leer tu expresión facial y saben más de ti que tú mismo, pero somos nosotros quienes no entendemos esas máquinas. Yo necesito tener información básica para entender y confiar en la máquina y tan pronto la tengamos, podremos crear todo tipo de canales de comunicación y visualización.

¿Cómo confiar en la tecnología cuando tenemos narrativas de drones asesinos o incluso la idea de Skynet y la revolución de las máquinas?

Hay una gran diferencia entre la cultura de occidente y la oriental. En occidente, no sé por qué, crecemos en la distopía y tenemos miedo a todo lo que no conocemos. En Japón y la cultura oriental creen que hay un alma en cada ser vivo y en cada objeto, y su acercamiento conceptual con lo desconocido no es la distopía sino la utopía: están dispuestos a crear e interactuar con las máquinas. Por ejemplo, ya están diseñando robots para el cuidado de gente mayor y para la civilización de occidente es difícil de entender, aunque yo sí veo un beneficio de ello.

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No estoy diciendo que debemos confiar en toda la tecnología, yo no lo hago. Pero nosotros, como sociedad, necesitamos estar a cargo de la toma de decisiones; como sociedad, somos responsables del futuro y necesitamos entender los criterios éticos que queremos permitir como sociedad. Por ejemplo, queremos que los drones hagan ciertas cosas y otras no y es nuestra responsabilidad como sociedad que esto pase. Y por eso es muy importante para nosotros el trabajar con drones, para utilizarlos como sociedad civil para hacer el bien y divertirnos, y nosotros nunca trabajaremos con la milicia. Lo que realmente queremos es abrir la discusión a criterios éticos para esta y otras tecnologías.

La sociedad aún parece actuar a partir del miedo...

Eso sólo prueba que nuestros sistemas educativos apestan. Por más de 100 años nuestras escuelas han sido las mismas y con las viejas estructuras que han sido construidas para la sociedad industrializada. Ahora que estamos en la sociedad de la información, es tiempo de pensar cómo vamos a rediseñar los sistemas educativos. Tenemos que pensar globalmente, multidisciplinariamente pero nunca nos enseñan eso. Cuando comenzamos de niños, tenemos una hora de Matemáticas, una hora de lectura y otra hora de escritura, dividimos todo y cuando vamos a la Universidad tenemos cursos con disciplinas que no se enlazan. Sabemos que los mayores desafíos como el calentamiento global o los flujos migratorios no tienen una única respuesta. Habrá soluciones que vengan de diferentes disciplinas, y por ello necesitamos tener actividades en todos los campos: humanidades, ciencias tecnológicas, Medicina, y todas trabajar juntas para llegar a una solución.

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Necesitamos informar a la gente, y que sea información multidisciplinaria y no sólo números falsos. Necesitamos educar a la sociedad y trabajar en ello porque esa es la única posibilidad de superar el miedo.

¿Qué pasa cuando la industria, sobre todo la de tecnología, se involucra en los sistemas educativos para hacernos usuarios de sus sistemas y no creadores?

Eso no es un acercamiento correcto. Necesitamos que el desarrollo tecnológico se acerque más al escenario maker , con software y hardware libre más que en escenario industrial.Las compañías tienen un enorme cabildeo y la clase política actual tiene un enorme interés de mantenerlo, y por eso te digo que nosotros, como sociedad, somos responsables de nuestro futuro y no ellos. Necesitamos tener más iniciativas donde la gente de las calles y las familias tengan acceso a la tecnología más innovadora ahora mismo, que interactúen con ella y encuentren soluciones para sus propios problemas. Necesitamos repensar las instituciones educativas.

¿Estamos frente a un futuro sombrío? ¿Lo estamos haciendo mal?

Para encontrar si algo es bueno o malo, debes tener otras opiniones, debes invitar a la gente para que decidan y quizás regresen con otra idea, quizás una mejor idea, y es lo que queremos lograr. Todos los activistas, jóvenes, emprendedores, artistas interactuando entre ellos para acercar al público y mostrarles los lados buenos y las amenazas peligrosas que existen. Ya sea el cambio climático o Donald Trump, pese a estas amenazas, existe la esperanza.

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Hay curiosidad, compromiso, existe una utopía en marcha porque nuestra sociedad está sufriendo por la falta de esperanza y es algo que podemos proveer. Desde este punto de vista, debemos dejar de hacer laboratorios abiertos porque, con esa idea, esperamos que la gente acuda a ellos. Debemos dar un giro y hacer que los laboratorios salgan a ellos, al público, donde todo sea tocable, visible y que no esté escondido. Es allá afuera, en las calles, en los espacios públicos donde debemos voltear ahora.

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