El comercio electrónico en México ha sido una promesa apenas cumplida. Entre el 2014 y el 2015, el sector creció 59%, una tasa que se vio beneficiada principalmente por los servicios digitales, como Uber, Airbnb o la venta de boletos en línea, que en otros países no se integran a las mediciones. Cierto, es un crecimiento a doble dígito, pero los expertos coinciden: el comercio electrónico en México puede ofrecer un mejor desempeño. Se trata de robustecer al comercio minorista con mayor oferta y mejores oportunidades para los consumidores y no de incluir en las cifras de industria servicios de transporte, hotelería o boletos a espectáculos.

Los desafíos habituales siguen ahí: la baja penetración de los servicios financieros, el acceso a las tecnologías y la confianza de los usuarios. Y aunque las compañías hacen esfuerzos por reducir la brecha, el comercio electrónico sigue sin satisfacer a cabalidad. Faltan jugadores y faltan referentes nacionales que ofrezcan una experiencia de calidad que invite a seguir comprando y seduzca a nuevos usuarios a consumir.

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Los actores de la industria ven oportunidades. El 2016 marcó el primer año de operaciones de Amazon en México; se intensificaron las promociones en línea, y para retailers como MercadoLibre el país mantuvo el estatus de gran fuente de ingresos.

Falta mucho por hacer. Pero principalmente falta que la promesa se cumpla y el comercio electrónico deje de ser el sector emergente para convertirse en una realidad que cubra las necesidades de consumidores y de la industria.

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