Los daños económicos provocados por catástrofes causadas por la naturaleza y siniestros antropógenos —el impacto del humano sobre el medio ambiente— ascendieron a 165,000 millones de dólares, de los cuales 51% estaba asegurado, de acuerdo con un reporte de Swiss Re Institute.

En su Informe Sigma 2019 sobre desastres naturales y su impacto económico, señaló que las aseguradoras pagaron el año pasado 85,000 millones de dólares a nivel mundial por este tipo de siniestros.

“El seguro cubrió 85,000 millones de dólares de dichos daños, el cuarto pago más alto en un año realizado por el sector y por encima del promedio anual de los 10 años anteriores, de 71,000 millones de dólares”, explicó.

No obstante, destacó que el pago de los seguros disminuyó desde los 150,000 millones de dólares del 2017, pese a tener 304 catástrofes registradas, la misma cifra que el año previo. De éstas, 181 fueron catástrofes naturales y 123 siniestros antropógenos.

Asimismo, el daño económico total por los desastres resultó muy menor al que se registró en el 2017, de 350,000 millones de dólares.

“El menor volumen de daños del último año refleja la ausencia de eventos de gran magnitud. Los daños causados por catástrofes en el 2018 supusieron 0.19% del Producto Interno Bruto global, por debajo del promedio de 10 años de 0.28%”, precisó el estudio.

De acuerdo con Swiss Re, el año pasado el desastre más costoso fue el incendio en Camp Fire en California. Las llamas ocasionaron daños asegurados por 12,000 millones de dólares, con lo que se convirtió en el siniestro más caro para las aseguradoras.

Fenómenos secundarios pasan a primer plano

El Swiss Re Institute también reveló que los fenómenos secundarios pasaron a un primer plano. De los 85,000 millones de pesos que desembolsaron las aseguradoras por catástrofes, más de la mitad de estos tuvieron su origen en fenómenos secundarios.

En total, 62% de las reclamaciones relacionadas a catástrofes naturales fue resultado de daños infligidos por riesgos secundarios. Para el 2019, Swiss Re prevé un aumento de los daños ocasionados por los riesgos secundarios, ello debido al número cada vez mayor de activos en áreas expuestas a condiciones climáticas más extremas.

“Creemos que esta tendencia continuará dada la constante urbanización, el aumento de la concentración de activos en áreas expuestas y las previsiones de cambio climático a largo plazo. El mundo se está calentando y esto conlleva una mayor frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos y de riesgos secundarios, como sequías e incendios forestales, y efectos secundarios asociados a riesgos primarios, como lluvias torrenciales e inundaciones provocadas por marejadas ciclónicas”, añadió.

Los riesgos secundarios son aquellos que reciben poca supervisión por parte del sector asegurador, como inundaciones repentinas, tormentas eléctricas, lluvias, entre otros, mientras que los riesgos primarios son aquellos con potencial de daños graves y que son altamente supervisados.

“Dada la inexistencia de una definición formal, la práctica del sector ha sido considerar los riesgos secundarios como eventos de alta frecuencia y como eventos de daños de gravedad baja a media. Los riesgos secundarios pueden suceder de modo independiente, como inundaciones fluviales, inundaciones repentinas, tormentas eléctricas nieve y tormentas de hielo, sequía y oleadas de incendios forestales”, precisó.