La posibilidad de un Brexit duro gana fuerza y ha puesto en situación de alerta al sector bancario español, pese a que los líderes políticos apuran los plazos hasta el último momento. Especialmente a Santander, que capta en Reino Unido un 13% del beneficio, y Sabadell, propietario desde 2014 del banco inglés TSB.

Ambos tienen preparados planes de contingencia para todos los escenarios, incluido el peor, aquel en el que Reino Unido dejaría la Unión Europea (UE) el 31 de octubre sin acuerdo. Es decir, sin el periodo de transición de dos años diseñado por Londres y Bruselas, lo que obligaría a Reino Unido a introducir barreras arancelarias y adaptarse sobre la marcha a una nueva realidad.

Su negocio allí es puramente dirigido a familias y empresas, así que el impacto vendría derivado de la caída de la actividad económica y de la demanda de crédito, así como de una depreciación de la libra, que ya ha perdido un 16% de su valor frente al euro desde el referéndum de 2016 y un 2.2% desde que Boris Johnson fue elegido primer ministro británico.

En su último informe financiero, Santander admite que un Brexit duro podría tener "efectos adversos materiales" en su acceso a capital y liquidez "en condiciones aceptables". También reconoce que puede tener "repercusiones significativas" en operaciones, rentabilidad y negocio.

Medidas

Reino Unido sigue siendo un puntal para el grupo. Se trata del tercer país que más resultados aporta (1,362 millones el año pasado). No obstante, Ana Botín ha dejado de invertir tantos recursos como tiempo atrás en esta filial por los riesgos latentes actuales.

Fue muy sintomático que en enero el grupo renunciara a realizar una oferta para quedarse con una parte del negocio de pymes de RBS, algo que le hubiera permitido dar un salto importante en banca corporativa. Santander alegó que la "descoordinación regulatoria y la incertidumbre económica y política" aconseja una estrategia de crecimiento más calmada. Especialmente en el segmento del crédito a empresas, que es muy intensivo en capital.

Para minimizar el impacto del Brexit, Santander acordó en 2018 trasladar su división de banca de inversión de Londres a Madrid y ahora depende de la cabecera del grupo.

Además, Santander está rebajando costes de estructura en Santander UK, dentro de una oleada general de ajustes en todos los países europeos en los que opera. A principios de año anunció un recorte del 20% de su red de sucursales, que afectará a 1,270 empleados, el 3.5% de su plantilla.

Sabadell

El banco catalán, por su parte, se enfrenta al riesgo de que un Brexit duro estropee sus planes para extraer valor de la compra de TSB, ahora que ya ha dejado atrás los problemas ocasionados por la compleja migración tecnológica realizada el año pasado, que causó un sobrecoste de 321 millones de euros en las cuentas de 2018. El objetivo es que Reino Unido aporte un 20% del beneficio del grupo en 2021, pero eso puede quedar en el aire si hay una salida desordenada. Actualmente el banco inglés está en pérdidas.

En su memoria semestral, Sabadell admite que si Reino Unido abandona la UE en octubre sin acuerdo se produciría "una importante caída del comercio exterior para Reino Unido" y que la economía entraría en recesión en 2020.

En el primer trimestre de 2019, el PIB creció un 0.5%, pero se contrajo un 0.2% en el segundo. El grupo confía en que las autoridades europeas y británicas acaben adoptando decisiones pragmáticas para evitar disrupciones sistémicas en la operativa financiera, según recoge la memoria.

Alantra advierte en un informe reciente que TSB, que es un banco básicamente hipotecario, es vulnerable a una caída brusca de precios del sector de la vivienda, aunque resalta que la base de capital es "sólida".

Para Gonzalo Lardiés, gestor de A&G Banca Privada, el Brexit es una más de los muchos amenzas que tiene el sector bancario. "Es un riesgo latente que no está recogido al 100% en la cotización, pero no constituye un motivo en sí mismo para no invertir en bancos", explica.