Las estimaciones de consenso, recopiladas por FactSet, sitúan el beneficio anual del principal grupo bancario español en 3,909 millones, lo que supondría una caída de 26.9% frente a 2011. Las estimaciones de Bloomberg son muy parecidas: 3,899 millones de ganancias. Sin embargo, los analistas consultados por Reuters son más pesimistas, y apuntan a que el beneficio de Santander haya caído hasta los 2,481 millones.

Las multimillonarias provisiones que la entidad tuvo que realizar en España para cumplir con los dos Reales Decretos sobre el saneamiento del ladrillo son las principales responsables de la caída de los resultados. Hasta septiembre, el banco que preside Emilio Botín había dotado ya 90% de estas provisiones, restando al resultado 3,475 millones netos (5,010 millones brutos).

Sin embargo, la cuenta también se está viendo afectada por las ventas que Santander realizó a lo largo del último año. Hasta el tercer trimestre, el grupo atribuía al cambio de perímetro un efecto negativo de hasta siete puntos en el resultado, al neto entre la aportación positiva de las nuevas adquisiciones y las ventas.

El resultado será el peor que el banco haya presentado en los últimos ocho años: hay que volver a 2004, antes de que el grupo incorporara a sus cuentas el británico Abbey National, para ver una cifra inferior (3,606 millones). Sin embargo, las ganancias deberían haber tocado fondo el año pasado. Las previsiones para este ejercicio apuntan a que el mayor banco español sitúa su beneficio en el entorno de los 6,400 millones.

BANESTO Y BANCO MALO

Más allá de la cuenta, la atención se centrará en lo que el presidente, Emilio Botín, comente sobre la participación de Santander en la Sareb. El banco fue el inversionista privado que más dinero aportó al banco malo, con un desembolso inicial de 164 millones. Hay curiosidad por saber si Botín expresará su opinión sobre la decisión de su principal competidor, BBVA, que es el único banco sano que se ha negado a entrar en el banco malo.