Con la llegada del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, en 1994, nació el Banco de Desarrollo de América del Norte (Nadbank), creado con la finalidad de financiar la infraestructura ambiental a lo largo de los 3,169 kilómetros de frontera entre México y Estados Unidos. A 25 años de su creación, especialistas indicaron que es necesario que este organismo comience a apoyar proyectos de infraestructura financiera para potencializar las remesas.

Durante el foro Más Allá del T-MEC, una Visión de Integración y Desarrollo para América del Norte, especialistas coincidieron en que el Nadbank, que cuenta con capital tanto de México como de Estados Unidos, tenga una visión no sólo enfocada en la frontera, sino también en las comunidades expulsoras de migrantes del país, para apoyar verdaderamente una integración entre ambos países.

“Nadbank puede invertir en infraestructura, como es su mandato, pero en infraestructura financiera con instituciones de ahorro y crédito popular locales (...) Esto puede ser una herramienta poderosa que contribuya con las políticas públicas, que le dé poder a los migrantes, sus comunidades y sus lugares de origen”, explicó Isabel Cruz Hernández, directora general de la Asociación Mexicana de Uniones de Crédito del Sector Social (AMUCSS).

Para Raúl Hinojosa, académico de la Universidad de California en los Ángeles y experto en temas migratorios, el Nadbank, aunque se ha concentrado en proyectos de la frontera, durante sus 25 años de vida también ha apoyado programas, específicamente en Estados Unidos, en comunidades que han tenido problemas por los desajustes económicos, por lo que dicho actuar lo debe ampliar para el beneficio del lado mexicano.

“Nadbank, con el programa que se creó en Estados Unidos, pudo obtener un gran impacto en esas comunidades (...) En México, por ley, se tenía que haber creado un programa de ajuste y de inversión para comunidades de lado mexicano que fueron afectadas por la integración económica, pero nunca se hizo”, explicó Hinojosa durante el foro que se llevó a cabo en el Senado de la República.

Cruz Hernández detalló que las remesas, que este año podrían alcanzar la cifra cercana a 40,000 millones de dólares en México, pueden apoyar el desarrollo de las comunidades a las que llegan, pero para eso el Nadbank debe invertir en programas de infraestructura financiera y tecnológica para hacer llegar servicios financieros en esas localidades.

“Tenemos un mercado impresionante de remesas, pero llegan y se cobran en efectivo. No más de 5%, de los 32,000 millones de dólares que llegan al país por remesas al año, pasa por el sistema financiero”, explicó la directora general de AMUCSS, y añadió que si las remesas se bancarizan se crea una base para que el ahorro que se genere se pueda destinar a financiamiento.

“Se generaría un consumo diferido y una base monetaria con la cual estas instituciones pueden hacer préstamos para el desarrollo local”, detalló.

Se necesita más capitalización

Durante su intervención, Calixto Mateos, director general interino del Nadbank, indicó que una parte del financiamiento que otorga el organismo podría irse a desarrollar proyectos para potencializar las remesas en los lugares donde llega. Sin embargo, primero tiene que haber una nueva capitalización, del orden de 400 millones de dólares, tanto del gobierno de Estados Unidos como de México, para que esto suceda.

“Efectivamente, el banco está en un proceso de incremento de capital y se ha considerado tener más capital para detonar más proyectos, y 10% (de 400 millones de dólares del nuevo capital) se destinaría al programa de ajuste a las comunidades, donde no se está limitado por territorios geográficos ni temas ambientales”, detalló Mateos.

Según el director del Nadbank, en la actualidad el banco cuenta con un capital de poco más de 400 millones de dólares, aportado por Estados Unidos y México, de los cuales 10% se ha destinado para apoyo a comunidades de ambos países.