La demanda, que asciende a unos 100 millones de euros, según fuentes próximas al banquero, habría sido enviada ya a Santander a través del bufete español De Carlos Remón, especializado en litigios complejos.

El paso de Orcel fue una sorpresa entre los banqueros de la City. Muchos pensaban que la buena relación entre Ana Botín y Orcel —se conocen desde hace más de 20 años— iba a permitir llegar a un acuerdo antes de ir a tribunales.

Se desconoce si la demanda ya fue presentada ante un juzgado o ambas partes están negociando un acuerdo, aunque fuentes financieras indican que no se publicará hasta que Santander revise el contenido y tome una decisión.

Orcel solicita el pago de 100 millones de euros por ruptura de contrato o bien que Santander le contrate como consejero delegado, tal y como había prometido.

Santander anunció en septiembre el fichaje de Orcel como consejero delegado de todo el grupo. Sin embargo, en enero dio marcha atrás y canceló su incorporación, aludiendo el alto costo que hubiera supuesto su contratación.

El banco había prometido a Orcel un salario de 50 millones de euros el primer año en retribuciones variables pendientes de cobro que se habían generado en UBS. “Teníamos razones para hacer la oferta. Finalmente, cuando supimos el importe íntegro de la contratación, consideramos que no era asumible, sobre todo ante las responsabilidades que tenemos con nuestros accionistas, empleados y la sociedad en general”, aseguró en su momento Ana Botín, presidenta del banco.

A pesar de que ésta ha sido siempre la versión oficial del banco, otras fuentes sugieren que otra causa de peso en la decisión de romper el contrato fueron las tensas relaciones que empezaron a surgir entre Botín y Orcel nada más empezar a trabajar juntos. “Los dos querían tener protagonismo y un perfil público muy alto. Esto dio problemas desde el principio”, aseguró un banquero que conoce la relación entre ambos.

Cuando se dio a conocer el nombramiento de Orcel, el banquero ya había dejado UBS y se encontraba en el periodo conocido en el mundo financiero como gardening leave. Al rescindirse el contrato, Orcel se quedó sin trabajo y con dificultades para reincorporarse a otro gran banco, sobre todo teniendo pendiente un posible litigio.

En una entrevista reciente con el FT, Orcel aseguró que no incorporarse a Santander “había sido una gran decepción”, y aseguró que no era una persona “que deja pasar las cosas” cuando cree que no se han hecho bien, en clara alusión a lo que el banco español había hecho con él.