Andrea Orcel, el directivo italiano que fue fichado para ser consejero delegado de Santander, pero nunca llegó a ocupar el puesto, había acordado un paquete salarial de 52 millones de euros con el banco español, según información a la que ha tenido acceso EXPANSIÓN.

Según la carta formal de cuatro páginas firmada entre ambas partes en septiembre de 2018, el paquete iba a dividirse en 10 millones de salario anual; 17 millones como remuneración de bienvenida; y 35 millones en acciones del banco, tal y como avanzó este diario el pasado sábado.

La cantidad se acercaba a los 50 millones de euros que se calcula que Orcel tenía pendiente de cobro en UBS tras trabajar siete años en el banco suizo. El italiano, en aquel momento consejero delegado de la división de banca de inversión de UBS, con sede en Londres, iba a perder esa compensación diferida si se iba a un banco de la competencia. Pero Santander estaba dispuesto a igualar esa cantidad para que el ejecutivo se mudara a Madrid.

Los diez millones anuales que Orcel se disponía a cobrar estaban basados en un salario base de 2.9 millones de euros; 5.35 millones de bonus; 829,000 en concepto de pensión; y 921,000 en otros beneficios.

Orcel presentó el pasado mes de mayo una demanda de 100 millones de euros contra Santander porque, a pesar de tener una carta firmada y aprobada por el consejo con estas condiciones, el banco dio marcha atrás y anunció en enero de 2019 que no iba a contratar al directivo porque el coste era demasiado alto.

La existencia de un contrato en septiembre acordando el monumental salario del italiano siembra dudas sobre la versión oficial del banco, que aseguró que "el coste de compensación de Andrea Orcel por su remuneración diferida es una suma muy por encima de las expectativas originales de consejo". La versión más extendida es que, una vez acordado el fichaje, Ana Botín, presidenta del banco, tuvo dudas sobre la decisión tomada y decidió echarse atrás.

Por entonces, enero de 2019, Orcel estaba en gardening leave, como se conoce al periodo en el que un directivo ha anunciado que deja su puesto, pero no puede trabajar para la competencia y sigue vinculado a su anterior empresa.

En estos momentos, Orcel está oficialmente sin trabajo. Como nunca llegó a unirse a otro banco competidor, todavía puede cobrar los 50 millones de UBS. Fuentes cercanas al banco suizo aseguran que "si un ejecutivo reúne las condiciones para recibir su compensación, y no se une a otra institución financiera, no hay razón para que esta persona no reciba su dinero a lo largo del periodo estipulado".

Sin embargo, Orcel considera que es Santander quien debe pagar la factura "para preservar su honor", señala una persona que le conoce. Orcel, de 56 años de edad, aseguró en una entrevista hace unos meses que se sentía "muy decepcionado" por la situación creada con Santander. También indicó que no es una persona "que deja las cosas pasar", en alusión a su intención de querellarse contra la entidad española.

Además, de la honorabilidad, algo que cualquier banquero considera clave en su carrera profesional, hay otro motivo para que Orcel pelee en los juzgados de Plaza de Castilla.

Si el banco español paga lo que Orcel pide, el italiano será libre y podrá volver a trabajar en el sector. Si Santander logra convencer al juez de que el contrato no era firme y de que no tiene obligación de pagarle nada, Orcel podrá cobrar los 50 millones de UBS, aunque esto suponga una "jaula de oro" que le impida trabajar en otro gran banco durante el resto de su carrera.